Hay coincidencias que en política no prueban causalidad, pero inevitablemente producen significado. Morena terminó de repartir sus 17 coordinaciones estatales rumbo a 2027 y, prácticamente al día siguiente, Andrés Manuel López Obrador reapareció desde Palenque con un libro bajo el brazo llamado, nada menos, “Pueblo”. No anunció candidatos, no desautorizó a la dirigencia ni pidió corregir encuestas; hizo algo distinto y quizá más trascendente para su movimiento, volvió a explicar qué entiende por Cuarta Transformación, cuáles son sus principios y qué relación debe existir entre el poder y la sociedad, pero…el contraste resulta inevitable.
Mientras López Obrador habló en su video de pueblo, honestidad, austeridad, principios y cercanía con la gente, Morena acaba de atravesar un proceso donde tuvo que combinar encuestas, paridad de género, acuerdos internos, negociaciones y equilibrios con sus aliados; es decir, una cosa es construir una doctrina y otra, bastante más complicada, convertirla en candidaturas, y en Chihuahua esa contradicción acaba de adquirir una dimensión inesperada.
La dirigencia de Morena escogió a Cruz Pérez Cuéllar, presidente municipal de Juárez con licencia, quien conforme a la metodología publicada por el partido obtuvo 8.50 puntos de 10 posibles y quedó por encima de Andrea Chávez, pero los propios resultados contienen un dato políticamente interesante, Chávez superó a Pérez Cuéllar específicamente en percepción de honestidad y cercanía con la gente, dos de los principios más valorados, supuestamente, por el fundador del movimiento.
Eso no significa que esos dos indicadores debieran decidir automáticamente la candidatura, porque la metodología ponderó más variables. Pero resulta difícil ignorar la paradoja, apenas unas horas después, desde Palenque, el fundador de Morena volvió a colocar precisamente la honestidad, la cercanía con el pueblo y la fidelidad a los principios entre los fundamentos morales de su movimiento; hasta ahí había un problema interno de Morena.
Ahora hay otro bastante mayor. El Partido del Trabajo en Chihuahua puso un asterisco sobre el resultado, anunció formalmente que no acompaña la designación de Pérez Cuéllar como una decisión definitiva de la coalición.
Su argumento es sencillo y políticamente explosivo: Morena realizó su propia encuesta, con su propia metodología y para escoger a su propio coordinador; el PT no participó en ella y, por tanto, considera que Morena eligió al coordinador de Morena, no al coordinador de la Alianza Morena-PT-PVEM, y no, no es una sutileza semántica, ese reclamo o puntualización petista va mucho más allá de simples palabras o pataleo de perdedores.
El PT sostiene que, desde el 24 de septiembre, existe una mesa técnica donde los tres partidos deberán acordar preguntas, metodología, casas encuestadoras y encuestas espejo para medir a los perfiles de las fuerzas integrantes de la coalición; dicho de otra manera, para Morena, Chihuahua parece estar resuelto; para su aliado histórico, todavía no, y eso modifica sustancialmente la ecuación.
Porque además el desacuerdo local no aparece aislado de la dirigencia nacional petista, Alberto Anaya había reclamado previamente que los procedimientos fueran construidos entre los tres partidos y Reginaldo Sandoval, coordinador de los diputados federales del PT, ha mantenido abierta una posibilidad que hasta hace unos días parecía simplemente un instrumento de presión, competir separadamente e incluso ofrecer espacio a aspirantes desplazados por Morena, entre ellos, Andrea Chávez, y ahí el problema deja de ser solamente ideológico y se convierte en aritmética electoral.
Andrea perdió la definición de Morena, pero no desapareció políticamente. Es senadora, construyó durante años una estructura propia, conserva alguna presencia territorial y, según las propias mediciones publicadas, mantiene reconocimiento importante, luego entonces, si el PT decidiera llevar hasta sus últimas consecuencias el desacuerdo y competir por separado -eventualidad, no hecho consumado- Morena tendría que enfrentar una elección muy distinta de la que imaginaba al levantarle la mano a Pérez Cuéllar.
No porque pueda afirmarse hoy quién ganaría una elección dividida; faltan meses, candidaturas formales, campañas y contexto. El punto es otro: una fractura obligaría a las distintas expresiones de la 4T a competir por segmentos parcialmente coincidentes del electorado, mientras PAN y sus eventuales aliados enfrentarían un oficialismo menos cohesionado.
Pero… existe una ironía adicional. El PT terminó las 17 definiciones sin obtener ninguna de las coordinaciones estatales en juego, mientras el Partido Verde consiguió posiciones relevantes, incluso más que en elecciones anteriores, por eso Chihuahua puede convertirse también en una mesa de negociación nacional, porque cuando un aliado considera que entregó respaldo político durante años pero llega al reparto electoral y encuentra pocas posiciones, su capacidad de presión aumenta precisamente en aquellos estados donde su participación puede resultar importante.
Eso no significa que la ruptura sea inevitable, todo lo contrario, las coaliciones suelen atravesar episodios de presión precisamente porque todavía existe algo que negociar.
Pero el comunicado del PT elimina una certeza que Morena creyó haber construido, Cruz Pérez Cuéllar es indiscutiblemente el coordinador de Morena en Chihuahua; que termine convirtiéndose en el abanderado de toda la coalición depende ahora también de una negociación que el PT sostiene que todavía no concluye. No es cosa menor.
Y aquí “Pueblo” -el libro que presentó AMLO- adquiere una dimensión casi involuntariamente irónica y hasta cómica.
López Obrador construyó buena parte de su liderazgo sobre una fórmula sencilla, principios antes que pragmatismo, “No mentir, no robar y no traicionar al pueblo” terminó convertido en mandamiento político del movimiento, en mantra quasi religioso, pero gobernar un partido nacional en el poder -y todavía más una coalición-, obliga a resolver ecuaciones que ningún libro doctrinal puede solucionar.
¿Qué ocurre cuando quien obtiene la mejor evaluación integral no encabeza todos los atributos asociados a la identidad del movimiento? ¿Qué sucede cuando el partido mayoritario anuncia un ganador, pero uno de sus aliados no lo reconoce como definición de la coalición? ¿Qué pesa más, militancia histórica, competitividad, acuerdos, identidad ideológica o capacidad de sumar estructuras externas? ¿Quién define esas premisas y bajo que principios o lineamientos decide? Ese es el verdadero dilema de Morena rumbo a 2027.
Chihuahua lo muestra con particular nitidez, porque Pérez Cuéllar tampoco proviene originalmente del obradorismo, su trayectoria pasó por PAN y Movimiento Ciudadano antes de llegar a Morena, eso es un hecho biográfico más que señalamiento negativo; sin embargo, su significado admite interpretaciones distintas.
Para algunos representa pragmatismo político puro y capacidad para incorporar sectores diversos; pero para otros plantea interrogantes sobre la identidad fundacional del movimiento, que se contraponen a sus bases y sus principios ideológicos.
Andrea Chávez representa una trayectoria diferente, mucho más identificada con Morena y la 4T, aunque también llega a esta definición después de controversias políticas y de su cercanía con Adán Augusto López, además de carecer de la más mínima experiencia de gobierno y política de alto nivel.
Ahora aparece además una paradoja formidable, la aspirante derrotada por Morena podría convertirse, si las negociaciones fracasan y ella aceptara, en instrumento electoral de uno de los partidos fundadores de la propia 4T, sería difícil encontrar mejor demostración de la distancia que puede existir entre una doctrina y la administración cotidiana del poder.
Algo semejante está ocurriendo, con particularidades distintas, en otras entidades. Morena necesita administrar inconformidades, aspirantes desplazados, exigencias del Verde, reclamos del PT, paridad, grupos regionales y personajes provenientes de historias políticas muy diferentes, todo mientras intenta presentarse ante el electorado como un movimiento que conserva una identidad reconocible después de la salida de su fundador de Palacio Nacional.
La fotografía nacional: Morena ganó el proceso, pero el Verde ganó poder. La fotografía en Chihuahua: Palacio se impuso al grupo Tabasco, pero hay fractura de la Alianza, y adicionalmente, existe un choque interno de ideología y principios, contra pragmatismo electoral. Ese quizá sea el significado más interesante y profundo de la reaparición de López Obrador.
AMLO insiste en que está jubilado, lo repitió en su video, dice que no quiere convertirse en cacique, caudillo, jefe máximo ni poder detrás del trono y que respalda sin reservas a Claudia Sheinbaum. No existe en ese video evidencia de que pretenda regresar a operar candidaturas, pero retirarse de la operación política no significa desaparecer como referencia ideológica. Y “Pueblo” parece confirmar precisamente eso.
López Obrador puede haberse retirado de reuniones, candidaturas y negociaciones, pero no de la disputa por definir qué significa el obradorismo, mientras tanto, sus herederos tienen que resolver algo bastante menos romántico y mucho más pragmático y definitorio para el futuro del movimiento.
López Obrador habla de Humanismo Mexicano; Morena debe administrar una coalición. López Obrador habla de principios; la dirigencia necesita competitividad. López Obrador habla de pueblo; los partidos discuten encuestas. López Obrador habla de unidad; Morena, PT y Verde negocian posiciones. López Obrador habla de transformación; algunos candidatos deberán explicar trayectorias construidas parcialmente fuera de ella.
Y en Chihuahua, el asunto acaba de ponerse todavía más interesante, Morena ya tiene coordinador, pero uno de sus principales aliados sostiene que la coalición todavía no, y ese pequeño detalle cambia bastante las cosas, porque la primera batalla de Cruz Pérez Cuéllar quizá no sea contra el PAN ni contra quien finalmente represente a la oposición, sino conseguir que todos los integrantes de la 4T acepten que la competencia interna realmente terminó.
El 30 de septiembre, en su video desde Palenque, López Obrador explicó nuevamente qué es el obradorismo según López Obrador, pero un día antes, Morena había mostrado qué es el morenismo cuando tiene que tomar decisiones reales.
Y horas después, el PT recordó una tercera realidad: Morena es el partido dominante de la coalición, pero dominante no significa necesariamente único o todopoderoso.
La elección de 2027 permitirá observar hasta dónde esas tres realidades pueden convivir y hasta dónde, realmente, pueden resolver sus diferencias y, sin duda alguna, Chihuahua será el laboratorio de pruebas donde se llevará a cabo ese ejercicio.
Sea como sea, con quien sea, Morena enfrentará a un candidato del PAN sólido, de imagen impecable, sin fisuras internas en su partido, con todo el respaldo de su dirigencia nacional y eventuales aliados políticos, que fue definido sin mayores contratiempos desde hace varias semanas, y que además puede presumir de buenos y bastantes resultados de su gestión como alcalde de la capital, y eso, eso también pesará en los electores a la hora de decidir el 8 de junio de 2027.