Ciudad de México.- En los últimos años, la política mexicana ha experimentado una serie de cambios que han despertado preocupación en diversos sectores de la sociedad. Bajo el gobierno de Morena, hemos visto un avance preocupante hacia la concentración del poder, la República está peligrando cada vez más.
La Constitución Mexicana establece que ningún partido puede tener más del 8% de sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados. Sin embargo, bajo la administración de Morena, se ha evidenciado una tendencia a aprovechar vacíos legales para aumentar su presencia en el Congreso, superando este límite y distorsionando la voluntad popular. Morena y sus aliados lograron una mayoría calificada en la Cámara de Diputados con un 72.8% de los escaños, cuando solo obtuvieron el 59% en la votación, y 64.8% en la Cámara de Senadores. Este fenómeno es una clara violación al principio de proporcionalidad y pone en riesgo la pluralidad política que debe existir en cualquier democracia saludable.
La reciente reforma al Poder Judicial propuesta por el Ejecutivo ha sido otra señal alarmante. Bajo la premisa de combatir la corrupción y mejorar la eficiencia, se ha propuesto una reestructuración que, en la práctica, otorga un control sin precedentes al Presidente sobre la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Esta reforma incluye la sustitución del Consejo de Judicatura Federal, que se encarga de la administración de la Judicatura y de la vigilancia de la actuación de los jueces. La propuesta busca que sea reemplazado por dos instituciones: el Tribunal de Disciplina Judicial y el Órgano de Administración Judicial, además de la elección de jueces y magistrados por voto popular. La independencia del Poder Judicial es un pilar fundamental para el equilibrio de poderes, y su erosión amenaza con convertirlo en un simple apéndice del poder presidencial.
Otro aspecto preocupante ha sido la desaparición de órganos autónomos, bajo el argumento de reducir el gasto público y eliminar duplicidades. Entre los más relevantes se encuentran la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI). Estas instituciones han jugado un papel crucial en la protección de los derechos humanos y la transparencia gubernamental, y su eliminación representa un retroceso en los avances democráticos logrados en las últimas décadas. La centralización del poder en manos del Ejecutivo, sin contrapesos efectivos, abre la puerta a abusos y opacidad.
La militarización del país es otro tema que no puede pasar desapercibido. Bajo la administración actual, las Fuerzas Armadas han asumido roles que tradicionalmente correspondían a autoridades civiles, como la seguridad pública y la construcción de obras de infraestructura. Esta tendencia a militarizar funciones civiles no solo pone en riesgo los derechos humanos, sino que también debilita las instituciones democráticas. El Ejército, cuya función principal es la defensa nacional, se ha visto involucrado en tareas que van más allá de su mandato constitucional, generando preocupación tanto a nivel nacional como internacional.
Finalmente, la propuesta de eliminar la representación proporcional en el Congreso ha generado un fuerte debate. La representación proporcional es un mecanismo que garantiza que las minorías políticas tengan voz en el legislativo, y su eliminación consolidaría aún más el poder del partido mayoritario. Esta medida, impulsada por Morena, busca reducir la presencia de la oposición en el Congreso, lo que limitaría el debate y la diversidad de ideas en la elaboración de leyes.
Estos cambios representan un grave retroceso para la democracia mexicana. La concentración de poder en un solo partido, la erosión de los contrapesos y la militarización de funciones civiles son señales claras de un debilitamiento de nuestras instituciones democráticas. Es fundamental que los ciudadanos y los partidos de oposición nos mantengamos vigilantes y exijamos el respeto a la Constitución y al estado de derecho. La democracia en México no puede darse por sentada; debemos luchar por ella cada día.