Las áreas de inteligencia militar, policiacas federales y estatales, parecen estar convencidas que los dos grandes cárteles que operan en el estado, Juárez y Sinaloa, se preparan para una confrontación de mayores dimensiones a la mantenida hasta ahora solo en niveles de infantería y ocasionalmente medios.

Tienen indicios objetivos de que sus grupos operativos están reclutando jóvenes por las buenas, con engaños y por las malas en el corredor que inicia en la ciudad de Chihuahua, Aldama, Coyame, Ojinaga y redondea en El Valle de Juárez.

Los militares recibieron denuncias sobre varios muchachos que fueron levantados, uno por uno, de varios ranchos ganaderos ubicados en la zona de Coyame. Inicialmente temieron que se trataba de secuestros, pero no hubo exigencias de rescate. Siguen desaparecidos.

Otro joven fue reclutado para trabajar en labores de campo “bien remuneradas”, pero al momento de llegar a una especie de campamento localizado cerca de Ojinaga supo que sería utilizado como sicario; logró escapar.

Uno más fue sacado de un hotel de Ojinaga y asesinado horas después por sus captores porque le descubrieron fracciones de anfetamina. Los policías investigadores conocieron el asunto gracias a que uno de los delincuentes tuvo la imprudencia de usar el teléfono del levantado y hablar a su familia para exigir 20 mil pesos de rescate.

Durante las últimas semanas ha quedado establecido que la penetración al estado de Los Cabrera, facción del Cártel de Sinaloa bajo mando pleno de “Los Mayos” no fue frenada en septiembre del 2024 cuando las cabezas de 11 de ellos fueron dejadas en calles de Ojinaga por los dueños de la plaza, el Nuevo Cártel de Juárez (NCDJ)-La Línea.

Tampoco terminó la mini guerra semanas después de esa fecha tras violentas incursiones desarrolladas desde Aldama hasta Ojinaga que incluyeron armas Barret Calibre 50 y vehículos blindados de carga pesada.

Fueron repelidos por el NCDJ y siguen rechazados a balazos, pero no han sido expulsados de forma definitiva; al contrario, parecen más decididos a quedarse no únicamente con ese corredor descrito sino con mayor porción a la que ahora tienen en la región de Juárez. De ahí el reclutamiento de nuevos miembros a como dé lugar.

El operativo desarrollado aquí el viernes por la Fiscalía General de la República, la Secretaría de Seguridad y Participación Ciudadana, “en coordinación con el FBI” confirmó que el Cártel de Sinaloa está metido en Juárez hasta la cocina. Detuvieron a tres con 110 mil pastillas de fentanilo, la droga combatida por los locales, el NCDJ.

La semana antepasada, el 10 de junio, fueron abandonados los cuerpos de cuatro jóvenes de entre 25 y 30 años de edad en el kilómetro 61 de la carretera Aldama-Ojinaga. Todos estaban baleados, amarrados con alambres en los pies y tapada la cabeza con cinta adhesiva gris. Eran de Aldama.

Apenas este jueves, la cabeza de otro individuo y algunos otros restos de su cuerpo fueron localizados por policías en el kilómetro 59; solo dos kilómetros de distancia entre ambos hechos. No quedó duda de su pertenencia a Los Cabrera: sus victimarios dejaron junto a la cabeza su credencial del INE y su licencia de manejar, los dos documentos con dirección en Durango.

También ahí mismo fue detenido un día antes por policías estatales y militares otro individuo que confesó pertenecer a Los Cabrera-Mayos. Tenía en su poder una camioneta robada y cuatro rifles de alto poder. Los entregaría a una célula de su mismo grupo.

Son todos estos datos los que ilustran parte del tamaño de la confrontación y la víspera de lo que estaría por venir. La Línea sufrió una importante fragmentación regional a mediados del 2023, poco antes de entregarse al gobierno de los Estados Unidos el jefe de la plaza en Ojinaga, Sergio Menchaca, “El Menchaca”.

Algunos de sus principales operadores primero rechazaron seguir trabajando con él porque lo mantenía alucinado el uso excesivo de drogas y después trabaron la alianza con la que Los Cabrera pretenden apropiarse de zonas y/o hasta del estado. Algún exjefe operativo aduanero presumiblemente habría hecho lo contrario: pasar de Sinaloa a Juárez aunque ahora no queda clara la autenticidad de ese brinco por todo el fentanilo y cristal que sigue llegando.

Para sostener el corredor Aldama-Ojinaga, La Línea ha necesitado echar mano de sus grupos de Jiménez, el más consolidado; de Camargo y algunos de Ciudad Juárez. Actualmente tienen el apoyo de Los H-Monárrez y Los Águila-González Bours con centros de operaciones en los municipios de Uruachi-Moris y otras zonas colindantes con Sonora.

El corredor Aldama-Ojinaga en realidad viene a topar en Juárez, en El Valle de Juárez, y de ahí al resto de la zona urbana de la ciudad más importante del estado. Aunque pequeño en extensión geográfica, El Valle está convertido en un enclave de extraordinaria oportunidad para el Cártel de Sinaloa, particularmente para Los Cabrera.

Al concluir la gran guerra del 2007-2011 entre “Juárez y Sinaloa”, Juárez terminó quedándose con grandes porciones del territorio del estado; incluido por supuesto, su joya de la corona, esta frontera.

Por alguna razón de esas explicables solo en los acuerdos cupulares del crimen organizado, El Valle fue cedido a “Sinaloa”, pero sus capataces nunca se han resignado a operar en esa “cuatro pequeñas” paredes y la pasan desafiando a Juárez; por ejemplo, traficando fentanilo y cristal, las drogas “rechazadas” por La Línea, como vimos apenas el viernes en pleno corazón de la ciudad.

Esa sola circunstancia, le cuesta a Juárez un promedio de 80 asesinatos por mes; a veces menos, muchas veces más.

Desde ese punto diminuto tratan Los Cabrera de continuar el boquete hacia Juárez abierto desde Aldama y sin duda patrocinado también desde la capital del estado. Allá el Cártel de Sinaloa sostiene el grueso del mercado de las drogas con protección policiaca de los tres niveles, igual que La Línea en esta frontera.

Todos los pedazos de esa radiografía; las partes del rompecabezas, han sido unidas casi en su totalidad por analistas militares y policiacos civiles que han llegado a la ominosa conclusión de una mayor guerra si no son tomadas las respectivas acciones para impedirla.

En ese contexto está anotada la aparición de los dos hombres colgados apenas el pasado 13 de junio en el puente de la carretera Panamericana, libramiento a Santa Teresa, un área que es vista como la frontera entre el Valle de Juárez y el resto de la zona juarense, incluidos cerca de 250 kilómetros hacia el sur, con Villa Ahumada y Sueco en el trayecto. Los dos asesinados fueron relacionados con el tráfico de cristal.

También debe ser tomado en cuenta como dato relevando en ese escenario la incursión de sicarios de Durango que llegaron a reclamar propiedades de antiguos operadores del Cártel de Juárez.

Hemos abordado el tema aquí y mencionamos a un abogado (Ornelas), a un notario y varios empresarios inmobiliarios como los “visitados” por la célula bien equipada de armas y logística, pero supimos en los últimos días que también lograron “rescatar” para sus jefes un par de residencias en el exclusivo Misión de los Lagos.

Analizada así la situación general da para conceder la razón a quienes están preocupados en gobierno por una escalada de mayor violencia, acelerada inclusive por el descontrol en uno de los grupos delictivos mayores aliados de la Línea, La Empresa, que decidió incursionar en el secuestro de una forma bastante torpe, pero terriblemente desalmada con sus víctimas, como pudo ser demostrado ayer en el rescate de varios ciudadanos de la India, Bangladesh y otras nacionalidades. Los cautivos eran sometidos a torturas imaginables solo en psicópatas deshumanizados.

Esa violencia ha sido disminuida poco a poco, esperemos sea finiquitada de plano y evitada la de mayor calado entre cárteles.

No tenemos duda que los diagnósticos correspondientes ya están en escritorios del municipio, del estado y de la federación...y de los “aliados” de México, los Estados Unidos.