-La jefa estatal no ha levantado la mano al coordinador

-Trae 4T maquinaria pesada vs Palacio; a Ariadna

-Ni a Morena le conviene tapete en el INE

-Exportamos mucho…pero importamos más

La dirigente estatal de Morena, Brighite Granados, no ha sido capaz de levantar la mano al virtual candidato a gobernador de su partido, Cruz Pérez Cuéllar, pero en cambio ha insistido en llevar las contras a la dirigencia nacional de Ariadna Montiel casi en cualquier decisión.

La actitud y la actividad facciosa de la presidenta morenista en Chihuahua ha obligado a que el proyecto por la gubernatura 2027 deba construirse de forma alterna al partido, nada sano y algo totalmente innecesario, cuando la estructura partidista, aunque sea pobre, debe servir de base para un fin en el que todos los militantes de la entidad puedan sentirse representados, desde Juárez hasta Chínipas y Guazapares.

Eso no le quita a la dirigente Granados de la Rosa el derecho a tener su corazoncito apuntado en un proyecto local, como el de Ciudad Juárez, pero indudablemente su papel debería ir más allá del círculo pequeño en el que se desenvuelve, mientras mantiene un cargo tan relevante como el de jefa territorial del morenismo.

En vez de promover las tribus y las facciones, su papel de lideresa sería el de fomentar y buscar la unidad entre todas las corrientes internas, desde las que se sienten con derechos de sangre por ascendencia obradorista hasta las que, más pragmáticas, pretenden establecer acuerdos que ayuden a enfrentar el reto electoral.

Sin embargo, según los morenistas que presionan por un cambio en la dirigencia estatal de Chihuahua, no ha entendido directas ni indirectas; no ha comprendido el cuadro de la visión del partido ni la descripción del puesto que tiene encomendado desde 2022.

Así, sigue dándole motivos a Ariadna para desconfiar de su representante en un estado que cada vez resulta más prioritario para Morena y la 4T, según lo evidenció ayer la misma dirigente nacional en su rueda de prensa, que tuvo a Chihuahua como uno de sus temas principales.

Por eso, dicen que la salida de Granados podría concretarse en los próximos días, no tanto porque no quiera impulsar el proyecto de Pérez Cuéllar amparada en un afán personalísimo, sino por la necesidad de tener una dirigencia capaz de vertebrar y mover a la estructura del partido que tiene presencia estatal, aunque la presidenta crea que su misión es trabajar nomás para que salga otro proyecto y ya.

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Si no ocurre otra cosa, este fin de semana arribará al Estado precisamente la líder nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes.

Viene a aceitar a la maquinaria morenista, ahora bajo el liderazgo del alcalde con licencia, Cruz Pérez Cuéllar.

Están claras las instrucciones que tiene Montiel de Palacio Nacional: ganar el estado de Chihuahua, donde estará trabajando codo a codo con el equipo crucista, único equipo entre los guindas chihuahuenses con el que ha podido hacer química; los demás no se dejan.

Entre las actividades que estaría realizando el sábado en esta frontera la líder de Morena, aparece una conferencia de prensa, reunión con las estructuras de Morena en el estado, y otra más, con el equipo cerrado de Pérez Cuéllar.

Seguramente habrá pronunciamientos dirigidos a Palacio de Gobierno estatal, pero el objetivo principal, aseguran, es dar el banderazo de salida oficial a Pérez Cuéllar en el campo, quien desde el primer día tras la designación como “coordinador” no se lanzó a recorrer los 67 municipios, sino que siguió por su segunda vuelta a los mismos 67.

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“Ariadna Montiel está vinculada con el crimen organizado”, arremetió Maru Campos contra la presidenta nacional de Morena ahora en su periplo de la semana pasada en CDMX con “exclusivas” a los medios de comunicación nacionales.

La andanada estuvo gruesa. Las respuestas no se hicieron esperar. Ariadna respondió con pedradas quizá no del mismo tamaño porque no es lo mismo una presidenta de partido por muy nacional que sea a una gobernadora, pero que sí calaron en Chihuahua.

Toda esta semana ha sido movido como nunca el aparato mediático estatal particularmente contra la lideresa guinda. Siguen los bombazos, así que no esperemos flores de Palacio de Gobierno ni menos alfombra roja en el aeropuerto para recibir a Montiel Reyes el sábado.

Redoble de tambores, dice el extra usado sticker.

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Ahora sí que resulta complicado hablar de beneficio de la duda para la designada nueva presidenta de la Instituto Nacional Electoral, Blanca Cruz García.

Aunque de bajo perfil mediático, Cruz García hizo segunda las veces que fue necesario a la removida por la fuerza, Guadalupe Taddei. Sí, presentó su renuncia, pero obligada por la exhibición de múltiples actos de corrupción cometidos en los escasos tres años que duró como presidenta.

La nueva titular del órgano electoral apoyó a Taddei en la votación de las famosas boletas planchadas, un criterio que ocasionó el suficiente escándalo nacional como para ser quitado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Esa y otras acciones claves que ayudaron a la defenestrada ex jefa a mantener el control autoritario del Instituto Electoral no convierten en merecedora a la presidenta interina de una remota ratificación.

La Cuarta Transformación en Presidencia de la República y las cámaras legislativas querrán una presidenta o presidente a modo en el INE para dirigir el proceso electoral del 2027, ya en marcha, y no creemos que deba ser alguien que mantenga no solo el mismo estado actual de cosas, sino que sea subordinada de la que se fue.

Ni al propio partido oficial le conviene una autoridad electoral devaluada por mucha capacidad de alfombra que tenga…o de tapete.

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Exportar mucho no significa necesariamente generar mucho valor dentro del país. México vendió al extranjero casi 77 mil 800 millones de dólares en septiembre, pero compró todavía más: 78 mil 403 millones.

Las importaciones superaron a las exportaciones por 606 millones de dólares.

El dato por sí solo no representa una crisis, pero sí pone sobre la mesa una pregunta incómoda para la economía mexicana: ¿estamos construyendo una industria nacional cada vez más fuerte o seguimos dependiendo de lo que nos venden otros países para poder exportar?

El reporte de la balanza comercial del Inegi muestra un crecimiento extraordinario frente a septiembre del año pasado. Las exportaciones aumentaron 37.9 por ciento y las importaciones 33.1 por ciento.

Las ventas al exterior avanzaron con fuerza, pero las compras también. Y aunque México conserva un superávit comercial acumulado de 9 mil 254 millones de dólares entre enero y septiembre, la composición de ese intercambio merece más atención que el resultado de un solo mes.

En Ciudad Juárez conocemos bien esta realidad. La manufactura exportadora sostiene empleos, salarios, servicios y una parte fundamental de la actividad económica.

Sin embargo, el verdadero potencial de la región no depende únicamente de cuántas mercancías salen por los puentes, sino también de cuánto compran las plantas a proveedores locales, cuántas empresas mexicanas participan en sus cadenas de suministro y qué capacidad tenemos para producir aquí componentes, materiales y servicios que hoy se adquieren en el extranjero.