En 2019, dos años antes de que terminara el periodo de gobierno estatal anterior, se veía muy difícil que se concluyeran los obras del BRT-2 y el BRT 3; desde el gobierno se aseguraba que estaría funcionando antes de dejar el poder, en 2021, sin embargo, todos sabíamos que tal promesa era poco menos que imposible ya que o se trataba de que los paraderos estuvieran listos, también se requerían los camiones y el sistema de cobro, que no era poca cosa. Al fin palabras. Y así fue.
Aun así, muchos defendimos el proyecto con base en la experiencia no solo fuera del país, lo cual pudiera dar a entender que en México no funciona, sino en ciudades como León, Villahermosa, Guadalajara, Puebla, Monterrey y la Ciudad de México, entre otras. Obviamente cruzábamos los dedos para que el gobierno que llegara posteriormente tomara las riendas y no lo dejara morir: el riesgo era mucho. Se haber sido así los juarenses nos hubiéramos quedado colgados, como no pocas veces.
Nos veían feo, y si le memoria no me falla, eran más quienes levantaban la voz augurando el fracaso; uno de los argumentos más socorridos fue que los negocios ubicados a todo lo largo de su recorrido iban a ir a la bancarrota; otro más que se desbarataron las principales avenidas para dar cabida a un extraño sistema que solo complicaba la circulación de los vehículos. Es más, cuando sucedían accidentes siempre se adjudicaban al BRT... aún si fueran en zonas de la ciudad totalmente ajenas al área de influencia de la ruta del sistema semimasivo, como si no hubiera factores como el exceso de vehículos, de esos chuecos y aún los legalizados, que cada día desbordan más la capacidad de las calles. Y las seguirán desbordando.
Aunque no se puede negar que sí, un porcentaje de los accidentes viales se debían a la introducción del BRT porque tampoco podemos taparnos los ojos y verlo todo perfecto: de hecho algunas estaciones están demasiado mal ubicadas, por ejemplo, la que está frente al Tecnológico, casi esquina con Gómez Morín, que obliga a reducir a solo un carril el acceso al “puente al revés”… y la situación en el puente sobre la Jilotepec no canta más las rancheras. No digamos lo estorboso del paradero de la Gómez Morín y Francisco Villarreal: ahorca por completo el crucero. Lo lamentable es que estos paraderos y algunos más son infraestructuras tan difíciles de reubicar como de arreglar los problemas que provocan, como pudo hacerse en la curva de San Lorenzo donde afortunadamente fue posible eliminar una estorbosa barda de concreto que flanqueaba el carril derecho.
No podemos negar que adaptarnos a la nueva manera de dar vuelta a la izquierda nos ha costado, aunque por otra parte también debemos aceptar que manejamos más seguros, con menos sobresaltos, pues antes, transitando en el carril de alta velocidad, en cualquier momento al conductor del vehículo de enfrente se le ocurría frenar para dar vuelta en Ú”. Ahora circulamos con más orden, quizá más lento, pero más seguro.
Aún nos cuesta trabajo ser ordenados; tan mal educados estamos que no hay día que no se vea algún carro invadiendo el carril confinado.
También aseguraban que iba a haber más atropellos pues tendrían que cruzar las avenidas a todo lo ancho; siempre quisimos que comprendieran que solo iban a atravesar la mitad de éstas y con semáforos controlados… pero nunca entendieron. Los peatones salieron ganando.
Lo positivo de todo esto es que no solo se terminó el BRT-2 y BRT-3, sino que además se rehabilitaron las estaciones del BRT-1 de forma tal que se tiene mayor cobertura, sin embargo, y es algo en lo que debemos insistir, las rutas alimentadoras aún no funcionan: son muchas sus fallas y el servicio irregular que prestan, cuando lo dan. Con demasiada frecuencia las personas tienen que desembolsar cantidades que les resultan gravosas para pagar servicios de plataforma para llegar a su trabajo o a su casa. Hemos avanzado, pero falta aún mucho.
Ver las unidades del BRT llenas, con los pasajeros sentados, jóvenes escuchando sus audífonos tranquilamente en un servicio en el que el paso de las rutas es regular: inicia y termina siempre a la misma hora, aun en días festivos, es por demás grato. Ver que disfrutando de aire acondicionado e internet ¡Era impensable! En los paraderos la espera del camión es bajo la protección del sol parcialmente de la lluvia y las personas con discapacidad ya no tienen problemas para acceder a las unidades. ¡Cómo Dios manda!
Todavía no es lo que esperamos, y merecemos, pero definitivamente ahora ya nadie puede decir que el BRT no funciona. Los negocios no han quebrado, no ha habido atropellos, muchas personas disfrutan de un servicio por mucho mejor al que se tenía… Ya no hay ruido, tal parece que como dice la canción: los mariachis… callaron.