La reciente amenaza del presidente electo Donald Trump de imponer un arancel del 25% a los bienes importados de México y Canadá ha generado una fuerte preocupación en las comunidades fronterizas, particularmente en El Paso.
La economía de esta región depende en gran parte del comercio entre Estados Unidos y México, y los posibles efectos de esta medida son motivo de alarma entre líderes empresariales, académicos y economistas.
En un mensaje publicado en Truth Social, Trump afirmó que los aranceles buscan frenar el ingreso de drogas y migrantes indocumentados a través de la frontera.
También señaló su intención de aplicar un arancel del 10% a los productos provenientes de China, acusando al país asiático de contribuir al tráfico de drogas ilegales hacia Estados Unidos.
Tom Fullerton, profesor de Economía en la Universidad de Texas en El Paso, advirtió que la implementación de un arancel del 25% tendría consecuencias devastadoras. “El Paso es un centro neurálgico del comercio internacional, y esta medida dañará profundamente las relaciones comerciales construidas durante décadas”, afirmó.
También señaló que “los aranceles no sólo afectan el precio final de los productos, sino que erosionan la competitividad de nuestras industrias a nivel global”.
La mayoría de los bienes intercambiados entre Estados Unidos, México y Canadá son productos intermedios, como las piezas automotrices, que cruzan la frontera varias veces durante su proceso de fabricación. Fullerton explicó que un aumento en los costos de estos bienes provocaría inflación y reduciría la capacidad de las empresas locales para competir en el mercado internacional.
“Este tipo de medidas no sólo son dañinas para la economía local; también tienen un efecto dominó que impacta a los consumidores en todo el país”, dijo el catedrático.
Jesús Cañas, economista del Banco de la Reserva Federal de Dallas, coincidió con Fullerton y agregó que los aranceles incrementan los costos para las empresas, que inevitablemente se trasladan a los consumidores.
“Cuando alteramos las relaciones comerciales, nos disparamos en el pie”, afirmó Cañas. Explicó además que los consumidores enfrentarán precios más altos en una amplia variedad de productos básicos y manufacturados. “Esto no sólo se trata de comercio exterior; afecta directamente el bolsillo de las familias estadounidenses”, señaló.
Jon Barela, CEO de Borderplex Alliance, un grupo de promoción empresarial con sede en El Paso, también expresó su preocupación por las posibles repercusiones de los aranceles en la economía local. Barela recordó cómo la región ha trabajado para reducir el desempleo, que pasó de más del 10% hace 30 años a aproximadamente el 4% en la actualidad.
“Esta región es un ejemplo de cooperación transfronteriza exitosa. Un arancel del 25% no sólo amenaza con revertir este progreso, sino que pone en peligro miles de empleos en sectores clave como manufactura, logística y servicios financieros”, declaró.
Además, Barela enfatizó el impacto cotidiano de estas políticas en la vida de los consumidores. “Si te gustan los aguacates o la cerveza mexicana, prepárate para pagar un 25% más. No es sólo una cuestión económica; esto afecta directamente a las familias trabajadoras”, añadió.
Por su parte, Fullerton subrayó la gravedad de la situación al compararla con la Ley de Aranceles Smoot-Hawley de 1930, que agravó la Gran Depresión. “La historia nos ha enseñado que el proteccionismo no es la solución. En lugar de ayudar, estas políticas podrían desencadenar una recesión económica, tanto a nivel regional como nacional”, afirmó.
Mientras tanto, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, respondió que su gobierno podría tomar represalias si los aranceles se implementan, y advirtió que estas medidas violarían el tratado comercial T-MEC.
En Texas, las opiniones están divididas. Aunque algunos políticos, como el comisionado de Agricultura Sid Miller, apoyaron la propuesta, otros, como el gobernador Greg Abbott, evitaron pronunciamientos claros, limitándose a expresar su respaldo general a medidas de seguridad fronteriza.
Consecuencias globales
Una análisis del New York Times señala que el amago de Trump de establecer aranceles a productos de México, Canadá y China podría ser parte de una estrategia para usar el poder del mercado estadounidense y negociar con otros países el control del flujo de drogas y migrantes hacia Estados Unidos. Sin embargo, incluso si se trata de un movimiento táctico, las amenazas ya están teniendo consecuencias tangibles, causando incertidumbre en mercados internacionales y cuestionando el futuro de los acuerdos comerciales negociados en años recientes.
El Times destaca cómo grupos empresariales y funcionarios extranjeros han criticado las declaraciones de Trump. Muchos han advertido sobre las repercusiones económicas de estas acciones, incluido el riesgo de una guerra comercial global que desaceleraría economías alrededor del mundo. Países como México y Canadá, así como China, han respondido con la posibilidad de imponer sus propios aranceles a productos estadounidenses, una medida que afectaría directamente a exportadores en Texas y otras regiones.
La amenaza de Trump también ha generado escepticismo entre inversionistas y economistas, quienes dudan sobre la viabilidad de imponer aranceles tan altos. Durante su campaña, Trump llegó a prometer un arancel del 60% sobre bienes chinos y un impuesto mínimo del 10% a todas las importaciones, propuestas que ahora resuenan como posibles detonantes de una crisis económica global.
En palabras del New York Times: “Antes de que Trump siquiera asuma la presidencia, sus amenazas ya están sacudiendo las relaciones comerciales más importantes de Estados Unidos y enviando ondas de choque a través de los mercados internacionales”.
El panorama sigue siendo incierto. Si bien queda por ver si Trump cumplirá con sus amenazas, expertos como Fullerton, Barela y Cañas coinciden en que los aranceles tendrían consecuencias inflacionarias y dañarían seriamente la economía de El Paso y la región fronteriza.