La estrategia militar impulsada por el presidente Donald Trump para combatir el narcotráfico en el mar no ha logrado reducir la cantidad de cocaína que llega a Estados Unidos, de acuerdo con evaluaciones internas de la Administración para el Control de Drogas (DEA) y del Pentágono reveladas por The Washington Post.

Según la investigación publicada este lunes por el diario estadounidense, los análisis concluyen que los ataques contra embarcaciones sospechosas de transportar droga han obligado a las organizaciones criminales a modificar sus rutas y métodos de operación, pero no han disminuido el suministro de cocaína ni elevado su precio en el mercado estadounidense.

La acción, denominada Operation Southern Spear (Operación Lanza del Sur), comenzó en septiembre de 2025 y ha consistido en ataques militares contra lanchas rápidas y otras embarcaciones en aguas internacionales frente a las costas de Sudamérica y Centroamérica.

Sin embargo, la evaluación de la DEA señala que los traficantes respondieron utilizando embarcaciones de mayor tamaño, acercándose a las costas para evitar ser atacados y recurriendo con mayor frecuencia a rutas aéreas y comerciales. Los grupos criminales también incrementaron el uso de pistas clandestinas en la frontera entre Colombia y Venezuela para enviar cargamentos hacia Guyana y Surinam.

De acuerdo con The Washington Post, funcionarios del Pentágono informaron en una sesión privada al Congreso que la pureza de la cocaína decomisada continúa siendo elevada, un indicador de que la oferta de la droga permanece estable. Además, la DEA concluyó que los precios regresaron a los niveles previos al inicio de la ofensiva militar después de un incremento temporal registrado durante los primeros meses de la campaña.

Las conclusiones contradicen las afirmaciones públicas del presidente Trump, quien ha sostenido en repetidas ocasiones que la operación redujo entre un 97 y un 98 por ciento el tráfico marítimo de drogas hacia Estados Unidos.

El portavoz principal del Pentágono, Sean Parnell, defendió la estrategia al señalar que el objetivo es detectar, interrumpir y desmantelar las organizaciones criminales, y afirmó que la adaptación de los cárteles demuestra la presión ejercida sobre sus operaciones, no el fracaso de la campaña.

No obstante, funcionarios colombianos consultados por el periódico aseguraron que el impacto ha sido mínimo y que los traficantes ahora recurren con mayor frecuencia a puertos comerciales y grandes embarcaciones para sacar los cargamentos del país.

La investigación también sostiene que los ataques han complicado el trabajo de inteligencia de la DEA. Tradicionalmente, los agentes dependían de informantes infiltrados para identificar rutas y líderes de las organizaciones criminales, pero muchos de esos colaboradores han sido retirados del terreno por temor a que resulten muertos durante las operaciones militares.

Mientras tanto, la producción mundial de cocaína continúa en niveles históricos. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito reportó que entre 2014 y 2024 la superficie dedicada al cultivo de coca prácticamente se triplicó y la fabricación ilícita de cocaína se cuadruplicó, factores que, según especialistas citados por The Washington Post, explican por qué la oferta sigue siendo abundante pese a los esfuerzos militares estadounidenses.

Incluso algunos de los principales responsables de la operación han reconocido las limitaciones de la estrategia. El general de la Marina Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, declaró ante el Senado que los ataques "probablemente no son la herramienta más efectiva" y que representan solo uno de varios instrumentos dentro del combate al narcotráfico.

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