Víctor Manuel Díaz llegó a Camp East Montana cargando ya una historia de enfermedad y vulnerabilidad. El migrante nicaragüense de 36 años había padecido tuberculosis, y la mañana del 14 de enero último se quejó ante el personal médico de acoso por parte de otros detenidos y de un dolor de cabeza que calificó en ocho sobre diez.
Pocas horas después, a las 3:25 de la tarde, guardias de seguridad lo encontraron inconsciente con una ligadura alrededor del cuello. A las 4:09 p.m. fue declarado muerto.
Esos son los hechos que narran los documentos oficiales del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) de Estados Unidos. El informe clasifica la muerte como un presunto suicidio.
Sin embargo, la familia de Díaz y su abogado lo cuestionan abiertamente, luego de que una segunda autopsia practicada al cuerpo reveló, según el letrado, al menos “una enorme y flagrante discrepancia” con la primera.
Mañana de señales ignoradas
Según el informe de ICE, aquella mañana Díaz reportó a las 7:00 horas que otros detenidos lo estaban acosando. El personal de custodia lo trasladó a una sala médica de espera mientras se gestionaba una entrevista. El equipo médico documentó su apariencia desaliñada, estado de ánimo deprimido, afecto plano, habla lenta y uso de cubrebocas. Díaz negó tener pensamientos suicidas u homicidas y descartó alucinaciones.
Durante esa evaluación, el nicaragüense informó al personal médico su diagnóstico previo de tuberculosis y describió el incidente de acoso como “un malentendido”. Más tarde, se quejó de cefalea intensa y recibió ibuprofeno. Los signos vitales, consignó el informe, eran normales.
Lo que sucedió después sigue siendo objeto de controversia. A las 3:25 p.m., el personal de custodia lo encontró inconsciente dentro de la sala de espera médica. Enfermeras y proveedores –hasta diez personas, según el administrador del hospital que llamó al 9-1-1– comenzaron maniobras de reanimación: RCP, desfibrilador, suero intravenoso y adrenalina. Los paramédicos de El Paso llegaron a las 3:47 p.m., pero ya era tarde.
Segunda autopsia y ‘discrepancia flagrante’
El abogado de la familia, Randall Kallinen, confirmó que se realizó una segunda autopsia al cuerpo de Díaz –quien ya fue repatriado y sepultado en Nicaragua–, aunque aún no ha recibido el informe completo. “Hay al menos una enorme y flagrante discrepancia entre las dos autopsias”, afirmó Kallinen, quien evitó revelar los detalles hasta poder comparar ambos documentos.
La primera autopsia fue realizada en el Centro Médico del Ejército William Beaumont, en Fort Bliss, y no en la Oficina del Médico Forense del Condado de El Paso, como es habitual en muertes bajo custodia. Ese desvío procedimental es uno de los puntos que señala el abogado.
Además, Kallinen advirtió que el informe de ICE no identifica a los testigos del fallecimiento ni documenta con precisión lo que se dijo durante el incidente. “El informe simplemente repite que el centro de detención considera que la causa de muerte fue un suicidio”, criticó.
Centro bajo la lupa
Camp East Montana no es ajeno a las denuncias. En diciembre pasado, la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y el Proyecto de Derechos Civiles de Texas enviaron una carta conjunta, basada en entrevistas con 41 detenidos, en la que denunciaban las precarias condiciones del centro: problemas de salud mental sin atención, comida deficiente y malas condiciones sanitarias. Uno de los testimonios más perturbadores recogidos en ese documento señalaba que guardias habrían apostado sobre quién intentaría suicidarse a continuación.
“Camp East Montana tiene un historial horroroso en la prevención del suicidio y en el tratamiento de personas con angustia y problemas de salud mental”, señaló Kallinen. “Eso es responsabilidad de ICE”.
Díaz fue el segundo detenido en morir en enero en ese centro. El primero fue Geraldo Lunas Campos, un cubano de 55 años cuya muerte fue catalogada como homicidio por la Oficina del Médico Forense del Condado de El Paso.
La voz de una familia
En marzo, la familia de Víctor Manuel Díaz emitió un comunicado desde Nicaragua en el que agradecía a la comunidad de El Paso por exigir respuestas. “Víctor era una persona. Una persona amada”, escribieron. “Todos los detenidos en Camp East Montana merecen ser tratados con dignidad y protegidos del daño, para que sus seres queridos puedan volver a verlos algún día”.
La investigación continúa abierta. La causa oficial de la muerte aún no ha sido determinada públicamente. Mientras tanto, las interrogantes se acumulan alrededor de un hombre que llegó enfermo, pidió ayuda a tiempo y fue hallado muerto en la misma sala donde se suponía debía estar protegido.
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