Hola buenas tardes mis queridos lectores deseo que se encuentren bien en estos tiempos de cambios radicales. Hoy que vivimos tiempos turbulentos yo me pregunto si todos estos cambios impulsados por Estados Unidos son “parafraseando a Paquita la del barrio”, por coraje, por capricho o por placer.

Digo cambios radicales porque hay cosas que cambian por necesidad, otra por precaución, hay cosas que cambian por capricho, y otras nomás por puro gusto. ¿Qué está haciendo entonces el gobierno estadounidense? Está haciendo algo que no solemos hacer. Está tratando de regresar a su país algo que nunca debió dejar ir: la producción.

Estamos acostumbrados a que las cosas se queden como están. Llegaron los inmigrantes y nos pusieron vallas cercas con púas en los puentes. Se acabaron los inmigrantes y las púas y las bayas ahí están estorbando a los carros que cruzan diariamente, haciendo cuello de botella en los puentes internacionales.

En el camino que va al cruce de San Jerónimo pasando por las compuertas un grupo de jóvenes se pusieron con una pala a emparejar el camino por las lluvias que se hicieron los baches, y ¿qué creen? pues ya se quedaron permanentes. Cada vez que paso para ir a la Aduana de Santa Teresa ahí están con su pala pidiendo un apoyo para los refrescos.

Y así hay un sin número de cosas que se cambian por una necesidad, pero cuando se corrige esa necesidad las cosas ya no regresan a su punto de origen simplemente por costumbre.

Así le pasó a nuestra economía. Un día, llegó la maquiladora y nuestra industria mexicana desapareció. Luego las pocas empresas industriales mexicanas que le surtían insumos a la maquila terminaron de desaparecer cuando muchas plantas se fueron a China o empezaron a traer insumos de allá.

Y así se fueron quedando las cosas. México y Estados Unidos fueron perdiendo su capacidad industrial a causa del boom de Asia y nadie hizo nada, sin saber todo el daño económico que se estaba generando al dejar de producir.

Dijo un ex presidente de la Coparmex en una charla: el hombre se hace animal de costumbres y pues realmente sí, pasan los años y empiezas a hacerte necio, terco y dejas de analizar, reflexionar y corregir las cosas para dejarlas como estaban.

Desafortunadamente las generaciones más jóvenes también están así: no reflexionan, no analizan su entorno, no ven las fallas, no corrigen y no hacen las cosas. Si les pides una reflexión o un cambio radical es muy posible que hasta golpeado salgas porque así están impuestos a hacer las cosas y no quieren cambiar.

Creo que así estamos todos con el tema de nuestra industria. Ahora que llegó esta sacudida con la guerra arancelaria y la intención de Estados Unidos de repatriar la industria, muchos no entendemos lo que está pasando.

Estados Unidos quiere arreglar algo que se descompuso cuando permitimos que se fuera la maquiladora a China a fabricar más barato. Necesitamos entender que estos cambios no son por capricho, por coraje, o por placer, como dice Paquita.

La estrategia de Estados Unidos está pensada para volver a producir y ser rico, y México, en particular Juárez, puede salir beneficiado si dejamos de comportarnos como el viejito cascarrabias que no quiere cambiar las cosas o el joven aferrado que no reflexiona porqué hace las cosas de cierta forma y que no quiere hacerlas de otro modo.

Ahorita necesitamos unirnos empresarios y gobierno para hacerle frente a todos estos cambios económicos globales que podrían resultar para bien, si logramos ponernos de acuerdo y desarrollar industria mexicana otra vez.

Esta vez no saqué mi caja de lápices de madera. Anduvimos haciendo unos cambios en la oficina y se extravió esa caja, así es que si ven alguna escritura extraña o rara fue que le dicté a la tableta y me evité la fatiga de escribir.

Espero que esto no se haga costumbre y regrese yo a usar mis lápices de madera. No quiero que por la necesidad que tuve un día de usar el dictado automático eso se convierta en una costumbre y termine siendo un capricho por la flojera de no escribir a mano.

Y aquí los invito a una reflexión que nos aplica a todos en la vida cotidiana: observen su pasado y luego volteen a ver su presente. Observen qué cosas hacen diferente ahora. ¿Por qué? ¿Es una necesidad o es un capricho? Nos vemos en 15 días mis estimados lectores.