El principal operador político de la gobernadora María Eugenia Campos siempre fue César Jáuregui. En sus andanzas por el PAN, Jáuregui fue secretario de los ayuntamientos de Juárez, Delicias y Chihuahua (este último cargo con Maru Campos), además de diputado local en dos ocasiones, secretario general de Gobierno y fiscal general del Estado, estos dos últimos cargos en el gobierno de Campos. Igualmente, la segunda vez que fue legislador fue coordinador de los diputados del PAN y, por tanto, líder de la entonces diputada Maru Campos. Su carrera política estuvo en gran parte vinculada a la gobernadora.

Jáuregui ha acompañado a Campos en diversas tareas partidistas. Si no me falla la memoria, fue su coordinador de campaña. Cuando Javier Corral inició su cacería de brujas contra Maru Campos, Jáuregui también resultó damnificado; se habla incluso de que estuvieron a punto de detenerlo en pleno proceso electoral.

Era lógico que, dada esa cercanía, Campos lo colocara en una posición relevante en su gobierno, y lo hizo nombrándolo secretario de Gobierno. A la mitad del mandato, Jáuregui fue removido y enviado a la Fiscalía General del Estado, una posición en la que se puede hacer muy poca política si lo que se busca es dar resultados. En la Secretaría de Gobierno lo suplió Santiago de la Peña, un funcionario priista muy cercano a la gobernadora.

En el plano político, el alcalde capitalino Marco Bonilla comenzó un proyecto para llegar a la gubernatura de Chihuahua. Desde un inicio, la gobernadora no vio con buenos ojos sus pretensiones, a pesar de haber sido su principal impulsora política. Era natural que Bonilla aspirara a la gubernatura por el hecho de ser alcalde de la capital. Sin embargo, la gobernadora dio en varias ocasiones un manotazo en la mesa para recordar que ella todavía era la gobernadora. Esto permitió que Morena creciera, tanto en la figura de Cruz Pérez Cuéllar (virtual candidato a la gubernatura) como en la de Andrea Chávez (virtual candidata a la alcaldía de Juárez).

En pocas palabras, parecía que la gobernadora estaba cómoda con que Morena ganara la gubernatura. Su apuesta era que el candidato fuera Cruz Pérez Cuéllar; su mayor temor, que lo fuera Andrea. En ese tenor, se dedicó a torpedear las aspiraciones de Bonilla. Sin embargo, pese a estar cómoda con Cruz, permitió que la Fiscalía Anticorrupción cateara su casa en Juárez. Esto es síntoma de que en Chihuahua falta operación política, como ocurrió con el fallido intento de «detener» a Javier Corral en la Ciudad de México en agosto de 2024.

Los temores de la gobernadora se cristalizaron cuando, desde la capital del país, empezaron a señalarla como traidora a la patria por la supuesta participación de agentes de la agencia de inteligencia estadounidense en el desmantelamiento de un narcolaboratorio en el municipio de Morelos, Chihuahua.

A partir de ahí, y al ver la embestida que venía desde el centro, Campos decidió apoyar a Bonilla, pero ya le había causado un daño permanente. Creo que Bonilla puede ganar la gubernatura, pero sin duda perdió tiempo valioso con las indecisiones de la gobernadora.

Cuando Maru finalmente aceptó la candidatura de Bonilla, se venían las definiciones para la alcaldía de la capital. Su principal operador político, César Jáuregui, levantó la mano. Lo mismo hizo su amigo Santiago de la Peña. Es evidente que Maru Campos prefería depositar esa labor en Santiago, a pesar de los años que ella y Jáuregui compartieron en el camino político.

Santiago no termina de ser aceptado por el panismo de la capital, sector que Jáuregui sí tiene cubierto. En ese jaloneo, Jáuregui salió de la Fiscalía y emprendió su camino hacia la alcaldía. Maru dio varias señales de que, según su óptica, el candidato debía ser De la Peña.

Lo que vino después es el tema de moda. Jáuregui empezó a ser golpeado incesantemente por el gobierno al que alguna vez sirvió, con el propósito de allanarle el camino a Santiago de la Peña. Se le integraron carpetas de investigación en la Fiscalía del Estado por actos de corrupción y por su actuación en el desmantelamiento del narcolaboratorio de la Sierra.

En días recientes, Jáuregui fue detenido por agentes de la Fiscalía del Estado, a los que alguna vez encabezó, señalado del delito de ejercicio ilegal del servicio público. Horas después, la Fiscalía General de la República le ejecutó una orden de aprehensión por traición a la patria.

Este es el punto delicado. Se ha discutido mucho si la gobernadora sabía o no de la participación de agentes extranjeros en territorio nacional. El gobierno federal afirma no haber estado enterado, pero se sabe con alto grado de certeza que integrantes de las fuerzas armadas participaron en el operativo. Es decir, aventarse la pelotita de quién sabía y quién no me parece absurdo y ridículo. Esa parte, a la que todo mundo ha dado tanta importancia, me parece lo menos relevante en un asunto como este.

Así, la responsabilidad cayó sobre quien era el fiscal, ni siquiera sobre un mando operativo. En estricto sentido, las responsabilidades debieran deslindarse de arriba hacia abajo, pero aquí solamente fueron contra Jáuregui.

La Fiscalía del Estado decidió detenerlo y vincularlo a proceso. Sin embargo, un juez de control resolvió no imponerle la prisión preventiva como medida cautelar. Quienes entendemos de política y de justicia sabemos que los jueces de control se consideran a sí mismos ujieres del gobernador en turno. Es evidente que, si no le impusieron prisión preventiva, fue porque la gobernadora así lo decidió. Eso permitió que la Fiscalía federal lo detuviera, lo trasladara a Almoloya y le impusiera a su vez la prisión preventiva por traición a la patria, un delito del que quizá no se acusa a nadie desde Felipe Ángeles.

La presidenta Sheinbaum reveló que Maru Campos le dijo que Jáuregui estaba metido en negocios de casinos y en otros hechos de corrupción. Si eso se comentó en la plática que ambas sostuvieron, el único contexto en el que pudo darse esa conversación es el de una negociación entre el gobierno federal y el de Chihuahua. ¿Por qué le diría Campos algo así?

Ahora bien, se ha especulado mucho que Campos traicionó a Jáuregui. Yo no me atrevería a decirlo así. Si Jáuregui es constantemente señalado como un político corrupto, entonces Maru hizo bien en procesarlo, aunque precisamente de hechos de corrupción no ha sido acusado. Esto es lo que la Federación no ha hecho con Rocha Moya en Sinaloa o con Adán Augusto.

Si Jáuregui fue detenido primero por el Estado y luego por la Federación, ¿por qué quiso la gobernadora ser la primera en detenerlo? Si el interés era encapsularlo para que no se lo llevara la Federación, les salió muy mal. Si el interés era tenerlo sometido a proceso en el Estado, también le salió mal, porque no le dieron prisión preventiva.

Es clara la motivación política de la FGR para detenerlo. Es claro también que en algún momento hubo un acuerdo entre la gobernadora y el gobierno federal para que así fuera, pues tanto Campos como la fiscal Ernestina Godoy ejecutaron un nado sincronizado al respecto. Lo que no queda claro es qué motivó al Estado a detenerlo también. Existen diversas hipótesis. La primera, que fue una medida de presión para que abandonara su carrera por la alcaldía y le dejara el camino libre a Santiago; si esta fuera la razón, sí podría hablarse de una traición de la gobernadora a su amigo, pues la motivación habría sido política. La segunda, que quiso encapsularlo para que no se lo llevaran, y le salió mal. La tercera, acuerdos de carácter privado que no se cumplieron y sobre los cuales no pienso especular.

Lo único cierto es que la postura de la gobernadora provocó mucha molestia en su partido, el PAN. Los panistas que se regodeaban cuando Corral detenía a los funcionarios de su antecesor, ahora lloran y gritan que es una persecución política. También es cierto que Santiago de la Peña ya no puede ser el candidato a la alcaldía de Chihuahua. El PAN tendrá que consolidar la alianza con el PRI en la capital (donde también hay perfiles buenos y competitivos) y ponderar otros perfiles propios, como el de Manque Granados.