En marzo, un desarrollador que trabaja en un centro de datos de Meta en El Paso, Texas, solicitó permiso para alimentar el sitio con una planta de gas lo suficientemente grande como para suministrar electricidad a 300,000 hogares.

Por lo general, aprobar una gran planta de energía podría requerir audiencias públicas y meses de revisión. Pero los reguladores ambientales de Texas dieron su aprobación en 20 días. No hubo ningún aviso público.

“Van a encender esas turbinas”, dijo Cynthia Crouse, quien vive a aproximadamente a una milla (1.6 kilómetros) del centro de datos y la planta de energía planeados de Meta. “Pensé que había comprado la casa de mis sueños, que estaría mirando el cielo oscuro, escuchando el aullido de los coyotes. Después desperté a la peor pesadilla que he tenido jamás”.

En el debate sobre los centros de datos, el uso de agua y el ruido son a menudo las objeciones que citan vecinos y ambientalistas. Lo que se menciona menos es la contaminación proveniente de las decenas de plantas de gas que alimentarán a estos centros de datos.

Cuando la planta de energía de las instalaciones de El Paso esté terminada, podría emitir tanto dióxido de carbono, que calienta al planeta, al año, como 360,000 vehículos de pasajeros de gasolina, cada uno conducido la distancia promedio que recorren los automovilistas estadounidenses en un año.

Con el respaldo de la administración Trump, los desarrolladores de centros de datos están construyendo sus propias plantas de energía, en lugar de conectarse a una red eléctrica.

A nivel nacional, al menos 82 plantas de energía a base de gas están siendo construidas o han sido propuestas para alimentar centros de datos, de acuerdo con el Environmental Integrity Project, una organización de investigación no partidista.

De construirse conforme a lo planeado, las plantas a base de gas podrían liberar tanta contaminación que calentará el planeta al año como la mitad de todos los vehículos de pasajeros en Estados Unidos, de acuerdo con estimaciones basadas en permisos, presentaciones regulatorias y otros datos recopilados por el Environmental Integrity Project.

También producirían contaminantes dañinos, incluidas partículas suspendidas, formaldehído y óxidos de nitrógeno, que forman smog y pueden contribuir a generar enfermedades cardiacas, asma, cáncer de pulmón, derrames cerebrales y otros padecimientos, entre las personas que viven cerca.

Texas ha sido particularmente agresivo en la aprobación de plantas de energía dentro de los propios predios de los centros de datos, otorgando permisos bajo un sistema de vía rápida que implica poco escrutinio o vigilancia pública. El estado concentra 39 de las 82 plantas de gas planeadas.

Cynthia Crouse afirmó que creía haber comprado la casa de sus sueños. Foto: Paul Ratje / The New York Times
Cynthia Crouse afirmó que creía haber comprado la casa de sus sueños. Foto: Paul Ratje / The New York Times

Para los centros de datos, la motivación de construir sus propias plantas de energía es sencilla. Conectarse a una red eléctrica puede tomar años. Y los centros de datos enfrentan una presión creciente para generar su propia energía, de manera que no drenen las redes locales ni disparen los precios de la electricidad.

Respaldo del presidente

“Les estoy diciendo que pueden construir su propia planta”, dijo el presidente Donald Trump en febrero, durante su discurso del Estado de la Unión. “Van a producir su propia electricidad”.

Las plantas de gas que se están diseñando para alimentar a los centros de datos estadounidenses “conllevan huellas ambientales significativas”, dijo Jen Duggan, directora ejecutiva del Environmental Integrity Project. “Y aun así, las están aprobando por la vía rápida”.

Victoria Cann, vocera del regulador ambiental de Texas, dijo que se determinó que las plantas que recibieron los permisos eran “protectoras de la salud humana y el medio ambiente”, y que no requerían aviso público.

Andy Stone, vocero de Meta, dijo que la empresa está “comprometida a compensar el 100% de nuestro uso de electricidad en El Paso con energía limpia y renovable”, y que Meta “no trasladará esos costos a los texanos”.

Durante su campaña en 2024, Trump dijo: “Soy ambientalista. Quiero aire limpio y agua limpia”. Cuatro meses después, ya como presidente, comenzó a debilitar protecciones ambientales basadas en leyes que se remontan a más de medio siglo atrás.

El riesgo es un aumento en la contaminación del aire, incluidos los gases de efecto invernadero que calientan al mundo, así como contaminantes que afectan la salud de las personas que viven cerca.

Días después de regresar al cargo en 2025, Trump emitió una orden ejecutiva, “Eliminando barreras al liderazgo estadounidense en inteligencia artificial”, diseñada para acelerar la construcción de centros de datos y facilitar su operación.

Texas es donde se concentra gran parte de esta actividad.

Foto: Paul Ratje / The New York Times
El Centro de El Paso. El estado de Texas ha hecho particularmente fácil obtener los permisos para las plantas de poder de los centros de datos. Foto: Paul Ratje / The New York Times

Para agilizar las aprobaciones, los reguladores de Texas también permiten a los desarrolladores dividir un gran proyecto de energía en fases más pequeñas, lo que significa que cada aprobación enfrenta reglas menos rigurosas.

El mes pasado, varios grupos ambientalistas, entre ellos el Environmental Integrity Project, notificaron formalmente su intención de demandar por esta práctica.

Enviaron un aviso legal requerido a dos desarrolladores de centros de datos, a la EPA y a Texas, alegando que los desarrolladores buscaban eludir reglas de contaminación más estrictas al solicitar cuatro permisos de vía rápida para dos plantas de energía que, en última instancia, tendrán 151 generadores a base de diésel.

En comparación con el gas natural, el diésel, al quemarse, produce más óxido de nitrógeno, dióxido de carbono y óxido de azufre, así como más partículas suspendidas.

De las 39 nuevas plantas de gas que se están construyendo en Texas para alimentar centros de datos, 15 han sido aprobadas por la vía rápida bajo procedimientos similares.

Las reglas del estado permiten que las instalaciones más pequeñas a veces califiquen para controles o monitoreo reducidos de contaminación. Las plantas de energía más pequeñas también pueden evitar los períodos de comentarios públicos, lo que significa que los residentes no tienen la oportunidad de opinar ni de hacer preguntas.

Desde el inicio del año pasado, el tiempo promedio de respuesta para estos permisos menos rigurosos, para plantas de gas vinculadas a centros de datos, fue de 18 días. En comparación, las empresas que solicitan permisos de emisiones al aire completos pueden esperar 285 días, de acuerdo con la Comisión de Calidad Ambiental de Texas (TCEQ), el regulador ambiental del estado.

El permiso completo requiere, entre otras cosas, revisiones técnicas detalladas, un examen del potencial de nueva contaminación del aire, y un período de aviso público.

“Estas cifras son alarmantes”, dijo Daniel E. Walters, profesor de derecho energético en la Facultad de Derecho de la Universidad Texas A&M. “Simplemente no hay una manera viable de hacer una revisión significativa de una solicitud de permiso en tan pocos días”, dijo.

El hecho de que Texas esté permitiendo que se aprueben grandes proyectos en fases más pequeñas crea un vacío legal, dijo Thomas O. McGarity, profesor de derecho administrativo y ambiental en la Facultad de Derecho de la Universidad de Texas, al ignorar los efectos ambientales acumulativos.

En el Oeste de Texas, un inmenso campus de centros de datos llamado Poolside AI está diseñado para requerir, en última instancia, 2 gigavatios de electricidad, suficiente para alimentar a una ciudad de 1.5 millones de hogares. Poolside planea buscar la aprobación de su generación de energía en ocho fases. Su primera fase recibió aprobación en apenas tres días.

Poolside no respondió a una solicitud de comentarios.

Avanza a toda velocidad

En el proyecto de Meta en las afueras de El Paso, Meta busca alimentar su centro de datos de 1 gigavatio en varias fases. Los primeros 366 megavatios provendrían de una planta de energía compuesta por más de 800 pequeños generadores a base de gas. La planta fue aprobada en 20 días.

En una extensión de terreno dentro de los límites de la ciudad de El Paso, Meta avanza a toda velocidad para construir un centro de datos de 14,000 millones de dólares. La empresa de servicios públicos local, El Paso Electric, había dicho previamente que Meta buscaría utilizar energía solar. En cambio, el plan del desarrollador contempla generadores a base de gas.

El Paso recibe con frecuencia una calificación de F por parte de la Asociación Estadounidense del Pulmón, debido a su alto número de días con smog nocivo.

La rápida aprobación del permiso de emisiones al aire ha generado enojo entre muchos residentes locales, al igual que la exención del 80% en el impuesto predial que El Paso le otorgó a Meta por construir ahí. La exención fiscal durará 35 años.

En una audiencia del cabildo en mayo, la gente esperó durante horas para expresar su oposición. Entre ellos estaba Michael Rodríguez, quien corrió al Ayuntamiento durante un descanso de su trabajo como cocinero en Mamacita’s, un restaurante mexicano en el centro de la ciudad.

“Cuando algo importante está sucediendo”, les dijo a los integrantes del cabildo, “díganoslo”.

También hay defensores

“Si El Paso deja de dar la bienvenida a las grandes inversiones”, dijo Ricardo Rivero, integrante de un sindicato que representa a trabajadores electricistas, en una audiencia posterior, “corremos el riesgo de frenar el crecimiento que ha creado oportunidades para trabajadores como yo”.

Meta dijo que se espera que el proyecto emplee a más de 4,000 trabajadores de la construcción durante su punto máximo. Sin embargo, organizadores locales han señalado que ese tipo de empleos son temporales. Después de que el centro de datos abra, habrá alrededor de 300 puestos permanentes, dijo Meta.

En respuesta al rechazo, la ciudad dijo que no buscará más centros de datos de gran escala. Muchos residentes exigieron que se cancelara el contrato con Meta, pero en junio el cabildo de El Paso rechazó una moción para hacerlo.