La violencia familiar en Ciudad Juárez tiene rostro, y es mayoritariamente de mujer.

Esta semana el Diario de Juarez, a través de una nota periodística destacó que, de enero a septiembre de 2026, Juárez acumuló 4 mil 980 delitos de violencia familiar, esto, de acuerdo con el Registro Nacional de Incidencia Delictiva. En ese mismo periodo, se contaron 5 mil 375 víctimas: 4 mil 413 fueron mujeres, 941 hombres y 21 registros sin identificar.

No es sólo un número, es el rostro de nuestras vecinas, nuestras hermanas, nuestras abuelas, nuestras compañeras de trabajo y amigas, son los casos que sí llegaron a una carpeta de investigación, aunque sabemos que por cada denuncia hay muchas que se quedan en el silencio de la casa.

Nuestra frontera arrastra una arraigada herencia cultural violenta donde el hogar, que debería ser el espacio más seguro, se convierte en el más peligroso para miles de mujeres. Estamos ante una crisis permanente de violencia en contra de las mujeres, producto de la complicidad social, que se manifiesta en el silencio del vecino que escucha los gritos y decide no llamar a la policía, en el familiar que aconseja "aguantar por el bien de los hijos" o por dependencia económica, en los círculos sociales que justifican al agresor y responsabilizan a las víctimas del comportamiento de aquél. Es el resultado directo de un machismo estructural que sigue normalizando la violencia psicológica, los golpes y el control económico como formas naturales de convivencia dentro de la relación de pareja. Bajo esta dinámica social, la comunidad juarense se ha convertido en el ecosistema perfecto para que los agresores actúen bajo un manto de total impunidad y que miles de mujeres en nuestra frontera hayan sido víctimas de violencia feminicida porque no tuvieron las herramientas que les permitieran actuar a tiempo.

La gravedad de la situación no es nueva, desde el 16 de agosto de 2021, nuestra Ciudad se encuentra bajo una Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres, este mecanismo se activó precisamente porque las dinámicas institucionales y sociales ordinarias se vieron rebasadas por la violencia machista. Sin embargo, ver que la violencia familiar encabeza mes con mes las listas de mayor incidencia delictiva nos obliga a hacernos una pregunta incómoda: ¿De qué han servido las alertas, si las paredes de las casas juarenses siguen siendo escenarios de impunidad diaria?

Por eso, romper el silencio y atreverse a denunciar no es un mero trámite burocrático; es un acto de profunda valentía, pero sobre todo de supervivencia. La violencia familiar nunca es estática ni se autoregula; es un monstruo silencioso que siempre va escalando, lo que hoy empieza con un insulto disfrazado de broma o la ridiculización en público, mañana se convierte en control absoluto, después en el primer empujón, luego en agresiones físicas directas, denunciar a tiempo no es un acto exagerado, es la única barrera legal capaz de interrumpir una escalada destructiva que, lamentablemente, muchas veces termina en un intento de feminicidio o en una muerte que pudo haberse evitado.

Sé perfectamente que el sistema penal muchas veces revictimiza, que da miedo y que el agresor suele amenazar con el desamparo económico, emocional o con ejercer violencia feminicida. Sin embargo, existen razones legales y urgentes para hacerlo si eres víctima de violencia familiar.

En primer lugar, la denuncia es la única vía hacia la protección legal inmediata, al acudir a la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género (FEM) o al Centro de Justicia para las Mujeres (CEJUM), la Ley General y la Ley Estatal del Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia permiten solicitar órdenes de protección de urgente aplicación, que garantizaran que tú y tus hijos estén a salvo, no es necesario esperar una sentencia, ya que de inmediato se pueden activar medidas como la desocupación del agresor del domicilio familiar, la prohibición de acercarse o comunicarse con la víctima y sus hijos, el auxilio policial o el resguardo en casas de emergencia, al tiempo que reciben atención médica y psicológica gratuita, incluso, o sin la necesidad de presentar una denuncia .

Por otra parte, contra lo que muchas mujeres pueden pensar y que mucha de las veces constituye un impedimento por el que no se atreven a denunciar, el presentar una denuncia de violencia familiar en contra de tu pareja, no implica de forma automática el encarcelamiento, el denunciar no siempre termina en prisión; busca detener la conducta y reeducar al agresor. Según el informe de Hallazgos de México Evalúa, en Chihuahua, más del 50% de los casos se resuelven mediante salidas alternas, que quiere decir esto, que tu caso puede tener solución sin la necesidad de atravesar un juicio, y llegar a una sentencia.

El sistema de justicia penal en nuestro estado contempla una figura procesal denominada suspensión condicional del proceso, esta alternativa funciona como una solución penal al conflicto familiar que ha escalado a agresiones físicas, psicológicas o económicas, en lugar de ir directamente a la cárcel, se impone al imputado un plan de reparación del daño y el sometimiento a condiciones estrictas supervisadas por el tribunal, tales como: la prohibición de acercarse a la víctima o a su domicilio, abstenerse de seguir ejerciendo violencia, y de manera crucial, someterse a terapia psicológica especializada con perspectiva de género. Bajo este esquema, el agresor permanece bajo la vigilancia directa de un juez de control, obligándolo a reeducarse y a sanar el impacto causado a la víctima, si cumple cabalmente con cada una de estas obligaciones durante el tiempo fijado, el proceso se extingue y el imputado obtiene el beneficio de no generar antecedentes penales.

Es momento de derribar la culpa que el machismo ha cargado históricamente sobre los hombros de las mujeres víctimas de violencia: denunciar no significa destruir a una familia, significa protegerla, quien destruye el hogar es quien grita, quien golpea, quien humilla y quien ejerce el control y la violencia. Si estás viviendo esta realidad, solo abraza la certeza de que mereces una vida libre de miedo y de que no estás sola, levantar la voz es un acto de profunda dignidad y supervivencia, porque una denuncia a tiempo es la única herramienta capaz de evitar que la autoridad llegue demasiado tarde.