Durante una sesión del pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, una frase de la ministra María Estela Ríos González terminó por desatar un debate que rebasó el tema que se discutía. La intervención ocurrió mientras los ministros analizaban la constitucionalidad de una reforma del Congreso de Chihuahua relacionada con la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género y la familia. En ese contexto, un comentario sobre los nacimientos mediante fertilización in vitro generó cuestionamientos y abrió una discusión pública sobre el alcance de sus palabras.
En medio de su argumentación, la ministra dijo: “Salvo quien haya nacido no sé mediante un ¿qué? Un ¿cómo le llaman estos...? In vitro, que haya nacido in vitro, a la mejor podríamos estimar que no forma parte de la familia, pero mujeres y hombres formamos parte de la familia”.
La frase, pronunciada como parte de una explicación sobre el concepto de familia, generó cuestionamientos inmediatos. La fertilización in vitro es una técnica médica utilizada por miles de familias que, por diversas condiciones de salud o problemas de fertilidad, no pueden concebir hijos de manera tradicional. Para ellas no es un experimento ni una rareza científica, sino una alternativa legítima para construir una familia.
Un niño nacido mediante este método llega al mundo con el mismo amor y la misma expectativa con la que se recibe a cualquier hijo. La diferencia está en el proceso médico que permitió su nacimiento, no en el vínculo familiar que lo espera.
Tras la polémica, la ministra afirmó que su comentario fue sacado de contexto. Sin embargo, el episodio deja una lección inevitable: quienes ocupan un asiento en la Suprema Corte deben pensar cuidadosamente sus palabras. En un tribunal constitucional, cada expresión tiene peso público. Y cuando se habla de familia, derechos y dignidad, la precisión no es un detalle menor.