Ciudad Juárez.- El sistema de presas de Chihuahua que aporta agua al río Bravo registra niveles de almacenamiento reducidos, lo que limita el margen con el que México puede administrar el recurso dentro del esquema binacional de distribución con Estados Unidos, advierte el informe “Potencia hídrica: la agricultura en la frontera” del Banco de Desarrollo de América del Norte (NADBank).

El estudio analiza la agricultura en la franja fronteriza desde la perspectiva del agua y señala que la cuenca del río Bravo –de la cual forma parte Ciudad Juárez– depende en buena medida de aportaciones provenientes de afluentes mexicanos, particularmente del río Conchos.

En esa cuenca se localizan presas estratégicas para el sistema, como La Boquilla y Francisco I. Madero (Las Vírgenes), que actualmente operan con bajos porcentajes de llenado.

De acuerdo con el documento, la capacidad de almacenamiento en embalses del lado mexicano que contribuyen a las entregas de agua del río Bravo se estima en 3.86 millones de acres-pie.

Sin embargo, dos de las presas más importantes concentran la mayor parte de ese volumen.

La Boquilla representa alrededor del 60 por ciento, y la presa Carranza, en Coahuila, cerca del 18 por ciento.

Según el análisis, ambas registran niveles reducidos y, aun así, mantienen un papel fundamental en las entregas de agua de México hacia Estados Unidos.

El informe advierte que esta situación reduce la capacidad de regulación del sistema, es decir, el margen para responder a períodos de sequía, variaciones en los escurrimientos o necesidades agrícolas a lo largo de la frontera.

La presión aumenta porque el río Bravo es una fuente esencial para distritos de riego en ambos países y, además, figura entre los ríos más sobreexplotados de Estados Unidos, debido a sequías prolongadas y al uso intensivo de sus aguas, agrega.

El NADBank subraya que la agricultura fronteriza depende de sistemas de agua superficial y subterránea cada vez más frágiles.

“Conforme se reducen las reservas en presas se debilita la capacidad del sistema para sostener entregas regulares de agua dentro de los ciclos establecidos por los acuerdos internacionales, lo que incrementa la vulnerabilidad ante escenarios de sequía prolongada”, anotó.

El documento también advierte que la variabilidad climática, la sobreasignación histórica del recurso y la disminución en los almacenamientos están elevando los riesgos para la viabilidad de largo plazo de la producción agrícola en la región del río Bravo.

Frente a este panorama, el banco plantea la necesidad de fortalecer la cooperación bilateral, modernizar la infraestructura de riego y mejorar la gestión del agua como medidas clave para reducir la presión sobre la cuenca.

En conjunto, el análisis presenta al río Bravo como un sistema con menor “colchón” hídrico que el pasado, donde los bajos niveles en presas mexicanas reducen la flexibilidad operativa del esquema binacional justo en un contexto de sequías más frecuentes y mayor demanda de agua en la frontera.