En septiembre del año pasado se publicó la reforma constitucional, mediate la que se modificó de forma dramática, la manera en que se designará a las personas juzgadoras de nuestro país, incluido en el estado de Chihuahua, pero más allá de los tintes políticos que rodean esta nueva forma de selección, el tema que me gustaría abordar desde este espacio, es cómo lograr un adecuado equilibrio, entre las demandas sociales que exigen este cambio de rumbo en el destino del Poder Judicial; sin provocar un colapso en el sistema de justicia mexicano, como consecuencia de una incorrecta o inadecuada selección de los perfiles de quienes actualmente se ostentan como candidatos y candidatas a ocupar los distintos cargos del Poder Judicial federal y local.
En principio, es importante reconocer que el anterior sistema de carrera judicial, generó que se fuera conformando un cuerpo de personas juzgadoras bastante endogámico -por decirlo de alguna forma- dado que era el propio poder judicial, el que tenía control sobre sobre quién ingresaba a la carrera judicial, quién iba ascendiendo en la carrera judicial, era el propio poder judicial el que capacitada a las personas juzgadoras, generando al final del día un cuerpo homogéneo, en el que no se representaba la diversidad de la sociedad mexicana, basta decir, que actualmente solo el treinta porciento de las personas juzgadoras son mujeres, por lo que en aras de privilegiar la profesionalización en la impartición de justicia, se dejaron fuera otros aspectos, que al final del día generaron en la opinión pública la percepción de una impartición de justicia ajena a la realidad social.
Hoy en día, tenemos la posibilidad de elegir jueces y juezas que representen diversos sectores de la sociedad, personas que no necesariamente provienen de la carrera judicial, pero que van a aportar a la impartición de justicia una nueva perspectiva, pero para ello es indispensable que la ciudadanía se preocupe por conocer los perfiles de las candidaturas para emitir su voto de manera informada, porque detrás de cada fallo judicial hay vidas en juego, y detrás de cada candidato y candidata hay una historia profesional y una probidad personal que debe ser objeto de escrutinio, antes de acceder a un cargo de esa responsabilidad.
No es tarea sencilla ser juzgador en un país con grandes desigualdades, con deficiencias en la administración y procuración de justicia, con altos índices de criminalidad, marcadas asimetrías de poder entre los intervinientes en un proceso judicial, (que necesariamente ameritan la intervención proactiva y oficiosa de las personas juzgadoras con el propósito de impartir justicia en condiciones de igualdad); además, en el contexto de una sociedad en la que se ejerce violencia de género de forma sistemática en contra de las mujeres, cuya problemática impacta de manera directa en todas las especialidades del derecho, obligando a las personas juzgadoras a resolver con perspectiva de derechos humanos los casos sometidos a su consideración, en el que la falta de recursos materiales y humanos es la constante, y la excesiva carga de trabajo una realidad, y en el que en los últimos años hemos tenido relevantes reformas a nuestro marco jurídico nacional, que demandan de las personas juzgadoras un profundo conocimiento del derecho, y un alto sentido de compromiso social, que le garantice a los ciudadanos su derecho fundamental de acceso a la justicia, pero una justicia completa, eficiente, sensible a sus demandas.
El sistema de justicia es un océano profundo, en el que si no estás preparado o preparada para afrontar esa gran responsabilidad, simplemente te va a devorar, porque no hay mayor soledad que la de un Juez o Jueza cuando está frente a su computadora reflexionando el sentido que tomará el caso sometido su arbitrio, o el momento en el que te encuentras conduciendo una audiencia, frente a las partes que defienden vorazmente las pretensiones que respectivamente representan, porque en ese momento, lo único que te soporta, es la trayectoria profesional y experiencia que te respaldan, pero sobre todo, el compromiso que todas las personas juzgadoras deben tener con aquélla madre para la que la pensión alimenticia que solicita es fundamental para sacar a sus hijos adelante, el ciudadano que busca hacer efectivo un pagare, la víctima de violencia que pide se castigue su agresor, o los imputados de un delito, que piden se les siga un juicio justo, porque para cada uno de ellos, su caso es el más importante, virtud al impacto que tendrá en sus vidas.
Hoy la ciudadanía tiene la gran responsabilidad de elegir a quienes en unos meses estarán frente a las judicaturas de las distintas materias, instancias y fueros, deben emitir su voto de manera informada, privilegiado el perfil profesional de los candidatos y candidatas, su compromiso con la sociedad y su probidad para el cargo, es decir, que carezcan de señalamientos que los involucren en actos con visos delictivos o de violencia sexual o laboral, o bien, vínculos que comprometan su independencia judicial, bajo este escrutinio público se hará imposible que el diablo pueda esconden la cola, y los burros las orejas, porque todos los que aspiramos a un cargo de esta naturaleza tenemos la obligación de exponer públicamente los motivos que sustentan nuestra pretensión y demostrar nuestra capacidad para ejercerlo.
No es tarea sencilla, seleccionar a los candidatos y candidatas a cargos del poder judicial, en un universo de catorce boletas electorales, de distintos colores, con múltiples nombres, divididas en columnas por géneros, por lo que es importante que los postulantes nos encarguemos de brindar información concisa, en un lenguaje claro e inclusivo, con el propósito de no generar más confusión en el electorado, es decir, dar a conocer la información adecuada para que la ciudadanía pueda expresar su voluntad de manera informada.
Y de los actores políticos, mantenerse al marguen de este proceso electoral para que fluya de manera justa y equitativa para los contendientes, pues al final de cuentas a diferencia de otros procesos electorales, en el de personas juzgadores, será sumamente complejo guiar el voto en un universo de más de mil candidatos, pues aún y cuando se hubiese autorizado que los votantes lleven acordeones para emitir su voto, lo cierto que tampoco será sencillo para esos candidatos y candidatas que decidan sumarse a estructuras políticas para que los elijan dentro de determinadas planillas por el alto riesgo de que virtud a la confusión que se genere al momento de votar queden fuera. Sin lugar a dudas, será un proceso electoral en el que el resultado final traerá grandes sorpresas.