A partir de los movimientos iniciados en Reino Unido (suffragette) y en otras partes de Europa, las mujeres obtuvieron el derecho al voto en distintas latitudes durante el siglo XX. Las mujeres tienen desde 1953 el derecho a sufragar en México. En Suiza, una democracia de avanzada, las mujeres obtuvieron el pleno derecho a votar apenas en el ocaso del siglo XX, cuando el cantón de Appenzell Innerrhoden fue el último en aprobar el voto femenino en dicha demarcación.
Durante muchos años, especialmente a partir de las últimas dos décadas, se ha ido gestando un movimiento que propugna por mayor participación de la mujer en las decisiones políticas.
Es cierto que las mujeres fueron marginadas durante muchos años de la res publicae, sin embargo, esa ya no es una realidad en la actualidad. Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto se elevó a rango constitucional la paridad de género en candidaturas al Congreso de la Unión.
A partir de dicha reforma, las autoridades electorales ‘agarraron monte’ y empezaron a implementar acciones que no están siquiera incluidas en la ley, como por ejemplo los ‘bloques de competitividad’ que implica que las candidatas en los distritos más favorables a un partido sean mujeres. También aplicaron a rajatablas una paridad forzada en donde en todas las gubernaturas que se elijan un determinado año electoral (por ejemplo, las 17 del 2027 entre las que están Chihuahua) la mitad sean para mujeres. Resulta curioso que esta regla se la aplican a las entidades que emparejaron sus procesos electorales con el federal, pero no aplica en estricto sentido a Durango, Coahuila, Hidalgo o Estado de México que tienen un calendario electoral distinto.
En adición a lo anterior, el órgano electoral también obliga a los partidos a adoptar acciones afirmativas que la mayoría de las veces son burladas por la mayoría de los partidos por lo absurdo de las mismas.
En pocas palabras, las acciones afirmativas son un juego del órgano electoral de hacerse tonto y decir de forma ‘buenaondita’ que cumplieron con minorías. Esto a pesar de que dicho órgano no es un ejemplo de integración heterogénea, ni de reconocimiento a minorías o a grupos vulnerables.
Tanto acciones afirmativas como paridad de género han sido burlados de forma recurrente por muchos actores políticos. El órgano electoral se encarga de revisar listados y cumplimiento de requisitos. Si un hombre de 1.90m de estatura, 120 kilogramos de peso, bigote y panza cervecera dice que es mujer, el órgano electoral tiene la obligación de creerle que así es porque dicen ellos que “el género es un constructo social”. Lo mismo sucede con las personas que se autoadscriben como indígenas, afrodescendientes, LGBT, entre otras acciones afirmativas. Es decir, solo basta decirlo (sin probarlo) para que cualquiera pueda entrar en estas categorías.
A partir de esta vorágine de inventos, excusas, normas inexistentes, y posturas woke, a alguien se le ocurrió que podía ser buena idea incluir la obligatoriedad de forzar una alternancia de género en un partido político. Ya han sucedido algunas de estas ocurrencias en otros estados, y ahora Chihuahua es el epicentro de estas ocurrencias.
Estiman que, como el PAN ya postuló una mujer en 2021 (en la persona de Maru Campos) y como Morena postuló un hombre (en la persona de Juan Carlos Loera), ahora se puede promover una alternancia de género en Morena. Porque esa es otra, querido lector. Las reglas de paridad de género aplican solamente cuando benefician a la mujer. Por ejemplo, el INE al momento de emitir sus lineamientos para postulación de candidaturas plurinominales, dice que las circunscripciones que hayan sido encabezadas por hombres en la pasada elección, ahora deben ser encabezadas por mujeres; pero aquellas que hayan sido encabezadas por mujeres PUEDEN (no deben) ser encabezadas por hombres. Ya mejor que digan que todas las candidaturas son para mujeres para que estén tranquilos.
Esta ocurrencia sucede en el contexto de que estiman que Andrea Chávez (Senadora por Morena) está más debilitada al interior de Morena que Cruz Pérez Cuéllar (alcalde de esta ciudad). Seguramente hace un año no dirían lo mismo. En pocas palabras, quieren enfrentar a Andrea y no a Cruz.
Esta ocurrencia tiene que haber salido del escritorio de Santiago de la Peña, Secretario de Gobierno, y de Daniela Álvarez, Presidenta del PAN en Chihuahua. El primero aspira a ser alcalde de la capital y la segunda aspira a distintos cargos, sin tener certeza cuál buscará.
Estos dos personajes en vez de estar golpeando a sus propios regidores en Juárez (como es el caso de Alejandro Jiménez, quien ha sido el principal promotor y defensor de la Gobernadora en la frontera) deberían preguntarse si esas ocurrencias no pudieran resultarles contraproducentes.
Es decir, están abriendo una caja de Pandora cuyas consecuencias sería divertido verlas. Si el día de mañana se opta por la alternancia, sugiero que la misma sea aplicable también a la alcaldía de la capital del estado, en donde el PAN postuló a un hombre desde 2021 y es el actual alcalde de la capital. ¿Estaría de acuerdo De la Peña en que la candidatura del PAN a la alcaldía de Chihuahua fuera para una mujer? En lo personal considero que Manque Granados tendría un mejor resultado que De la Peña, pues ya fue alcaldesa de la capital, ya ganó un distrito electoral federal, tiene una buena imagen y además sí es panista, a diferencia de De la Peña. Esa es la oportunidad que el PAN-Chihuahua necesita para demostrar su compromiso con la lucha de género. Es decir, el partido que se opone al aborto (lucha feminista) posa de defender la agenda feminista.
Insisto, Maru Campos venció a Gustavo Madero en la interna del PAN en 2021 de manera limpia. No había un mejor perfil del PAN que el de ella y no requirió ninguna ayuda o empujón en la ley para ese efecto. Claudia Sheinbaum ya es Presidenta de México. La paridad existe en la Constitución. Seguir lucrando políticamente con el tema evidencia el aire oportunista de muchos políticos.
Además, quien quiera que sea el principal impulsor de esta medida está obviando algo que es evidente ante los ojos de cualquiera en el estado: la Gobernadora Maru Campos tiene simpatías con el alcalde Cruz Pérez Cuéllar. Parecería que muchos ‘cercanos’ al círculo de la Gobernadora andan a diez cuadras del desfile. Basta ver que la Gobernadora en las entrevistas que tuvo en la Ciudad de México en los días recientes, solamente se dedicó a atacar a Andrea Chávez y a Ariadna Montiel, dejando fuera de los ataques al alcalde fronterizo.
Siempre he insistido en que no se puede tomar una decisión política en función de los genitales que tenga determinado cuadro político. Los partidos deben tener la libertad de postular a quien quieran, y será el soberano el que decida democráticamente quienes deben ocupar X o Y cargo. Si un partido no postula suficientes mujeres o suficientes hombres, que el electorado se lo cobre; si no postula un indígena, o un afrodescendiente, o un migrante, que el electorado se lo cobre. Las cuotas de género solo existen en sistemas democráticos deficientes. Ni en Estados Unidos, ni Reino Unido, ni en Escandinavia existen estas figuras y son países que tienen sistemas democráticos más avanzados.
Esos promotores de ocasión ¿estarían de acuerdo en que en 2030, todos los partidos excepto MC postularan únicamente hombres? Finalmente PRI, PAN, PRD, PT, PVEM y Morena postularon una mujer en la pasada elección presidencial. ¿Le van a cerrar la puerta a su propia jefa política que aspira a candidatearse?