Decidida la Rectoría de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y lanzada la convocatoria para elegir a sus cuatro directores de institutos, es ahora el momento oportuno para evaluar la administración del saliente rector, Juan Ignacio Camargo y reflexionar sobre el porvenir con Daniel Constandse.
La máxima casa de estudios reúne a una comunidad de aproximadamente 40 mil personas, entre estudiantes, catedráticos y personal administrativo. Destacado por su disciplina y sobriedad, Camargo Nassar ha dejado un legado de estabilidad y desarrollo mediante proyectos clave que han beneficiado a la universidad en su conjunto. Entre estos logros se encuentra la renovación del bufete jurídico, que proporciona un espacio adecuado para la atención ciudadana; la construcción de un gimnasio de alto rendimiento, que fomenta el deporte y la actividad física entre los estudiantes; la reactivación del centro de lenguas, dirigido tanto a la comunidad universitaria como a la industria maquiladora; y la creación de un centro de simulación en el Instituto de Ciencias Biomédicas, equipado con tecnología avanzada para la enseñanza de la medicina. Estas iniciativas han contribuido a un período de estabilidad política, una gestión administrativa rigurosa y un apoyo significativo al deporte universitario. La transición hacia una nueva administración bajo el liderazgo del rector electo, Daniel Constandse, presenta retos importantes que reflejan tanto el crecimiento como la complejidad de la institución, orgullo de los juarenses. Uno de los problemas más persistentes es la falta de representatividad en los procesos de elección interna. Actualmente, no todos los programas y unidades académicas tienen voz en estos procesos eleccionarios, lo que genera un desequilibrio en el Consejo Universitario. Ese desajuste favorece a una "élite" académica y deja fuera a muchas áreas que también deberían estar representadas, comprometiendo el principio de equidad en la gobernanza universitaria. Particularmente, crítica es otra situación, la de los maestros por honorarios. Estos docentes, fundamentales para la enseñanza, no tienen acceso a seguridad social ni a contratos estables, lo que exige una revisión urgente para garantizar condiciones laborales justas. Además, los sindicatos son vistos como demasiado alineados con la administración, lo que ha generado desconfianza y demandas de una representación más auténtica de los intereses de sus miembros. Por otro lado, los docentes de tiempo completo exigen mayor transparencia en la gestión de los recursos destinados al fondo de pensiones y a los servicios médicos, ya que muchos de ellos se acercan a la jubilación y esperan conservar los beneficios que generaciones anteriores han disfrutado durante años. Aunque se han logrado avances en varios aspectos, persisten críticas sobre ciertos procesos administrativos que siguen siendo opacos, alimentando la percepción de falta de transparencia en la gestión de recursos. El desequilibrio entre el gasto administrativo y el académico también ha sido un tema de debate constante. Las administraciones anteriores han sido cuestionadas por permitir un crecimiento desmesurado del aparato burocrático a costa de las áreas académicas. Esa tendencia ha venido revirtiéndose con el inicio de un proceso de reestructuración administrativa que, aunque ha mostrado progresos, todavía está lejos de completarse. Los modelos educativos en la Autónoma juarense también enfrentan desafíos considerables. El modelo 2020 nunca fue finalizado ni se evaluó objetivamente su impacto, generando incertidumbre sobre su eficacia y pertinencia. A ello se suma la introducción del modelo 2040, percibido como improvisado y "sacado de la manga", sin una participación real de la comunidad universitaria en su desarrollo. Esta falta de inclusión ha provocado confusión y críticas, afectando la cohesión y la confianza en los procesos de reforma educativa. Aunque la pandemia obligó a la institución a adoptar rápidamente la educación a distancia, y aunque la respuesta institucional ante esta crisis sanitaria fue notoriamente efectiva, al término de la misma, las modalidades virtuales no han representado un avance sustancial en la oferta educativa. Han quedado por debajo de las expectativas de una transformación significativa hacia esta modalidad. También tenemos el deterioro de las bibliotecas universitarias en los últimos 12 años. Alguna vez fueron un referente de innovación con reconocimiento internacional. Es notable el desgaste. Esos espacios han pasado de ser centros avanzados de recursos académicos y tecnológicos a simples "centros de servicios bibliotecarios", con colecciones desactualizadas y una infraestructura que ya no responde a las necesidades de una comunidad universitaria moderna. Semejante degradación ha afectado negativamente no solo la calidad educativa, sino también la equidad en el acceso a recursos entre estudiantes y docentes, limitando el apoyo que las bibliotecas podrían ofrecer al aprendizaje y la investigación. Otro desafío crucial para el nuevo rector es mantener una relación constructiva con el próximo gobierno de la 4T, liderado por Claudia Sheinbaum, que priorizará, obviamente, las universidades del Bienestar y podría relegar a un segundo plano a las universidades públicas como la UACJ. Será esencial gestionar de manera estratégica para asegurar recursos adicionales destinados a la investigación y la mejora de la infraestructura educativa, así como para avanzar en áreas estratégicas como la inteligencia artificial. Además, las crecientes presiones para implementar la gratuidad universitaria podrían recibir apoyo desde el centro del país, pero también podrían poner en riesgo la captación de recursos si se exige esta medida sin el respaldo financiero adecuado. Tal escenario requerirá una gestión delicada, ya que los sectores más radicales dentro de la universidad estarán vigilantes y críticos respecto a las decisiones que se tomen. Por todo lo anterior, esperemos que los nuevos directores de los cuatro institutos que serán electos a finales de este mes, casi al mismo tiempo que arranque la era Constandse como rector, demuestren un firme compromiso con la institución. Esos líderes deben ser leales y tener un conocimiento profundo de la universidad, así como un arraigo genuino en la comunidad universitaria, cumpliendo además con los principios de equidad de género. Escribimos aquí a lo largo de la semana los nombres de los candidatos surgidos para ocupar esos cargos. Ahora sabemos con mayor certeza que llevan por mucho la delantera Jesús Meza Vega, para el Instituto de Ciencias Sociales y Administración (ICSA); Nelly Gordillo, para el Instituto de Ingeniería y Tecnología (IIT); Tania Hernández para el Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB); y Sergio Villalobos, para el Instituto de Arquitectura, Diseño y Arte (IADA). Su colaboración activa será esencial para enfrentar los desafíos actuales y futuros, y para guiar a la UACJ hacia un camino de crecimiento sostenido y excelencia académica, hacia un futuro que enorgullezca más a los juarenses atentos a su desarrollo. Aspirar a que la UACJ se convierta en una institución de alto calibre global no debe ser un "sueño guajiro", sino un objetivo realista y alcanzable. No obstante, lograr esta meta requerirá pasos decisivos y un compromiso conjunto entre el nuevo rector y los directores de los institutos, apoyados por una efectiva estructura administrativa. Este es el camino hacia la excelencia que la UACJ puede y debe seguir para la comunidad juarense que, además, no espera menos; de sus bolsillos sale el gran presupuesto superior a los dos mil millones de pesos anuales para su sostenimiento.
Opinión
Domingo 01 Sep 2024, 06:10
OPINIÓN
Los necesarios ajustes para la nueva era de UACJ
Es ahora el momento oportuno para evaluar la administración del saliente rector, Juan Ignacio Camargo y reflexionar sobre el porvenir con Daniel Constandse
La Columna De El Diario