Ciudad Juárez.- La doble tragedia en la que un adicto terminó con la vida del pastor evangélico, Mauro Cabañas, responsable del centro de rehabilitación “La Entrada Triunfal”, debe ser motivo de una honda reflexión acerca de lo que sucede en la ciudad con el gravísimo problema de las drogas.

De acuerdo con un sector de la población, entre el que se encuentra el senador morenista, Juan Carlos Loera, han sido mostrados posicionamientos pocos serios en el sentido de que elementos de la Policía Municipal actuaron de manera negligente.

Se culpa a los agentes de haberlo dejado amarrado con el pastor Cabañas, y cuando éste finalmente lo desató, vino la primera tragedia.

La segunda fue la muerte del agresor, Édder Iseel A. M., de 34 años de edad, quien evidentemente no puede ser llamado “loco” a la deriva, porque al final de cuentas es una víctima más del crimen organizado.

Ya sufría serios daños cerebrales, había matado a un perro y se paseaba desnudo por las calles de su colonia. Algo terrible.

¿Qué hubiera pasado si la policía no interviene? Hasta ahora sabemos que su madre y hermana le habían prohibido entrar a la casa.

Era grave su problema de adicciones; habían afectado sin remedio su estado mental. Si los efectivos no hubiesen intervenido, estaríamos hablando también de la muerte de su madre y hermana. Sin Duda. Por fortuna ella rechazó que fuera devuelto a su casa.

No podemos tomar tragedias humanas para convertirlas en banderas políticas. Eso es igualmente triste que la muerte de ambas personas.

Lo que deberíamos analizar es, por ejemplo, la falta de atención para enfermos mentales. Muchos de ellos caminan sin rumbo por las calles de la ciudad, pero otros viven con sus familias, y representan un riesgo.