La mayoría de los juarenses que circulan por los alrededores de Plaza Sendero saben que el tráfico en esa zona dejó de ser un problema menor desde hace varios años. En horas pico, la circulación rebasa por mucho lo que podría considerarse normal.
Uno de los principales cuellos de botella se presenta para los automovilistas que circulan de poniente a oriente por el bulevar Manuel Gómez Morín y buscan incorporarse a la vuelta a la izquierda por debajo del puente de la avenida Francisco Villarreal Torres. Esa maniobra, por sí sola, genera largas filas y retrasa el flujo vehicular.
A ello se suma una decisión de planeación urbana difícil de justificar: la instalación de una terminal del BRT prácticamente a un costado del puente. En lugar de agilizar la movilidad, esa infraestructura terminó añadiendo más puntos de conflicto entre autobuses, automóviles y peatones, agravando un problema que ya era evidente.
Los que van en el sentido señalado, se topan con que de repente, sin más ni más, los tres carriles de la avenida se convierten en uno, sin aviso, sin señalamiento y sin orden.
En general, fue una pésima decisión por la que tienen que pagar los automovilistas cada que circulan por ahí.
Por supuesto que la obra pública es buena, pero siempre y cuando se ejecute con pulcritud, estudios que avalen los flujos y sobre todo calidad en los materiales. Nuestra ciudad está urgida de infraestructura vial, sin duda y es algo que debemos apoyar.
Un puente en esa zona para darle salida a ese tráfico que va a dar la vuelta izquierda hacia los fraccionamientos de la zona o el propio centro comercial, no es mala idea. O por lo menos que se ejecute algo que brinde una solución al desorden que crearon con la terminal del BRT.
Esa terminal funciona como tapón del tráfico, complicando la circulación a miles de personas que no tienen la culpa de obras mal planeadas y peor ejecutadas. Es entendible el enojo de muchos cuando alguien se atraviesa en doble fila, por ejemplo, para dar vuelta, pero en general no es culpa ni unos ni de otros, sino de quienes hicieron la obra.
La realidad es que la infraestructura vial de esa zona ya fue rebasada por el crecimiento de Ciudad Juárez. Plaza Sendero se consolidó como uno de los principales polos comerciales de la ciudad y, con ello, aumentó considerablemente el flujo de vehículos provenientes del Gómez Morín, Francisco Villarreal Torres, Ejército Nacional y los fraccionamientos cercanos.
Por ello, la construcción de un nuevo puente o paso a desnivel en ese sector no debe verse como una obra de relumbrón, sino como una solución técnica a un problema que miles de juarenses enfrentan todos los días. Una obra de este tipo reduciría tiempos de traslado, disminuiría el consumo de combustible, bajaría las emisiones contaminantes y, sobre todo, mejoraría la seguridad vial.
La obra pública no debe medirse únicamente por el monto de la inversión, sino por el impacto que tiene en la calidad de vida de la población. Y en ese sentido, hay pocas obras que beneficiarían a tantos ciudadanos como una solución definitiva al cuello de botella de Plaza Sendero.
Cada día que se pospone, miles de horas se siguen perdiendo en filas de automóviles que, desde hace tiempo, dejaron de ser inevitables para convertirse en consecuencia de una infraestructura insuficiente.
Obras en Gómez Morín y Paseo de la Victoria
Próximamente arrancarán los trabajos en el cruce de Paseo de la Victoria y Gómez Morín, donde se proyecta la construcción de un paso inferior. Se trata de una obra importante para mejorar la movilidad en ese sector, aunque también plantea un reto que no puede ignorarse: ese punto se inunda prácticamente cada vez que se registran lluvias intensas.
La pregunta es obligada: ¿el proyecto contempla un sistema de drenaje pluvial con la capacidad suficiente para evitar que el paso a desnivel termine convertido en una enorme alberca?
La experiencia de Ciudad Juárez demuestra que una obra vial no puede evaluarse únicamente por su diseño o su costo, sino por su funcionamiento bajo las condiciones reales de la ciudad.
Por otro lado, también es bueno preguntarse si se justifica una inversión e intervención en ese cruce. Quizá sería mejor llevar una construcción de ese tipo a un lugar donde se requiera mejor.
Asimismo, que demuestren con estudios claros la situación actual, los cambios que se harán y su impacto positivo en largo plazo.
También se planea otro puente en Paseo de la Victoria y Teófilo Borunda, los cuestionamientos son los mismos. Ahí, un puente sobre la segunda avenida aliviaría las filas que se hacen en el cruce, en el caso de la primera, pues no tiene mucho sentido un puente para que luego bajen los autos a pararse a otro semáforo.
En general, quienes van a construir esas obras, le deben a la ciudadanía en general, una explicación de todas las dudas, los costos, los tiempos efectivos en que concluirán los trabajos y los estudios que avalan dicha necesidad.