Ciudad Juárez.- La mañana de ayer, familiares de Isac Heberto L. D. acudieron a las instalaciones de la Fiscalía de Distrito Zona Norte, para realizar el trámite de reconocimiento del cadáver del hombre de 19 años, localizado sin vida el domingo pasado.
Salieron del recinto y hablaron brevemente con personal de una funeraria. Esperan, dijeron, que todo quede listo para hoy empezar los servicios funerarios y poder despedir a Isac, o Betito, o Bobo, o Tesoro, como se refieren a él.
No encuentran explicación, y la Fiscalía no les da una tampoco. No saben aún qué ocurrió. Aseguraron a la familia que no fue un ajuste de cuentas, o algo relacionado con el crimen organizado, por lo que saben hasta el momento. Solo se sabe, de manera preliminar, que presentaba heridas probablemente de arma de fuego.
Isac era buscado desde el 23 de noviembre, pues dejó de responder mensajes cerca de las 5:00 de la tarde. Había ido con familiares suyos a jugar videojuegos, Fifa –futbol soccer– en particular.
“Estamos buscando a mi hermano, no se sabe nada de él desde las 5 pm del 23 de Noviembre, responde al nombre de Isac Heberto López Delgadillo, cualquier información nos es útil”, decía la imagen con su fotografía difundida en redes sociales.
Cerca de las 3:00 de la tarde del domingo 24, la familia recibió una llamada de una de las muchas personas que estuvieron atentas a dar con él. Su coche, un Chevrolet Cobalt blanco, estaba estacionado en la calle Domingo García Ramos, casi cruce con la Félix Candela, en Horizontes del Sur.
Al lugar fueron su padre, su madre y su hermana. El hallazgo: el cuerpo de Isac en el asiento trasero, con el cuerpo cubierto con una cobija azul y la cabeza en una bolsa de plástico asegurada con cinta adhesiva negra.
Desde ese momento, la mamá y hermana decidieron resguardarse en casa. Ahí está su duelo por el momento. Fue el padre quien acudió a Fiscalía, junto con dos tías y madrinas de Isac y sus esposos. Después de los trámites, aceptaron hablar con El Diario.
Un líder de excelenciaSu padre habla de él y su pecho se hincha de orgullo, pero los suspiros de dolor le arrebatan la postura. Durante la conversación, cada vez que sus manos empiezan a temblar al igual que su voz (y probablemente sus ojos se llenan de lágrimas que no se ven por los lentes oscuros que lleva) decide dar un trago a su suero de electrolitos, para disimular, y seguir platicando.
Isac nació el 3 de febrero de 2005. Desde el inicio fue curioso, líder, de excelencia en todo lo que hacía, sociable y de buenos modales. Así lo criaron sus padres, dice una de las madrinas de “Betito”, como también le conocían. No había evento, partido, concurso o junta a la que ellos faltaran, con ninguno de sus dos hijos, aseguran.
En la primaria Arcadio González Chávez, de tercer a sexto grado, Isac fue corneta en la banda de guerra. Uno grande, dice su padre. Fueron a concursos locales, regionales, estatales y hasta nacionales.
En la secundaria pasó por la Técnica 91, pero se quedó en la Técnica 15, con piel de dragón, pero ya no en la banda de guerra. Quería dejarse crecer el pelo, dice su padre. “‘Quiero el pelo normal, me quiero peinar’”, cuenta que le pidió. “Sí, mi niño, lo que tú quieras hacer”, le contestó.
En la secundaria, como en cada escuela, tenía amigos por montones, y lo invitaron a jugar futbol, primero en un equipo amateur, y luego fue llamado por las Fuerzas Básicas del Necaxa. Dos años en el equipo le permitieron viajar a Guanajuato y Aguascalientes.
En la preparatoria logró entrar al CBTIS 128, pero después de un año decidió buscar su propio sueño, ejercer la medicina. El primer paso era ser enfermero por el Centro Médico de Especialidades, que tiene un plan de estudios que exige al estudiante, dice su papá.
Tenía la vocaciónSabía que la enfermería le daría herramientas para estudiar Medicina General, para ser médico, pero también que le permitiría tener el tacto que, creía, le faltaba a veces a los doctores.
Estudiaba mientras trabajaba en un local de videojuegos en Plaza Sendero Las Torres.
Cuando no estaba tratando de aprender algo, o en su trabajo, disfrutaba estar en casa, con su familia. Salía, de hecho, con su familia, sus primas o sus tías. Era raro que saliera con amigos. Era de las personas que disfrutaban de quedarse en casa a ver una película, o pasarse horas hasta la madrugada con juegos de mesa o rompecabezas titánicos.
Su familia lo recuerda también guapo, enamoradizo, con corazón para quien lo quisiera, pero no por falta de cariño, sino porque le sobraba. Lo sabían respetuoso, cortés, dedicado.
Cuentan que su hermana, mayor por 16 meses, no podía decirle “bebé” cuando recién se conocieron, y le decía “bobo”, así que ese fue otro de sus apodos, como el de “Tesorito” para sus tías/madrinas.
Su padre cuenta con emoción cómo sin siquiera él tener una motocicleta, Isac le pedía una, y le regalaron en una de sus primeras navidades un símil, una cuatrimoto eléctrica pequeña. Aunque ni conducirla sabía, la emoción era más. La pasión de un infante estaba satisfecha.
Tienen muchas historias sobre él que sobrepasan la experiencia que ahora viven, y las repiten para poner la sonrisa en sus bocas, aunque sus ceños muestran tristeza.