En un llamado urgente a transformar la realidad de miles de estudiantes del centro-sur de El Paso, decenas de padres de familia, estudiantes y especialistas se congregaron esta semana en el Centro Comunitario Chamizal para participar en el foro “El Camino a la Educación Digna”, convocado por la organización Familias Unidas del Chamizal.
El encuentro, desarrollado íntegramente en español para garantizar la participación plena de las familias hispanas del área, puso sobre la mesa una serie de denuncias sobre trato desigual, negligencia educativa y racismo lingüístico que, aseguran, persiste en las escuelas públicas del barrio.
“Estamos aquí porque ya no podemos quedarnos callados. Nuestros hijos están sufriendo en un sistema que los ignora y que no responde a sus necesidades”, expresó Hilda Villegas, madre de familia y organizadora del evento.
“La educación en Estados Unidos no debería depender del código postal”, agregó Villegas.
Uno de los momentos más emotivos del foro fue el testimonio de Valeria Rodríguez, estudiante de preparatoria en Bowie High School, quien narró su experiencia enfrentando lo que considera discriminación dentro del aula.
“Una vez pedí permiso para ir al baño y la maestra me dijo que no, pero a otros compañeros sí los dejó salir. No era la primera vez. Me sentí invisible, como si no tuviera los mismos derechos que los demás”, relató la joven ante una audiencia visiblemente conmovida. “Ya no voy a quedarme callada porque mi voz importa”.
Rodríguez también cuestionó la falta de respuesta institucional ante sus quejas: “Cuando busqué ayuda con los consejeros, me ignoraron. Mover a un estudiante de clase no es una solución, es una forma de ocultar el problema”.
Ray Rojas, abogado y académico de estudios chicanos en UTEP, ofreció un contexto histórico sobre las raíces de la desigualdad en la educación pública del área. Recordó cómo durante décadas se asignaron recursos de manera desigual a escuelas del distrito como Bowie, en contraste con otras como Franklin, Austin o Coronado.
“El sistema educativo en El Paso ha clasificado históricamente a las escuelas según su población, y a las del barrio les ha tocado el abandono”, señaló. “Desde los años 70, los jóvenes chicanos ya lo veían: no se trataba de esfuerzo, sino de acceso. Y eso sigue vigente”.
Familias Unidas del Chamizal aprovechó el foro para presentar una serie de demandas concretas dirigidas al Distrito Escolar Independiente de El Paso (EPISD), entre las que destacan:
- Garantizar escuelas completas y funcionales desde el primer día del ciclo escolar 2025-2026.
- Crear un comité ciudadano de vigilancia para temas de equidad.
- Distribuir recursos de manera justa en todo el distrito.
- Atender problemas ambientales en los planteles escolares del barrio.
- Reabrir la primaria Beall para combatir la sobrepoblación en aulas.
Además de padres y estudiantes, al evento asistieron expertos en educación como Dan Heiman y la profesora jubilada Irma Camacho, quienes insistieron en que el rezago académico y el abandono institucional tienen un costo emocional y físico en la niñez.
“El estrés constante que sufren nuestros niños no solo les afecta en el aula; compromete su desarrollo completo, su salud y su futuro”, señaló Camacho.
Aunque representantes de la Junta Directiva de EPISD, como Leah Hanany y Jack Loveridge, acudieron al foro y manifestaron su respaldo al movimiento, los asistentes recalcaron que no basta con escuchar.
“Queremos ver acción. Queremos escuelas dignas, con maestros capacitados, consejeros disponibles y programas que ayuden, no que obstaculicen”, expresó Villegas. “Ya basta de que las escuelas del barrio sean vistas como de segunda”.
“Me da mucho orgullo ver que los papás ya están saliendo y están peleando tan fuerte. Esta era una de las áreas en las que los padres tenían miedo de decir algo o simplemente ir a la escuela a defender a sus niños y exigir una educación digna. Ahora me da mucho gusto que vengan aquí y digan: Ya basta”, declaró Norma de La Rosa, presidenta de la Asociación de Maestros en el Distrito de El Paso.
El foro cerró entre aplausos y la promesa de seguir organizados. Las pancartas colocadas en las paredes del salón lo decían todo: “Educación sin discriminación, sí”, “El silencio también es negligencia”, “Nuestros hijos merecen más”, “Basta con los traumas de la negligencia”, “La negligencia educativa crea un estrés que deja cicatrices físicas, mentales y emocionales”.