El anuncio de un acuerdo entre el presidente Donald Trump y su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum, para aplazar por 90 días la imposición de un arancel del 30% a productos mexicanos trajo un respiro temporal, pero no disipó la incertidumbre que desde hace semanas empaña el panorama económico en la región fronteriza.
Para líderes industriales y expertos en comercio internacional, el retraso de la medida es apenas un paliativo que deja intacta la crisis de confianza entre empresas y gobiernos. “Es una molestia porque los líderes empresariales tienen que aguantar 90 días más para entender lo que va a pasar con las tarifas. Esta decisión no resuelve nada”, lamentó Jerry Pacheco, presidente de Border Industrial Association (BIA).
El acuerdo alcanzado el jueves en Washington tiene como objetivo dar margen a nuevas negociaciones en el marco del T-MEC (USMCA, por sus siglas en inglés), pero empresarios en la frontera lo ven más como un juego político que como una solución de fondo. “Si tú estás manejando una maquila en Juárez o una planta aquí en Estados Unidos, no vas a contratar más empleados porque no sabes si en 90 días vas a tener que despedir gente. Es una locura”, afirmó Pacheco.
Desde Ciudad Juárez hasta El Paso, la falta de claridad en la política comercial estadounidense ha paralizado decisiones estratégicas, tanto en manufactura como en logística, inversión y empleo. Aunque la presidenta Sheinbaum ha reiterado su compromiso con el diálogo, analistas ven con preocupación que el gobierno de Trump esté usando las amenazas arancelarias como arma electoral, a pesar de los compromisos firmados con México y Canadá en el tratado comercial trilateral.
“Es increíble que tengamos un tratado firmado por los tres países y aprobado por el Congreso de Estados Unidos, y que una persona pueda simplemente decir que va a imponer aranceles, como si pudiera ignorar la ley”, reprochó Pacheco. “Es una falta de respeto”.
La tensión se agudiza a las puertas de una revisión formal del T-MEC, prevista para los próximos meses, y en medio de un entorno global que este viernes dio señales de vulnerabilidad. Los mercados bursátiles en Estados Unidos sufrieron su peor semana en meses tras conocerse nuevos aranceles a otros socios comerciales como Canadá y Suiza, además de datos preocupantes del mercado laboral estadounidense.
El índice S&P 500 cayó 1.6% este viernes y acumuló una pérdida semanal del 2.4%, su peor desempeño desde la turbulencia arancelaria de abril. La baja se vio impulsada por un informe del Departamento de Trabajo que reveló la creación de sólo 73 mil empleos en julio, muy por debajo de los 100 mil esperados, y la revisión a la baja de las cifras de mayo y junio en 258 mil empleos.
De regreso en la frontera, los empresarios no ocultan su frustración. “México también tiene que jugar el mismo juego. Acabamos de firmar un tratado, ¿y en cinco años lo quieren deshacer? Un país aliado no debería ser tratado así”, sentenció Pacheco.
Aunque la pausa arancelaria abre una nueva ventana para el diálogo, en los próximos 90 días la región seguirá operando en un limbo de planificación e inversión. “No podemos hacer nada. Esta indecisión afecta directamente a la industria”, concluyó.
Las próximas semanas dirán si los gobiernos logran transformar la tregua en certidumbre o si la frontera seguirá atrapada entre discursos electorales y decisiones comerciales erráticas.