El dólar ya rompió, en algunos momentos, la barrera de los 17 pesos. Para muchos, la noticia se presenta como una señal de fortaleza: el peso está fuerte.... ¿Fuerte para quién?

Con un dólar cercano o incluso por debajo de los 17 pesos, al consumidor mexicano le resulta más atractivo comprar en Estados Unidos, el mismo ingreso en pesos compra más dólares y, por lo tanto, más productos del otro lado. El resultado es sencillo: parte del consumo y de la derrama económica cruza la frontera, los puentes llenos no son solamente tráfico, también son dinero que está cambiando de mercado.

Del lado contrario ocurre exactamente el fenómeno inverso, el residente estadounidense que antes cambiaba 100 dólares y recibía 1,900 o 2,000 pesos, hoy recibe alrededor de 1,700. Para consumir lo mismo en restaurantes, servicios médicos, entretenimiento o comercio mexicano necesita gastar más dólares. Eso reduce uno de los atractivos económicos tradicionales de nuestras ciudades fronterizas. También están las remesas, una familia que recibe 500 dólares continúa recibiendo 500 dólares, pero al convertirlos obtiene menos pesos. El ingreso en dólares no cambió; su capacidad de compra en México sí.

¿Y qué pasa con la industria? Para una maquiladora cuyos recursos llegan principalmente en dólares pero cuya nómina, impuestos y buena parte de sus gastos operativos se pagan en pesos, la apreciación del peso significa necesitar más dólares para cubrir exactamente la misma obligación en moneda nacional. No necesariamente vende menos, no necesariamente produce menos; simplemente le cuesta más dólares operar en México. En una región cuya competitividad depende en buena medida de la manufactura de exportación, y que se ha perdido mucho empleo en este rubro, eso no debería tratarse como un asunto menor.

Por supuesto que existen ganadores, las empresas que importan maquinaria, materias primas, componentes o mercancías denominadas en dólares pueden comprar más con la misma cantidad de pesos. También beneficia a mexicanos que viajan, estudian, compran o tienen obligaciones en Estados Unidos.

El problema comienza cuando pretendemos convertir ese beneficio particular en una conclusión general: peso fuerte igual a economía fuerte, no necesariamente. El valor de una moneda depende de muchos factores: tasas de interés, expectativas de los inversionistas, flujos internacionales de capital, condiciones económicas de Estados Unidos, percepción de riesgo y política monetaria, entre otros.

México ha mantenido durante años tasas relativamente atractivas para capitales internacionales. Ese diferencial ha favorecido operaciones conocidas como carry trade: inversionistas que buscan obtener rendimiento colocando recursos en monedas que pagan tasas superiores, eso genera demanda por pesos y contribuye a su apreciación, es perfectamente válido. Pero una entrada de capital financiero no debe confundirse automáticamente con una nueva fábrica, mejores salarios, mayor productividad o crecimiento económico.

Podemos tener un peso apreciado y simultáneamente enfrentar bajo crecimiento, presión sobre determinados sectores industriales y una enorme incertidumbre comercial; por eso tampoco se trata de pedir artificialmente un dólar caro. Un dólar demasiado alto también tiene consecuencias: encarece importaciones, maquinaria, tecnología, combustibles, insumos y puede generar presiones inflacionarias.

Entonces, ¿a cuánto debería estar el dólar?, no existe un número mágico de 17, 18, 19 o 20 pesos que beneficie a todos. ¿Cuál es el tipo de cambio que refleja los fundamentos de nuestra economía y permite mantener competitividad sin castigar el poder adquisitivo? ¿Quién está midiendo el impacto regional de un peso tan apreciado? México no vive el tipo de cambio de manera uniforme, una familia del centro del país, una empresa importadora, un exportador de Chihuahua, una maquiladora de Ciudad Acuña y un restaurante que depende del consumidor de Texas pueden experimentar de manera completamente distinta el mismo dólar de 17 pesos.

Concluyo diciendo que las fronteras tenemos una economía dolarizada, aquí el dólar no es una referencia lejana: forma parte de nuestra vida económica diaria. Por eso celebrar automáticamente cada centavo que baja el dólar resulta tan simplista como celebrar cuando sube, una moneda fuerte no sustituye a una economía fuerte, una economía fuerte se demuestra con productividad, inversión productiva, empleo formal, empresas competitivas, infraestructura, crecimiento sostenido y mejores ingresos para las familias. El tipo de cambio es una consecuencia de muchas variables, no puede convertirse en una propaganda de los políticos.