Sabe sin equívoco Daniela Álvarez que irá al sacrificio como candidata por el PAN (priAN) a la presidencia municipal de Juárez en las elecciones del año entrante.
De hecho, aún se resiste a aceptar la postulación, pero no tiene manera de negarse ni a la gobernadora, su amiga, además, Maru Campos, ni a la dirigencia nacional de su partido, metida de lleno desde hace meses en esta frontera.
Le repiten a la jefa partidista que el interés institucional está muy por encima de sus válidos argumentos relacionados precisamente no solo con este sacrificio sino con anteriores. Ella es idealista, pero con los pies en la tierra.
El último de sus sacrificios tuvo aroma a sarcasmo poco fino, aunque tampoco había nadie con mayor perfil para la postulación a la senaduría en la segunda fórmula. Ganó Morena en el 2024, se llevó sus dos senadurías.
Quedó el PAN en segundo lugar y la senaduría fue solo para la primera fórmula, que encabezó Mario Vázquez, excercanísimo coequipero de Daniela durante muchos años. Hoy son agua y aceite. Se rechazan. Son dos imanes en sus polos iguales.
Con arriba de 350 mil votos de Morena como antecedente en la última elección municipal frente a 110 mil panistas, sí hay candidatos azules o proazules que quieran ir al matadero por la alcaldía solo para colectar algunos pesos de incautos en la campaña, pero todos son conscientes de que no ganarán; que no ganarán en las actuales circunstancias de amplio, contundente, dominio guinda.
Echemos nomás números. En su primera elección, el actual alcalde con licencia, Cruz Pérez Cuéllar, alcanzó los 213 mil votos, o el 48 por ciento del total de los sufragios; tres años más tarde los ciudadanos juarenses le otorgaron el 60 por ciento de la votación, o 354 mil votos.
En el 2021, derrotó al priANISTA, Javier González Mocken, que obtuvo 120 mil sufragios. En el 2024 el derrotado fue el panista, Rogelio Loya Luna, quien alcanzó solo 110 mil votos, aun y con el apoyo de las instancias estatales de gobierno en Juárez. El intento de Mocken fue bueno, pero se quedó muy lejos; el de Loya fue basado en guerra sucia y los resultados en su contra fueron demoledores hasta para los chamaneros actores intelectuales.
De ahí el pesimismo en la banda opositora, con todo y la decisión de Palacio de Gobierno estatal y de la dirigencia nacional panista por tomar la batuta, meter mayor inversión a la ciudad en respaldo de la venidera campaña y tratar de encauzar los liderazgos en las áreas de gobierno para que los resultados se reflejen en una mayor cosecha de votos de sus candidatos.
La preocupación estatal y nacional es tanta que fue creada una mesa de precandidatos a la Presidencia Municipal que trabaja cotidianamente y es supervisada en persona por la gobernadora, Maru Campos; y los enviados nacionales azules, Luis Olmedo y Jordi Herrera.
De ahí salió que podrían ser postulados la empresaria Isela Molina, el panista de vez en cuando, René Mendoza; la subsecretaria de Desarrollo Humano, Austria Galindo; el Recaudador de Rentas, Raúl García…Otros más; y desde luego, la propia presidenta panista en el estado.
Idealistamente desde luego que a todo ese sistema PAN y a sus aliados del PRI no desagradaría ganar la Presidencia Municipal juarense. Les encantaría ganar la alcaldía, diputaciones federales y diputaciones locales, pero están ubicados en la realidad y también conscientes que únicamente podrían alcanzar el triunfo en algún distrito federal, siendo muy optimistas, y dos locales, también tirándole muy arriba.
Así sería la película en julio aun cuando PRIanistas desarrollaran una gran campaña electoral y fueran eficientemente respaldados por las instancias estatales de gobierno. Solo que cayera una impensable bomba política de carácter atómico sobre la 4T podrían cambiar esas condiciones.
A nivel estatal las cosas son muy distintas. Esa es la clave. Ese es el análisis que permea entre todos los grupos asesores tanto de la 4T como del priAN y que mantiene a todos concentrados.
Lo que buscan los panistas en Juárez no es precisamente la alcaldía, pero sí retener las dos joyas de su corona, la gubernatura y su sólido bastión electoral, el municipio de Chihuahua.
Para conseguir aquellos objetivos necesitan evitar un “zapato” en Juárez, pueden y seguramente perderán, pero es imperativo subir en esta frontera de 100 a 200 mil votos, 250 mil sería para ellos fabuloso. 200 o 250 mil votos serían oxígeno puro en la gubernatura y hasta darse el lujo de mantener el control del Congreso del Estado.
Ahí es donde entra la condición, el sine qua non, de Daniela Álvarez, la candidata al sacrificio que está dispuesta a caer, pero con la cara al sol, a puño limpio, dice ahora ella tras dejar a un lado el “Daniela es cabrona”, slogan creado por alguna mente intelectual brillante, muy creativa, cuando midió su posibilidad de ir por la nominación a gobernadora.
Los panistas que han venido operando en Juárez durante los últimos años saben que de todos no se hace uno para la alcaldía y que con cualquiera sería como dejar la plaza 100 por ciento para el crucismo y quien sea el candidato o candidata a gobernador.
Eso no le conviene ni a la gobernadora, Maru Campos, que sabe muy bien aquello de que debe cuidar al menos su séptimo año del sexenio; es decir, uno después de concluir su período. Vendrán fuegos enemigos…y amigos.
Tampoco le conviene al virtual candidato del PAN y del PRI a la gubernatura, Marco Antonio Bonilla, que podrá tener muy asegurado Chihuahua y otros municipios del estado, pero el desfonde en Juárez representaría la derrota en la gubernatura. Para qué pensar en los centavos si pierde los pesos.
Con otra peor, Delicias y aquella parte del centro del estado presumían su panismo acendrado, pero hoy andan más divididos que el priismo. Las tendencias marcan dos a uno en favor de Morena gracias a la incursión hasta obstinada, pertinaz, del Pérezcuellarismo, que se ha quedado con buena parte de los blanquiazules.
A media semana cerró el plazo de inscripciones de candidatos panistas a todos los cargos de elección en juego para el año entrante, se anotaron más de 740 en la entidad, pero se trata de un plazo relativo, no fatal, menos vinculativo ni estatutaria y menos constitucionalmente. Fue como medir el agua a los camotes.
Entre lo poco trascendido de esa lista cerrada con llave por la dirigencia nacional panista, no apareció el nombre de Daniela; sí aparecieron, aunque por voluntad propia de transparencia, otros nombres, los que tiran a la alcaldía, pero con ganas de un distrito de los facilones, como Raúl García, Austria Galindo, Oscar Lozoya y muchos más.
Daniela está en proceso de negociación. No está dispuesta a quedarse hasta sin zapatos durante la campaña, y vaya que sabe hacer campaña, lograr esos milagrosos 200 mil votos pretendidos y que al final del día los mejores pedazos del pastel sean entregados al ultra cerrado, ultradhiaco, equipo del alcalde Bonilla, ante la eventualidad justamente de su triunfo.
O le va bien o le va bien a la presidenta estatal del PAN. Tampoco se quiere quedar chiflando en la loma si la victoria es para el bando de la Cuarta Transformación, posibilidad que se ha vuelto anhelo sobre todo para la presidenta, Claudia Sheinbaum, que, hasta ahora con la pelea contra la gobernadora, Maru Campos, dimensionó que la grandeza de Chihuahua no es únicamente en términos geográficos, sino en términos de seguridad nacional, económicos, y también políticos. Quedó comprobado que la mecha prendida acá ocasiona incendios en Palacio Nacional.
Ciertamente la disuasión a Daniela va en términos pragmáticos. El idealismo es utópico. Hay de dónde escoger para ella. Todavía queda más de un año de régimen estatal, es altamente probable que al menos retenga el PAN la alcaldía de Chihuahua, hay Congreso del Estado, hay Cámara de Diputados, hay dirigencia nacional panista; algo en todo ello debe ser para la lideresa en caso de derrota, nomás que casi firmado ante notario, y no sea en la notaría de Del Villar…y Garza.
Así el escenario azul en Juárez. No quieren los panistas ni pensar en que aun con una excelente campaña de Daniela no rebasen ni los 100 mil votos debido al tremendo control moreno. Sería el acabose, la catástrofe que tratan de evitar con su presencia aquí Palacio de Gobierno y la dirigencia nacional.