El Estadio 20 de Noviembre, es un espacio de múltiples usos. Es el estadio local del equipo profesional de fútbol americano de la Liga de Fútbol Americano Profesional. Ha sido también lugar de entrenamiento de las grandes y tradicionales ligas infantiles y juveniles de futbol, encerrand una historia impresionante y valiosa para todos los que hemos nacido en estas tierras, en todas las edades y generaciones.
Sobre la calle Ignacio Ramírez, casi en la esquina de la 16 de Septiembre frente al Parque Borunda, enseguida de los bomberos y en la zona más representativa de la ciudad y de nuestra vida, se encuentra esta pista, cancha, campo, que cualquier deporte pueda ocupar.
Sitio oficial de ensayo de las principales bandas de guerra de las escuelas de la ciudad, entrenamiento amateur para boxeadores, ajedrecistas, artes marciales entre otras actividades más.
Lugar donde han entrenado y entrenan los mejores corredores que ha dado el atletismo juarense, punto de encuentro para todas las personas que tomamos la decisión de salir a caminar, respirar aire puro, iniciar una rutina de salud, cuidado y ejercicio, para después sentarnos en las gradas a descansar, platicar con quienes coinciden en el lugar, las novedades de la semana y componer este mundo citadino que nos absorbe en el ruido y la fatiga del trabajo diario, de las largas horas de estudio, tráfico y estrés.
Después de nuestras actividades del día, nos vestimos con una pantalonera, una camiseta, un short, y la consigna entre camaradas es: ¡nos vemos en el 20 de Noviembre y de ahí nos vamos por un elote o un hot dog!
Es un lujo encontrarte ahí, caras conocidas, viejos amigos, personajes emblemáticos y veteranos del deporte de nuestra ciudad.
Ahí hemos sido espectadores, porra, competidores, participantes de grandes eventos, miniolimpiadas interescolares de jardín de niños, primaria y secundaria, Nos llevaban nuestros maestros en camiones escolares, subíamos y bajábamos de ellos en bloques de grupo, formados, disciplinados, emocionados por iniciar la aventura de ganar una medalla, un trofeo después de correr velocidad y resistencia, lanzar la bala, la jabalina, el disco, competir en salto de altura, salto de longitud y finalmente las emocionantes carreras de relevos que nos hacían gritar de júbilo al ver ganar a nuestra escuela. Ahora lo hacemos desde la barrera, viendo ganar a nuestros hijos, a los amigos de nuestros hijos y algunos a nuestros nietos que se entrenan en algún deporte específico.
La entrada es libre, aunque a veces como en vacaciones de verano, podemos tener el honor de llevar una fotografía tamaño infantil de frente, una credencial de identificación para entonces convertirnos en miembros del club 20 de Noviembre, confieso que es una emoción única e impresionante cuando las autoridades del lugar te entregan el documento que te hace acreedor a este título casi casi nobiliario.
¿Quién de nosotros no subía y bajaba corriendo las gradas de cemento para llegar hasta el límite superior del estadio gritarle a la gente que veíamos pasar por debajo de las instalaciones? Además de poder observar desde ahí los jueguitos del parque Borunda, y los vendedores de raspas, nieves, tostadas, algodones y globos en las afueras del lugar. Inicio y meta de la carrera binacional de la amistad de donde los corredores salían hacía la calle dieciséis, para cruzar luego el puente internacional Santa Fe, siguiendo la calle San Antonio y regresar por la calle Stanton para volver al lugar, dar la última vuelta triunfal al estadio, para convertirte en un honorable participante de la famosa carrera. Cientos de deportistas internacionales convertían el evento en una verdadera verbena familiar y popular. ¡Casi siempre ganaban los de Kenia!, pero siempre había un honroso lugar y reconocimiento para nosotros.
Con su pista de 400 metros, antes de pasto natural, ahora con emparrillado sobre el pasto sintético, y las marcas blancas de líneas laterales y líneas finales de color blanco con sus números gigantes, gradas de cemento y un espacio de estructura metálica portátil adicional que permite albergar a miles de personas, ha sido y es un lugar de competencia, de desafíos, diversión, expresión deportiva y artística, hogar de grandes equipos y grandes clubes, donde entrenaban los grandes corredores de las tradicionales carreras del Carmen, San Lorenzo, que por puro amor al deporte y con el paso de los años se dedicaron como el profe Santos, a formar nuevas generaciones de atletas llevándolos a altos niveles de competitividad y éxito. Recordamos con cariño y admiración a: Andrés Ibarra, Cosme Rodríguez, Francisco Guzmán que después se convirtió en excelente cronista deportivo, los hermanos Antonio y Héctor del Campo, David Serna, el gran “Chiris” Compeán, y otros atletas de impacto, impulsores, formadores, de grandes generaciones de niños y jóvenes con las mismas características de triunfo que se convirtieron en gloria del atletismo local
Ciudad Juárez ha crecido en los últimos años sin descanso en el ámbito deportivo, atrayendo la atención de destacados entrenadores y promotores del deporte, dando paso a generaciones jóvenes de clubes e impulsores de la disciplina atlética teniendo como sede nuestro estadio 20 de noviembre y otros espacios alternativos. Los “mascaruners” “JRZ running team”, “Club atlético David Serna”, el famoso “antisocial run club” de Alejandro Vargas, Sergio Soroa y Juan Pared. Gracias a ellos por abrazar en sus filas a jóvenes, porque sabemos que esto se convierte en una herramienta perfecta para formar, transformar y conducir a mujeres y hombres de bien, contagiándolos de un espíritu de competitividad y entusiasmo, teniendo como consecuencia una vida sana, una representación digna y llena de oportunidades, dándoles además la opción a muchos, de dar sentido de pertenencia y orgullo a nuestra querida frontera.