La principal razón para tener acuerdos y llevar una buena relación entre los gobiernos es y siempre deberá ser el interés de los gobernados. Cuando existen diferencias políticas, éstas no deberían trasladarse a asuntos como seguridad, agua, economía o atención de emergencias.

La relación entre la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora María Eugenia Campos ofrece un ejemplo de cómo las diferencias entre administraciones pueden terminar ocupando demasiado espacio. Este sábado ambas se encontrarán en el aeropuerto de Ciudad Juárez, aunque no habrá la reunión de trabajo solicitada por Campos. Los asuntos planteados serán atendidos posteriormente por la Secretaría de Gobernación.

Campos había solicitado abordar seguridad, el Tratado de Aguas de 1944 y la problemática ganadera, además de invitar a Sheinbaum a una mesa de seguridad en la Torre Centinela. La Presidenta explicó que su agenda contempla el evento en Juárez y posteriormente viajar a Baja California.

La distancia entre ambas administraciones se profundizó tras la controversia por la participación de agentes estadounidenses en un operativo antidrogas en Chihuahua. El caso generó cuestionamientos federales y una investigación sobre lo ocurrido.

Aquí resulta poco útil discutir quién comenzó primero. La pregunta importante es cómo debió funcionar la relación desde el principio. Federación y Estado tienen responsabilidades distintas, pero inevitablemente compartidas cuando enfrentan problemas que rebasan sus propias capacidades.

Chihuahua necesita coordinación permanente. La inseguridad, el agua y los problemas de la ganadería no distinguen partidos. Incluso este viernes Sheinbaum destacó en Guanajuato los resultados que atribuyó a dejar diferencias políticas de lado y fortalecer la coordinación con un gobierno estatal opositor.

Ese debería ser el punto de referencia. Una relación institucional no exige coincidencias políticas ni amistad entre gobernantes. Sabemos que las amistades entre políticos no existe. Exige comunicación, reglas claras y capacidad para sentarse a resolver problemas. Al final, cualquier desencuentro entre gobiernos termina afectando a quienes ninguno debería perder de vista, los ciudadanos.