Freeborn County, Minnesota— Durante casi 10 años, el cuerpo yacía en una tumba sin nombre en Minnesota, acompañado únicamente por las pistas que llevaba consigo: un anillo de rubí, monedas antiguas y la ropa que vestía cuando murió. No había identificación, ni pistas evidentes sobre quién era o cómo había llegado hasta el costado de la Interestatal 90.

El martes, las autoridades del condado de Freeborn anunciaron lo que parecía imposible hace una década: habían identificado al hombre como Luis Gilberto Robledo, un veterano de la Segunda Guerra Mundial nacido en El Paso, Texas, en 1923.

La identificación no llegó por métodos tradicionales de investigación, sino gracias a una sofisticada búsqueda genética que reveló, con notable rapidez, la identidad de un hombre cuya muerte probablemente ocurrió entre 2000 y 2012, años antes de que su cuerpo fuera descubierto en 2015.

“Este era un caso del que tenía pocas esperanzas de resolver hace 10 años”, admitió el sheriff Ryan Shea.

Las comparaciones iniciales de ADN a través de bases de datos estatales y federales no arrojaron coincidencias. Sin poder identificar a la persona, y con la muerte ocurrida años atrás, los investigadores se quedaron sin pistas reales después de los primeros meses de 2015.

El caso de Robledo ilustra tanto los desafíos como los avances recientes en la identificación de restos humanos. En 2021, la Oficina del Alguacil contactó al DNA Doe Project, una organización sin fines de lucro especializada en resolver casos de personas no identificadas mediante genealogía genética, la misma técnica que ayudó a capturar al asesino del Golden State.

Pero hubo un obstáculo significativo: Robledo era de ascendencia mexicana, y los casos hispanos presentan dificultades particulares en este tipo de investigaciones.

“Los casos hispanos son a menudo difíciles porque esa población está subrepresentada en las bases de datos de ADN a las que tenemos acceso”, explicó Jeana Feehery, líder del equipo del DNA Doe Project.

Sin embargo, cuando el ADN fue finalmente recolectado y analizado en 2024, los investigadores tuvieron un golpe de suerte: encontraron coincidencias cercanas de ADN tanto del lado materno como del paterno de Robledo. Esta doble ventaja permitió algo extraordinario.

“Pudimos identificar a los padres de nuestro John Doe en 24 horas”, dijo Feehery.

Los investigadores descubrieron que el cuerpo pertenecía al hijo de una pareja mexicana que había emigrado a Estados Unidos y se estableció en El Paso. Nacido en 1923, Robledo habría tenido edad suficiente para servir en la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que movilizó a cientos de miles de mexicoamericanos.

Ahora, después de una década de anonimato, la familia de Robledo tiene respuestas. Saben dónde está enterrado. Pueden, si lo desean, visitar su tumba.

“Estoy contento de que podamos proporcionar algunas respuestas a su familia después de todos estos años”, dijo Shea. “Podemos informarles dónde está su lugar de sepultura, si desean venir a visitarlo”.

El anillo de rubí que Robledo llevaba cuando murió permanece como un recordatorio silencioso de una vida vivida, ahora finalmente vinculada a un nombre, una ciudad natal y una historia que se remonta a través de generaciones y fronteras.

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