Días después de los ataques armados –registrados los días jueves 6 y viernes 7 de noviembre– contra agentes de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos (U.S. Border Patrol, USBP), el jefe del Sector El Paso, Anthony Scott Good, confirmó que el segundo de ellos, ocurrido el viernes, fue lanzando desde Juárez.

En lo que respecta al del jueves, un vocero de la misma corporación señaló que un agente reportó haber escuchado disparos percutidos en la zona del puente ‘Libre” el 6 de noviembre, aunque no está claro que el blanco fuera un agente.

“El 7 de noviembre, a las 7:44 am, un agente de la Patrulla Fronteriza de El Paso que se encontraba activamente persiguiendo a un grupo de migrales ilegales, reportó un disparó en su dirección desde el banco sur del Río Grande”, señaló Good a través de un comunicado enviado a El Diario de El Paso.

“Agentes adicionales de la Patrulla Fronteriza respondieron a la escena en un despliegue de fuerza. Ningún agente disparó sus armas y no se reportaron heridos”, agregó.

El titular de la vigilancia en los límites con México de todo el estado de Nuevo México y el Oeste de Texas señaló que en respuesta a la reciente ola de esfuerzos esfuerzos exitoso de aplicación a la ley, los agente de la Patrulla Fronteriza en El Paso han experimentado un notable incremento en violencia y ataques.

“Esta violencia no será tolerada, los responsables serán perseguidos sin tregua y procesados con todo el peso de la ley”, indicó el oficial.

Los incidentes reavivaron la preocupación histórica en torno a la violencia en la franja fronteriza y la creciente presión sobre los agentes federales en tareas de contención migratoria.

El ataque del viernes 7 se registró a las 7:44 de la mañana, cuando un agente estadounidense que perseguía a un grupo de personas que presuntamente intentaban cruzar de manera irregular reportó un disparo desde la orilla Sur del Río Grande. Inmediatamente se solicitó refuerzo, lo que derivó en una concentración significativa de unidades y helicópteros sobre el área.

Según la Patrulla Fronteriza, ningún agente respondió con arma de fuego y no hubo lesionados. “Tomamos con la máxima seriedad cualquier amenaza o acto de violencia contra nuestros agentes. Esta violencia no será tolerada; los responsables serán perseguidos y procesados con todo el rigor de la ley”, advirtió Scott Good.

El primer incidente, que Good no menciona en su comunicado pero que fue registrado por la agencia, se registró la tarde del jueves 6 de noviembre en las inmediaciones del puente internacional Córdova Américas. De acuerdo con reportes preliminares, una unidad de la Patrulla Fronteriza fue atacada desde el lado mexicano mientras realizaba labores de vigilancia, la cual presentó al menos un impacto de bala, pero no se reportaron agentes lesionados.

La agresión detonó un operativo de búsqueda en ambos lados de la frontera con participación de elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM), la Guardia Nacional (GN), Ejército Mexicano y la Fiscalía General del Estado (FGE).

El secretario de Seguridad Pública Municipal, César Omar Muñoz, confirmó que se solicitó una orden de cateo para ingresar a un domicilio donde se creía que se escondían los agresores. “Hubo llamadas donde se escucharon detonaciones contra la Patrulla Fronteriza, y ahora existe un operativo en el marcador 5”, informó ese día.

La línea internacional permaneció bajo vigilancia intensa, con vehículos tácticos, drones y helicópteros patrullando zonas cercanas al muro.

El incidente también abrió un intercambio de versiones iniciales sobre el origen del ataque. Mientras reportes preliminares apuntaban a que los disparos provenían del lado mexicano, el presidente municipal Cruz Pérez Cuéllar aseguró que la evidencia disponible indicaba lo contrario.

“Hasta anoche, el disparo se dio del lado americano y las autoridades americanas ya están revisando”, afirmó tras salir de la Mesa de Seguridad.

El aviso de la agresión fue enviado al CERI 9-1-1 desde el área entre los marcadores 24 y 25, a unos 100 metros del puente Córdova-De las Américas.

Videos difundidos por medios locales muestran a agentes estadounidenses recorriendo la ribera con binoculares y detectores de metales, ordenando a grupos de migrantes que abandonaran los arbustos donde se escondían.

Horas después, en la madrugada del viernes 7 de noviembre, se reportó un segundo ataque en la zona del llamado “Monumento al Cigarro”, ubicada al norponiente de Ciudad Juárez, al oeste del Puente Paso del Norte.

Agentes fronterizos detectaron un grupo de migrantes que cruzaba por un paso irregular entre los matorrales del Río Grande (conocido como Río Bravo del lado mexicano). Al intentar detenerlos, los oficiales fueron agredidos con proyectiles de arma de fuego desde territorio mexicano.

Del lado estadounidense, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) reforzó su vigilancia con patrullaje terrestre y aéreo, mientras que autoridades locales reportaron la detención de varias personas presuntamente relacionadas con el ataque.

En Ciudad Juárez, la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano desplegaron unidades en distintos puntos del bordo fronterizo.

Las agresiones ocurre en un período marcado por un incremento en las acciones de ambos países para frenar el tráfico de migrantes, drogas y contrabando, lo que ha generado nuevas fricciones y episodios de violencia.

En las últimas semanas se reportaron persecuciones, detonaciones y enfrentamientos derivados de actividades de tráfico de personas. En uno de los casos aún bajo investigación, se denunció incluso un disparo proveniente del lado estadounidense.

El criminólogo Óscar Máynez Grijalva, profesor de la UACJ, señaló que aunque la violencia en la zona norte del país está vinculada a actividades criminales transfronterizas, su intensidad se mantiene relativamente estable. “No veo que se haya recrudecido, pero sí se mantiene en niveles preocupantes”, expuso.

Los ataques contra agentes de la Patrulla Fronteriza no son nuevos. Uno de los casos más emblemáticos es el del joven Sergio Adrián Hernández Güereca, de 15 años, ocurrido en junio de 2010. El adolescente murió en territorio mexicano tras recibir disparos de un agente estadounidense, lo que derivó en una batalla legal que llegó hasta la Corte Suprema de Estados Unidos.

El máximo tribunal determinó que la familia de Sergio Adrián no podía presentar una demanda civil contra el agente involucrado, al considerar que la justicia estadounidense no puede extender su jurisdicción a hechos cuyo efecto se produce en otro país.

En aquella ocasión, la Patrulla Fronteriza defendió que el agente respondió a un supuesto ataque con piedras y reiteró que los elementos están autorizados a defender su vida ante amenazas.

El caso dejó marcada la relación bilateral en materia de seguridad y evidenció el nivel de tensión que puede surgir en una frontera donde agentes estadounidenses operan a escasos metros de territorio mexicano.

Las fuerzas de seguridad de ambos países mantienen coordinación para determinar quiénes participaron en la agresión y desde qué punto se efectuaron los disparos, en un contexto donde cada incidente tiene el potencial de escalar tensiones diplomáticas y operativas.

La Patrulla Fronteriza insistió en que “cualquier agresión contra nuestros agentes tendrá una respuesta inmediata”, y advirtió que los esfuerzos para detener a los responsables continuarán hasta su total esclarecimiento.

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