Al mismo tiempo que en las cámaras legislativas se estaba consensuando la reforma a la Constitución para devolver al Pueblo el servicio del tren de pasajeros, la empresa Ferromex, con el aval de la Presidencia Municipal, inició la construcción de un paso elevado (puente) para que el tráfico vehicular de poniente a oriente de nuestra ciudad libre las vías del ferrocarril en el Centro Histórico de la ciudad.

En cuanto a la reforma, ésta sienta las bases para que las y los mexicanos tengamos un servicio alterno al carretero de Transporte terrestre, que países desarrollados han mantenido y modernizado este servicio, de tal suerte que es el más funcional en cuanto a la consideración de comodidad, tiempos de traslado, seguridad y costo.

Con esta reforma se revierte el grave daño hecho por los gobiernos de la dictadura del dinero en contra del Pueblo y la forma de comunicarse.

Pero esa misma dictadura del dinero no tuvo empacho en dejar las vías ferroviarias (propiedad de la Nación) para el usufructo por parte de grandes corporativos que prestan el servicio exclusivamente también a grandes empresas (no se conoce de maniobras de traslado de mercancías para pequeñas y medianas empresas), en Chihuahua el servicio de flete por ferrocarril es inexistente, sólo es tren de paso con mercancías de origen y destino ajeno a nuestro estado.

Por décadas el ferrocarril de carga ha generado para nuestra ciudad muchas más molestias que beneficios, insisto, desde y hacia Juárez es casi nula la carga que maneja el ferrocarril. Sin embargo, sigue partiendo la ciudad principalmente en el Centro Histórico, y desafortunadamente ha causado fatalidades. El planteamiento de una solución integral relocalizando el cruce aduanal ferroviario hacia Jerónimo - Santa Teresa o hacia Guadalupe - Tornillo se ha hecho en múltiples ocasiones y parece más que nada una utopía la cual nunca perderemos la esperanza de alcanzar.

Mientras tanto, se han dado paleativos al problema, los cuales algunos hay que reconocer han sido efectivos, como el paso vehicular subterráneo en la Ave. 16 de septiembre, el que atraviesa por debajo las vías del tren de oriente a poniente desde la calle Lerdo hasta la Santos Degollado; dicha obra tuvo doble beneficio, mejorar la movilidad vehícular y la principal: la creación de una plaza pública que ha sido anfitriona de la convivencia citadina, la cultura, el arte, el turismo, la historia y el comercio; sin duda un acierto., otras que han ayudado es el paso a desnivel en el Rivereño y el paso sobre nivel de la Carlos Amaya.

Pero hay otras “soluciones” que no lo fueron tanto, como el puente de la Sanders cerca del antiguo Mercado de Abastos, que además de las deficiencias y riesgos en el diseño, afectó para siempre la actividad comercial de la zona y además creo un entorno urbano en ese lugar que deja mucho que desear, como la acumulación de basura y desagradable en términos de esteticismo urbano. También se han cerrado decenas de vialidades por motivos de “seguridad” más para el tren que para las personas, allá por el rumbo de las Granjas, y el Kilometro 20, lo que provoca grandes rodeos a los conductores y peatones. Es decir, han privatizado el espacio público que son estas vialidades en beneficio del ferrocarril de carga.

Pero el colmo del agravio estaba por verse: la construcción de un puente elevado en la calle Vicente Guerrero en pleno Centro Histórico de nuestra mal tratada Ciudad Juárez, que a pesar de todo no pierde su encanto y resiliencia.

La construcción de este puente con el aval de la presidencia municipal y la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes del gobierno federal es absolutamente contrario a lo que ha ocurrido en tiempos recientes respecto a la obra pública en los centros históricos en el mundo entero, lo cual tiende a dedicar el espacio público a la convivencia peatonal, ciclista y si acaso de transporte público combinado con espacios para la cultura, el arte, la educación y la recreación, pero nunca dedicárselo a los automotores.

Habrá quien opine que este puente resolvería el problema de movilidad existente de poniente a oriente cuando se atraviesa el tren. Efectivamente, pero ¿un puente es la única alternativa? ¿Por qué no otro paso subterráneo como el de la 16 de septiembre? Que por cierto es a lo que se había comprometido FERROMEX hace años para mejorar la convivencia ferroviaria.

Según la respuesta del alcalde es para lo que alcanza; en otras palabras que si a alguien no le gusta, que vaya y consiga el dinero para hacer algo mejor.

No se ha dado cuenta que un puente en ese sitio, además de que rompe con los criterios que marca el mismo Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP) que ahora sorprende su parsimonia en el tema, cuando su titular siempre fue combativo en defensa del Centro Histórico.

Pero además va en contra de lineamientos de la propia UNESCO que se refiere al derecho que tenemos los habitantes de las ciudades a la memoria de su fundación y su historia.

Afecta el polígono del centro en el cual hay monumentos y sitios históricos como la Antigua Garita de Metales y el mismo Monumento a a Benito Juárez, acaso el ícono material más característico de la ciudad.

Y lo más terrible es romper nuestra esperanza de tener un Centro Histórico a la altura y dignidad de las y los juarenses que tanto hemos aportado las generaciones actuales al desarrollo de nuestro país, y las generaciones anteriores a nuestra historia nacional y la identidad fronteriza que nos enorgullece.

La obra del puente que agravia a nuestro Centro Histórico y a las y los juarenses debe detenerse y entre todos buscar una salida alterna que mitigue la problema causada por el paso del tren de carga por el centro de nuestra ciudad.

Los juarenses no podemos tolerar un agravio más.