Chihuahua, Chih.- Casi metido en la cancha, Jesús da instrucciones a gritos y echa porras a los jóvenes del equipo de futbol del Colegio de Bachilleres, en el que sirve de auxiliar técnico a pesar de la parálisis cerebral que padece desde su nacimiento, el 17 de diciembre del año 2000.

A sus 24 años, estudia en la UACH y ha vencido la apuesta de los médicos de que ni siquiera podría caminar, integrándose al equipo del plantel 10 del Cobach -del que egresó hace seis años- no como jugador, pero sí como ayudante y estratega del director técnico, José Luis Fernández.

“Su único defecto es que le va al Cruz Azul”, bromean a su alrededor las personas que lo admiran y respetan por la forma en que enfrenta la adversidad que día a día, minuto a minuto, le representa la discapacidad.

Ayer por la mañana, Jesús Alejandro Zúñiga Acevedo fue de los primeros que llegó a la cancha recién inaugurada del plantel 4 del Cobach, en la colonia Panorámico.

Con su cuaderno de apuntes y estrategia bajo el brazo, empezó a preparar el juego con los alumnos del plantel 10 que ayuda a dirigir al profesor Fernández Madrid, quien fue su maestro en el Cobach y ahora es quien guía sus prácticas universitarias.

Inscrito en la carrera de Entrenamiento Deportivo de la Facultad de Ciencias de la Cultura Física de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Jesús combina el estudio con la práctica a nivel de cancha, además de que también da algo de terapia en el Gimnasio Adaptado del Gobierno Municipal, ubicado en la zona de El Palomar.

Su padre, mientras observa al auxiliar técnico dar algunas instrucciones, recuerda cómo desde que nació las expectativas de vida de su hijo eran pobres, por los problemas de salud evidentes, la falta de motricidad y la epilepsia, que le continúa hasta la fecha.

“Los médicos nos decían que ni siquiera iba a poder caminar”, dice, mientras voltea de lado a lado siguiendo la pelota en la cancha, en el partido de fin de semestre que disputan los alumnos de ambos planteles del Cobach.

El hijo de enmedio, entre dos hijas más, les representó a la familia un reto que el mismo Jesús ha enseñado que puede superar, pues sólo requirió de apoyo especial los primeros años de la escuela primaria, después de que por fin pudo empezar a dar algunos pasos cerca de los cinco años de edad.

Desde luego que ha demandado un esfuerzo extra, comenta su papá, tan solo para apoyarlo en trasladarlo cada vez que lo requiere a sus partidos y entrenamientos, de lo que en gran medida se encarga su madre.

Pero ha valido la pena porque Jesús ha librado las dificultades que le impone su discapacidad, reflejada en la forma en que camina, en el esfuerzo que le representa moverse, debido a la desviación pronunciada de cadera y fémur, entre otras tantas complicaciones.

Para que pudiera cumplir sus sueños, fue esencial, señala su papá, las terapias y atención integral que recibió en el Centro de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT), del que fue uno de sus primeros pacientes, tenía la credencial número 80.

En el CRIT, reconoce, recibió su hijo un gran impulso por la atención médica, física, neurológica y psicológica, que ahora se ve reflejada en la actitud segura y con toda seriedad que asume en el manejo técnico del equipo, actividad que realiza porque el futbol es su pasión, a la vez que cumple con la asignatura universitaria, con apoyo del maestro Fernández, a quien le tocó tenerlo como alumno hace casi 10 años, cuando ingresó al Cobach.

Forzado fan de la Máquina

“Súbele”, “bájate”, “ábrete”, “bien, Soria”, “bien, Escorpio”, “ahí mero”, son algunas de las frases que, atento al juego, a veces junto al profesor Fernández o a veces alejado de él, grita Jesús a los jugadores que atacan o defienden en la cancha.

Hasta hablar le cuesta más trabajo que a cualquier persona, pero no escatima en expresiones para dirigir, motivar al equipo y a la vez aprender en la práctica específica del deporte.

Refleja en el partido desde preocupación hasta emoción, a la vez que hace o revisa apuntes en su cuaderno mientras se desarrolla el encuentro. Luego, enfundado en una sudadera del Cruz Azul que todo mundo le critica en cuanto la ve, porque dicen los aficionados que es de mala suerte irle a ese equipo, Jesús termina el encuentro feliz, a pesar de la derrota por tres tantos que le propinaron al Cobach 10.

Después de haber estado guiando jugadas y siguiendo con emoción las patadas al balón por parte de sus muchachos y sus rivales; después de caminar, casi correr, por la banda y casi dentro de la cancha de un lado a otro, acepta una entrevista con El Diario mientras se despide amistosamente de sus compañeros jugadores.

Fiel creyente de Dios, lo demuestra en cada respuesta sobre sus actividades diarias, su rutina, su pasión por el futbol y sus ganas de seguir haciendo lo que le gusta.

Dice que, gracias a Dios y a su familia, ha logrado superar los obstáculos que le impone su discapacidad y que su sueño es graduarse de la carrera que eligió, para seguir haciendo lo que le gusta y disfruta, el futbol desde cualquier posición.

Sabe que debe estar fuera de la cancha porque, si bien de más chico había logrado jugar con amigos y en equipos como los del Cobach, ahora siente que debe cuidarse más porque su salud lo obliga a eso, no puede andarse exponiendo a golpes y otros esfuerzos. Así, primero lo primero, que es cuidar su estado físico, señala. Comenta que cada mañana busca levantarse con buena actitud para hacerle frente al estudio y demás actividades, lo que generalmente logra hacer porque es lo que le gusta.

Anteriormente, señala, ingresó a estudiar la carrera de Periodismo a la UACH, interesado en especializarse tal vez como comentarista deportivo, pero definitivamente no fue lo suyo, así que optó por dejar de lado la educación universitaria unos años. Además, la pandemia de 2020 se atravesó y no había forma de continuar.

Pasada la contingencia, decidió entrar a la Facultad de Ciencias de la Cultura Física, donde una de sus hermanas estudia otra carrera, y así asumió el reto de prepararse académicamente, lo que complementa con la actividad deportiva a su alcance.

Sobre su afición al Cruz Azul, muestra que no desconoce las fuertes críticas que pesan sobre el equipo que presume su único campeonato en muchos años, al menos en la sudadera que porta con orgullo.

Bromea con que es fan forzado de la máquina celeste porque un día vio a un tío que observaba un partido del América y fue él quien lo convenció de ser seguidor de las poderosísimas águilas, como le dicen sus aficionados.

Sin embargo, al llegar a su casa y decirle a su papá que le iba al América, su padre le respondió: “pues ve buscando dónde vas a vivir, porque en esta casa no le puedes ir al América”. Así, dice sin ocultar la risa, no le quedó de otra que cambiar de camiseta y, hasta la fecha, es el equipo al que defiende y del que sigue todos sus partidos.

Jesús dice estar consciente de que cualquier decisión o reto que decida tomar le va a costar más trabajo que a las demás personas.

Pero aún así pretende asumir el riesgo de hacer las cosas, en gran medida por el apoyo familiar que siente y vive, pues es su familia -sostiene- la que lo ha refugiado en los momentos difíciles, la que le ha ayudado a salir adelante cuando se ha sentido mal por ser dismcriminado y la que lo sigue impulsando a perseguir sus sueños.

“Su único defecto es que le va al Cruz Azul”, compañeros de Jesús.