“Si algo ha caracterizado a esta urbe es la de ser un bastión industrial internacional de gran importancia y es aquí donde los efectos de la globalización alcanzan su punto más álgido”
A lo largo de estas últimas semanas entre acaloradas amenazas y consignas del presidente de los Estados Unidos Donald Trump en contra de México, se ha escuchado la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum, “cooperación nunca subordinación”, “nunca intervencionismo” y “defensa a la soberanía”, precisamente esta última expresión se ha convertido rápidamente en el pilar de la nueva retórica del gobierno en turno, que ha comenzado a replicarse en distintos perfiles políticos apelando a los sentimientos nacionalistas de los mexicanos, pero ¿Qué es y en que consiste dicha soberanía?
El jurista francés del siglo XVI Jean Bodin, clasificó a la soberanía como una fuerza indivisible, inalienable y absoluta que no puede ser limitada por ningún otro poder, a la par el artículo 39 de nuestra Constitución menciona que dicha soberanía pertenece al pueblo mexicano y se origina de este, sin embargo, en tiempos contemporáneos esta teoría parece caer un poco en desuso, las decisiones que influyen en el México del día a día pueden venir de fuentes externas para ejemplo la frontera y Ciudad Juárez.
Si algo ha caracterizado a esta urbe es la de ser un bastión industrial internacional de gran importancia y es aquí donde los efectos de la globalización alcanzan su punto más álgido. Es precisamente por esta cuestión que las decisiones de cómo se conduce la ciudad parecen escaparse de las manos de los juarenses, siempre en obligación de acomodarse a los intereses de los principales motores de la economía juarense como las maquiladoras y multinacionales que por lo general son extranjeros.
Para ejemplo, el caso del horario de verano que se eliminó en el 2022 en casi todo el territorio nacional, salvo en las zonas fronterizas -incluyendo Ciudad Juárez- donde independientemente de los estudios que señalaban el nulo ahorro de energía, los efectos perniciosos a la salud y sobre todo una negativa por parte de la ciudadanía, se sigue estableciendo por ser lo más conveniente y estar en conjunción y coordinación con los Estados Unidos, sobre todo en un aspecto de la logística maquiladora quienes fueron el principal grupo que hizo presión al gobierno para que esto sucediera.
¿Dónde se dibuja la línea entre complacencia y rendición? Una pregunta muy válida que nos hace replantearnos sobre todo en ciudades fronterizas como la nuestra, que tanto poder soberano dimana de la ciudadanía y que tanto viene de las entidades externas que tienen gran influencia política en la zona. Llámese en aspectos políticos, económicos y sociales no hay duda de que existe un intervencionismo y en estos últimos días se ha convertido en una cuestión cínica sin miramiento alguno.
La amenaza de los aranceles del gobierno trumpista, evidentemente no buscan armonizar con la soberanía mexicana, por el contrario, buscan subsumir a los mexicanos a los intereses de los estadounidenses al estilo de una imposición de un imperialismo recalcitrante. Evidentemente, la soberanía es atacada y muy particularmente la de los ciudadanos fronterizos, nadie ha preguntado si queremos una frontera totalmente militarizada, si los campamentos de migrantes deben tener lugar en los lugares de esparcimiento de los juarenses y sobre todo ¿qué queremos los juarenses para Juárez?
Más allá de la imposición de una economía fabril y dolarizada, de una infraestructura que tienda a los intereses industriales extranjeros más que locales y un marco legal que privilegia a dichos grupos en vez de a la ciudadanía evoca pensar si en Ciudad Juárez la soberanía tan discursiva, pero también tan importante debe defenderse, si es posible hacerlo debido a la dependencia que hemos constituido con entes extranjeros en los últimos 50 años o más bien si la soberanía en vez de defenderse debe recuperarse, porque al parecer esta es nula en nuestra amada ciudad.