-El padre “Negris” con cruz y camiseta guinda
-Avanzan pláticas Daniela y Alejandro -La decisión de Maru sobre el informe de Claudia -Consumo se está enfriando Si eventualmente Cruz Pérez Cuéllar es convertido por Morena en su candidato a gobernador, sus opositores priANISTAS deberán ser muy creativos para contrarrestar la enorme publicidad gratuita que le genera su solo nombre, y eso que sus padres no tenían una bola de cristal para ver su futuro al momento de llevarlo ante el Registro Civil.Tendrán que usar los panistas más imaginación que esa de “cruz al crimen” utilizada en las últimas carteleras con fondo guinda. La empresa que cobra millonadas por la campaña contra la Presidencia de la República, “narcomorena”, el IMSS y “nada es lo mismo”, etc., deberán desquitar sus honorarios con el nombre de Pérez Cuéllar.
Eso de “Daniela es cabrona” tampoco es mero eslogan de la presidenta del PAN estatal, Daniela Álvarez. Ayer bromeó medio en serio con el sacerdote católico más famoso del restaurante La Casona de Chihuahua capital, Gustavo Sánchez Prieto, el célebre “Padre Negris” (es el más famoso porque no van más sacerdotes ahí con la misma frecuencia).
Lo “amonestó” ante varios testigos por el color guinda de su camiseta (fotos en versión digital). Entre los presentes no faltó quien reparara justo en la cruz grande colgada de su cuello hasta cerca del corazón. “Campaña completa” entre color partidario y nombre del aún precandidato a gobernador de Morena. Risas y risillas.
Daniela es cabrona, pero al padre “Negris” tampoco se le va una, así que defendió su camiseta y hasta bromeó también con los tiempos electorales.
No sabemos hacia donde late el corazón del popular padre, lo cierto es que no le hace el feo a la política electoral. Nada sutil opina de ella cuando lo ve necesario. Ahí no fue la excepción.
Y precisamente más que el toma y daca ayer temprano con Daniela sobre la camiseta guinda y la cruz sobre colgando de su cuello ante varias personas, llamó la atención la plática “en corto” entablada entre ambos que, para ser casual, duró minutos.
Ni siquiera el acompañante de Daniela en el desayuno, el presidente del PRI en el estado, Alejandro Domínguez, fue convidado al diálogo porque este se registró a varios pasos de distancia, de pie tanto la presidenta azul como el clérigo católico.
Hablaron de política, sin duda, pero dejaron en ascuas a todo el mundo sobre el tema del “secreteo”.
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Tampoco hubo detalles de la plática precisamente entre Daniela y el presidente del PRI en el estado, Alejandro Domínguez, aunque es fácil deducir que tuvo qué ver con el estira y afloja de la alianza electoral hacia el 2027.El PRI sin el PAN es prácticamente nada en el estado, posiblemente ganaría dos o tres alcaldías, quizá alguna diputación y hasta ahí, pero tiene entre el cinco y siete por ciento de los votos si no vitales sí muy importantes en la elección por la gubernatura.
El fin de semana estuvieron en Chihuahua capital varios líderes nacionales priistas acompañando a Marco Bonilla en su último informe de gobierno municipal, lo cual fue interpretado como un avance sustancial en el acuerdo.
La presencia que más destacó en ese sentido fue la del gobernador tricolor de Coahuila, Manolo Jiménez, quien ya se abrió de capa por Bonilla, solo falta el qué y por cuánto entre el PRI chihuahuense y los panistas.
Es lo que han empezado afinar Daniela y Domínguez Domínguez, experto en vender el cobre a precio de oro, así le enseñó su jefa política, la priista más corralista, “Chela” Ortiz, quien, por cierto, finalmente salió de su cueva legislativa para asistir al informe municipal del alcalde Guchochi, José Yáñez. Tiempo de golondrinas.
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La invitación al informe de la presidenta Claudia Sheinbaum, de la semana pasada, llegó a tiempo al despacho de la gobernadora Maru Campos. Formal, institucional y fría, como son las invitaciones entre niveles de gobierno cuando las relaciones no están en los mejores términos.La decisión de la mandataria de Chihuahua, dicen quienes se enteraron de las habladurías alrededor del primer piso de Palacio de Gobierno, no fue tomada a la ligera sino después de un análisis concienzudo de las implicaciones de ir o no ir a Palacio Nacional, a sabiendas de que podría ser la única de todo el país que hiciera el desaire.
La decisión tomada de no asistir fue obviamente política. Tras una confrontación abierta desde abril y hasta la fecha, no habría sido congruente ir a convalidar un informe después de cuatro meses de ataques y contrataques políticos que iniciaron tras la muerte de agentes norteamericanos en el polémico operativo contra el narcolaboratorio de Morelos.
Pero lo pasado no fue el único elemento del análisis, también fueron revisados escenarios futuros después de los señalamientos de Campos Galván de que intentó, en otras ocasiones, llevar la fiesta en paz con Morena y la 4T, sin resultados favorables en lo personal y en lo institucional.
Es decir, la mandataria tal vez visualizó que, muy probablemente, su nombre también irá en las boletas de 2027, con amplias posibilidades de estar entre las cabezas opositoras más importantes del país, por lo que no tenía caso presentarse en un escenario políticamente adverso y prestarse a un teatro simulador que a nadie convencería.
Aun a toro pasado, resulta interesante el fundamento que le acreditan a una decisión sin duda polémica que marcó el informe presidencial, no tanto como las fisuras internas de la 4T, pero sí relevante al menos para generar cuestionamientos nacionales que, pasada una semana, siguen haciendo ruido y dando de qué hablar.
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El consumo privado todavía no está cayendo en picada, pero ya está dando señales de enfriamiento: en junio bajó 0.4 por ciento respecto a mayo.Y aunque a tasa anual todavía crece 1.6 por ciento, el dato mensual importa porque el consumo es el gasto de los hogares y uno de los principales motores de la demanda de la economía.
¿Y qué tiene que ver esto con el empleo? Mucho. Cuando las familias gastan menos, las empresas venden menos; cuando venden menos, necesitan producir menos y empiezan a revisar sus planes de contratación, horas de trabajo e inversión.
Por eso el consumo no es sólo una cifra sobre lo que compramos: es una señal de cuánto trabajo puede necesitar la economía para sostener esas compras.
En junio, además, los bienes nacionales cayeron 0.9 y los importados 1.4 por ciento, una señal de que la cautela ya se está reflejando en el gasto.Y aquí está la alerta: el empleo no necesariamente cae al mismo tiempo que el consumo. Primero puede enfriarse el gasto, después las ventas, y sólo entonces las empresas empiezan a ajustar.
Por eso vale la pena mirar este dato con atención: todavía no estamos hablando de una crisis de empleo, pero sí de una posible cadena de transmisión que comienza con algo tan cotidiano como decidir si hoy compramos o mejor esperamos.
El consumo primero se enfría antes de caer; y cuando se enfría demasiado, el empleo termina sintiéndolo.