En un discurso cargado de firmeza y orgullo comunitario, el juez del Condado de El Paso, Ricardo Samaniego, declaró sin tapujos que no teme represalias de la administración del presidente Donald Trump por su defensa inquebrantable de los migrantes.
“No tengo miedo, de ninguna manera. Soy de una escuela de barrio, ¿cómo voy a tener miedo?”, afirmó con tono retador al término de la reunión mensual organizada por la organización empresarial Central de Negocios El Paso (CBA), celebrada en el Centro de Convenciones de la ciudad.
Ante empresarios y líderes comunitarios, Samaniego, cuyos padres emigraron desde Chihuahua, México, enfatizó que la solución a los desafíos actuales no radica en el Gobierno o en los políticos, sino en la unidad comunitaria.
“La solución es la comunidad, la solución es la unidad entre todos nosotros”, expresó, instando a empresarios y líderes locales a movilizarse.
Destacó la resiliencia única de El Paso y Juárez, ciudades que, pese a enfrentar cambios drásticos, tienen muchas posibilidades de éxito por su diversidad y solidaridad histórica con los migrantes.
El juez recordó las palabras del Papa Francisco: “No es un crimen ser migrante”, y criticó la narrativa nacional que estigmatiza a esta población, pese a que muchos estadounidenses descienden de familias inmigrantes. “En El Paso siempre vamos a tener apreciación al migrante”, subrayó, resaltando las contribuciones de la comunidad hispana al país.
Aunque Samaniego se declaró imperturbable ante las amenazas políticas, enfatizó que “mientras uno se agarre de la Constitución, no importa lo que hagan”, al referirse a la política antiinmigrante de la administración Trump. Relacionó esto con el arresto de una jueza de Wisconsin por agentes del FBI, tras presuntamente ayudar a un inmigrante indocumentado que compareció en su tribunal a evitar ser arrestado.
Asimismo, expresó preocupación por el tono autoritario del mandatario y apuntó: “Lo que más me asusta es la radicalización, la parte de ser un dictador, de no permitir que la gente tenga su opinión”, señaló, en referencia a comentarios del presidente sobre castigar a funcionarios que se opongan a sus políticas.
Reiteró que las fuerzas policiales de El Paso no colaborarán en la aplicación de leyes federales antiinmigrantes, enfocándose en su mandato local de prevención del crimen. “No tenemos los recursos ni la intención de participar en tácticas que llenarían las cárceles en dos semanas”, explicó, citando limitaciones logísticas y éticas.
Las declaraciones de Samaniego ocurren en un clima de tensión judicial, donde jueces federales han acusado a Trump de desacato por deportaciones masivas sin debido proceso, como los vuelos a la megacárcel de El Salvador.
El juez del Condado de El Paso aprovechó para cuestionar la retórica de “invasión” usada por el presidente: “No hay riesgo real de invasión; somos una comunidad que sabe manejar crisis migratorias con humanidad”.
Samaniego cerró con un llamado a la verdad y la acción: “Si no alzamos la voz ahora, la gente seguirá a quien hable más fuerte, aunque mienta”. Su discurso refleja no solo un desafío político, sino un manifiesto de identidad fronteriza, donde la defensa de los migrantes es inseparable de la justicia constitucional.
El cónsul general de México en El Paso, Mauricio Ibarra Ponce de León, resaltó la importancia del discurso de Samaniego al calificarlo como un líder de la comunidad, que ha hecho mucho por ambos lados de la frontera.
“Es muy importante que él mande el mensaje de unidad de trabajo conjunto y que destaque mucho el trabajo que el Condado ha hecho en toda la región”, dijo tras destacar la sensibilidad y la naturaleza binacional de la región. “El juez es alguien que además de que va y viene a México, específicamente a Ciudad Juárez, es una persona que le interesa mucho siempre el bienestar de la frontera, en la medida en que si le va bien a Juárez le va a ir bien a El Paso, y viceversa”.
Por su parte, Tammy Berg, fundadora de CBA, hizo hincapié en el fuerte carácter del funcionario al tomar el liderazgo en el tratamiento humanista dado tras la masacre del tirador de Walmart que dejó una estela de muerte y dolor.
“Él hizo el Jardín de Sanación en memoria de las 23 víctimas del atentado masivo en contra de la comunidad mexicoamericana, y tuvo una participación relevante en la atención de la pandemia del Covid-19, donde él personalmente participó en la entrega de las vacunas a comunidades de Ciudad Juárez”, dijo Berg tras resaltar su contribución en la unidad de la comunidad fronteriza.