Opinión
Domingo 16 Jun 2024, 06:10
OPINIÓN
Aún con guerra de examigos, fue casi cuatro a uno
Es tan escaso el aprecio del que goza en Juárez el Fiscal Anticorrupción, Abelardo “El Bayo” Valenzuela, que el 23 de abril a media tarde fue literalmente corrido del frente de una residencia en el Fraccionamiento Campestre
La Columna De El Diario
-Aún con guerra de examigos, fue casi cuatro a uno
-Cayó telón del engaño y dijo: “nos pusieron una chinga”
Es tan escaso el aprecio del que goza en Juárez el Fiscal Anticorrupción, Abelardo “El Bayo” Valenzuela, que el 23 de abril a media tarde fue literalmente corrido del frente de una residencia en el Fraccionamiento Campestre.
Obstruía con su vehículo, chofer y escoltas el acceso a la vivienda de la madre de un empresario que hace muchos años fue también dirigente del PRI en el municipio. Quiso el funcionario estatal defenderse, pero terminó retirándose ante el enojo del hombre de negocios.
¡¿Qué diablos hacía ahí la antítesis del Edgar J. Hoover incomodando a los vecinos de ese lugar?!
Por morbo, desconfianza, por absoluta falta de seriedad, quiso cerciorarse que sus agentes ministeriales atacarían la casa donde residía en ese momento el alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, sacarían de ahí a su familia a punta de pistola y armas largas y dejarían la vivienda “asegurada” debido a una “investigación” por supuesto enriquecimiento inexplicable no del alcalde, sino de su arrendador.
Valenzuela estaba “encubierto” a unas casas del operativo. Más tarde ofreció una conferencia, y no en calidad de Ministerio Público, sino en calidad de juez, sentenció como culpable al hoy alcalde reelecto. De ahí siguió contra el edil una impresionante campaña de lodo como pocas en la historia de las elecciones locales.
Una vez entregada la constancia de mayoría a Pérez Cuéllar, quedó claro que esa campaña negra tuvo el efecto contrario al objetivo de hundirlo, lo hizo escalar hasta el olimpo electoral que todo político sueña, el triunfo avasallador en las urnas. Lloraron hasta los periodistas del corralato, que gozosos se unieron gratuitamente a la guerra.
Es posible que Cruz hubiera alcanzado los 400 mil votos y con ello haber dejado en un lejanísimo cuatro a uno a su más “cercano” competidor, el prianista Rogelio Loya Luna, pero obtuvo 354 mil 422 sufragios y aun así quedó como el alcalde con mayor votación en la historia de esta frontera.
Sus opositores ganaron con decoro el quinto distrito local, pero fue todo.
Alguien con la imagen que le trataron de fabricar con panfletos, cientos de miles de volantes, boots también como metralla en redes sociales, es para que hubiera al menos disminuido sus números respecto a su primera elección, la del 2021, cuando los votos obtenidos fueron 213 mil. No, por un pelo pudo haber doblado esa cantidad.
Vale la pena mencionar en ese punto que hubo un porcentaje muy importante de sufragios nulos, casi el cinco y medio por ciento, 32 mil 233. La inmensa mayoría de las boletas anuladas estaban cruzadas con Morena, PT y Verde, pero los tres partidos participaron en alianza solo por la Presidencia de la República, senadores y diputados federales, no en la alcaldía, así que fueron anulados.
Hoy queda claro que esa fue una estrategia de los mismos operadores crucistas para conseguir la mayor cantidad de votos en favor de Claudia Sheinbaum; los hoy senadores electos, Andrea Chávez y Juan Carlos Loera y, desde luego, para empujar el triunfo de Alejandro Pérez Cuéllar en el complicadísimo cuarto distrito federal.
Cruz no necesitaba los votos del Verde, pero sí Alejandro. Ganó el hermano con 97 mil 981 votos contra 70 mil 917 del PRIAN. Casi 30 mil de diferencia. Nulos, insistimos, 32 mil.
Esa mecánica de Morena, la de ir aliado con PT y Verde en la elección federal, pero no en las locales, le afectó considerablemente fuera de Juárez. Pudieron haber ganado alguno o dos distritos para sumarlos a los ocho alcanzados aquí.
Esos son detalles contextuales, el análisis de fondo es que la guerra sucia es una auténtica arma de doble filo. Cuesta muchísimo, es personalista y casi siempre es utilizada por facciones para cobrar afrentas grupales o individuales; por lo tanto, suelen ser los resultados opuestos a lo que se busca.
No hablaremos de críticos de Cruz Pérez Cuéllar los que se desbocaron en su contra durante la campaña, sino de enemigos que no vieron más allá de la sangre buscada. Quienes lo atacaron fueron antes sus aliados políticos, sus afines partidarios, hasta sus protegidos en distintos momentos de su historial común.
Fue tirado a la basura hasta el compadrazgo bautismal adquirido de Rogelio Loya con Cruz. La defensa a ultranza que el reelecto hizo en 2007 del fiscal Anticorrupción, Abelardo Valenzuela, cuando este quiso ser presidente del PAN municipal y fue descarrilado, acusado de consumir polvo blanco parecido al de la cocaína; o también el momento que Pérez Cuéllar salvó de que fuera a la cárcel un hijo de Óscar Ibáñez, perdido por consumo desmedido de alcohol.
Ese fue el panismo del Dhiac-Yunque que enderezó la guerra sucia contra el alcalde. Encabezaron el abogado general de la Universidad Tecnológica, Francisco Reza; el propio representante del Gobierno estatal en Juárez, Ibáñez, el exdirector del Fideicomiso de Puentes Fronterizos, Sergio Madero. Contaron con el apoyo entusiasta de los corralistas, Francisco Barrio, Pablo Cuarón, Gustavo Elizondo y Ramón Galindo, por completo descafeinados todos.
Su estrategia de lodo fue un fracaso rotundo, 111 mil votos contra 354 mil.
En el PRIAN, el negocio de la democracia
El 10 de junio de 2023, en medio de la vorágine electoral del PAN, PRI y PRD para elegir un candidato o candidata presidencial que tuviera la fuerza para enfrentar dignamente a la maquinaria gubernamental de Morena y al presidente, Andrés Manuel López Obrador, apareció una aspirante a suceder, desde la oposición, al jefe de la 4T.
Fue Xóchitl Gálvez Ruiz. Había subido un video a sus redes sociales en el que, con amparo en mano, se le veía intentando ingresar a Palacio Nacional para defender su postura respecto de los programas sociales del Gobierno federal.
Los legisladores de ambas cámaras habían elevado a rango constitucional la aplicación de los programas sociales en todo el país.
Gálvez fue una de las pocas legisladoras de la Cámara Alta que se unió, junto con Movimiento Ciudadano, en apoyo a esta determinación. Sin embargo, López Obrador, desde su mañanera, afirmó que Xóchitl se había manifestado en contra, de ahí el amparo para exigir su derecho de réplica en el mismo espacio en el que el presidente la descalificó.
La acción disruptiva de Gálvez en Palacio, provocó que en pocos minutos su video se hiciera viral.
Fueron 10 millones de vistas, una verdadera aplanadora para quienes ya se habían anotado como aspirantes presidenciales del PAN y del PRI; Santiago Creel, Enrique de la Madrid, Beatriz Paredes e Idelfonso Guajardo, este último promovido por lo que queda del PRI en esta frontera.
Fue tal el impacto en los tres partidos, que los dirigentes nacionales vieron en Xóchitl, no a una aliada, sino una amenaza para los intereses oscuros, principalmente de Marko Cortés y Alejandro Moreno, quienes ya se veían sacándole dinero a los empresarios para la campaña presidencial asustándolos con el petate del muerto, asegurándoles de que, si volvía a ganar Morena, México se convertiría en un país igual o peor que Venezuela.
Sin embargo, fue la presión de la sociedad civil y en especial del grupo de los llamados “Los Diez” de Monterrey, contrario al gobierno de Samuel García, de Claudio X González y de la familia Coppel, además de otros empresarios de renombre, los que obligaron a las dirigencias a inclinarse por la opción de la hidalguense para encabezar la candidatura presidencial.
Y no fue solo eso, tanto Cortés como “Alito” Moreno vieron en esa decisión, la oportunidad de hacer a un lado a Xóchitl en sus aspiraciones para suceder a Claudia Sheinbaum en el gobierno de la Ciudad de México y así dejarle el camino libre al tristemente célebre cártel inmobiliario que encabeza Jorge Romero, quien tras la monumental derrota de su gallo, Santiago Taboada, en la ciudad de México, ahora piensa en la dirigencia nacional del PAN.
La campaña de Xóchitl Gálvez siempre tuvo un signo de pesos, no solo para los presidentes de los dos principales partidos de la coalición Fuerza y Corazón por México, PAN y PRI, sino también para el equipo cercano de la candidata.
Hoy sabemos por fuentes cercanas a la campaña que los maletines de dinero circulaban a diestra y siniestra a sus espaldas. No hubo plan de vuelo, insumos de campaña, producción de spots promocionales, contrato de pauta y manejo de redes sociales, que no dejara ganancia para algún vivillo de la campaña.
Tan tal solo el primero de junio, un día antes de la elección, Aldo Campuzano, el empresario dueño de “México Elige”, habría exigido y cobrado 40 millones de pesos por desarrollar la campaña digital a lo largo de tres meses de proselitismo y por supuestamente levantar las encuestas ganadoras que mantuvieron engañada a la candidata hasta el día de la debacle electoral.
Y a pesar de la derrota, tanto Marko como “Alito” aún tenían contemplada la campaña postelectoral como un jugoso “plan B” que se derrumbó tras la llamada de Xóchitl Gálvez a Claudia Sheinbaum para felicitarla por su triunfo y su posterior salida a reconocer los resultados.
Apenas legitimó el triunfo de Sheinbaum la presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), Guadalupe Taddei, Gálvez dijo: “nos pusieron una chinga...pásame a Claudia”. Y hasta ahí llegó el engaño de todos.
Eso provocó un airado y grosero reclamo Marko a Xóchitl, que la misma candidata ha salido a comentar en diferentes espacios de entrevista, pues la campaña del fraude para justificar el fracaso también les dejaría ganancias incalculables, pero Gálvez no quiso poner la otra mejilla.
La abismal diferencia de votos que obtuvo Claudia sobre Xóchitl Gálvez se debió, no solo al trabajo de los gobernadores de Morena, también hubo traiciones de mandatarios prianistas.
Aseguraron sus intereses antes que ayudar a la candidata de la coalición, como el gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri. Sólo trabajó por la capital de su estado y sus candidatos al Senado.
En Guanajuato, Diego Sinhué, su candidata a gobernadora Libia Denise García ganó con un voto diferenciado, obtuvo 250 mil sufragios más que Xóchitl.
En Yucatán, Mauricio Vila, nunca quiso hacer equipo con el candidato a gobernador Renán Barrera y lo abandonó a media contienda.
Al final todos, excepto las gobernadoras de Chihuahua, Maru Campos y de Aguascalientes, Tere Jiménez, sucumbieron a la llamada que días antes de la elección les hiciera Claudia Sheinbaum, en las que les aseguraba que ella iba a ganar, que no metieran las manos al proceso porque no quería estar peleada con ellos.
Sobre aviso no había engaño.