Estamos por entrar a vacaciones de verano y eso me hace pensar en la temporada de graduaciones que se despliega en la ciudad a través del tráfico, los anuncios de estudios fotográficos y el arreglo de emotivos bailes. Una generación más de estudiantes preparatorianos se ha estado preparando para iniciar la nueva etapa universitaria. La oferta educativa en nuestra frontera es relativamente amplia, lo cual siempre implica un reto a la hora de la orientación vocacional para tomar la mejor decisión.

Por lo anterior, se me vino la idea de hablar en esta ocasión de una opción educativa que a veces pasa por silenciosa, esperando sea de utilidad para recomendarla en el próximo proceso de admisión. Me refiero a la carrera de la cual acabo de terminar mis materias: Historia. Si preguntáramos a alguien en la calle qué hace una historiadora muy probablemente se responda el dar clases. Y no es una respuesta incorrecta, solamente que digamos es limitada para lo que podría ser realmente la labor de quien estudia Historia.

Aquellas personas que se han profesionalizado en la Historia en realidad pueden tener otros ámbitos laborales. Se tiene la investigación, la cual se dedica a producir directamente conocimiento histórico, es decir, que a través de artículos, tesis o libros se expanden las respuestas sobre los temas del pasado, pero también sus preguntas. En segundo lugar, se encuentra la docencia que busca la transmisión de ese conocimiento histórico en los distintos niveles y contextos educativos. Por último, la divulgación y protección del patrimonio cultural se encargan de compartir y traducir esos conocimientos al público amplio.

De esa manera, usted puede ver a un historiador trabajando dentro de instituciones educativas dando clases, liderando proyectos o incluso como funcionarios. Luego uno se puede topar a alguna colega en archivos históricos municipales, eclesiásticos o el Archivo General de la Nación. También por ahí se cuelan historiadores en programas de radio y televisión incluso en las redes sociales creando contenido. Cuántas veces no hemos disfrutado los conocimientos de una historiadora en museos o algún libro histórico. En fin, el abanico es muy amplio y aquí faltan muchos ejemplos.

Para terminar de convencerle, déjeme le recomiendo algunas instituciones que pueden ser opción si conoce a alguien que le pueda interesar. Primero que nada, se tiene a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, las clases se cursan en el Instituto de Ciencias Sociales y Administración (ICSA). Si se tiene la posibilidad, del otro lado del río en UTEP también tienen dicha carrera.

Fuera de la ciudad, pero sin irse tan lejos, se tienen las opciones en Chihuahua capital en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Por otro lado, existe una escuela que si bien no ofrece exactamente Historia si tiene licenciaturas afines a la antropología y arqueología, es la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México. Regresando a una opción afín en la frontera se tiene a la Escuela Normal Superior “Prof. José E. Medrano R.”, ofertando la licenciatura en enseñanza y aprendizaje de la Historia.

Permítaseme mencionar la institución donde cursé mis estudios y que puede servir para quien plantea salir de la ciudad. Es la Escuela Nacional de Antropología e Historia ubicada al sur de la Ciudad de México. Una escuela con ocho décadas de ser punta de lanza en las ciencias antropológicas e históricas. Se tienen solamente siete licenciaturas: Antropología social, Antropología física, Etnología, Lingüística, Etnohistoria, Arqueología e Historia. Cada una requeriría una columna para sí misma, ya imaginará el caldo de cultivo para las ideas.

Pues bueno, esta fue mi apología para la licenciatura en Historia, ya que nunca está de más tener opciones. Igualmente, puede ayudar a despejar las dudas si es que en algún momento se topa con algún familiar que sale con querer estudiar tal invención.