¿Qué sabe Usted del Proyecto Júpiter? En las últimas semanas se ha hablado de él, pero no lo suficiente.
Se trata de un proyecto de 165 billones, si, billones de dólares, la inversión privada más grande jamás hecha en la región que se localizará cerca de Santa Teresa. Dado que su alcance es global y su naturaleza: cuatro centros de datos para el entrenamiento de inteligencia artificial que colocará a la región binacional en el mapa de la tecnología y economía mundiales pues, se dice, operará más datos en la nube que la suma de todos los datos actuales.
En primera instancia al hablar de centro de datos se percibe como tecnología limpia e inofensiva para el ambiente y para las personas, sin embargo, permítame decirle que se trata de absolutamente todo lo contrario, tan es así que cuando se dieron los detalles del proyecto a finales de agosto surgió la preocupación en los residentes de El Paso y Doña Ana, sobre la conveniencia de ubicarlo en la región dada la demanda de agua y gas natural que se requiere para su funcionamiento y enfriar los servidores. Desde el condado de Sunland Park también se escucharon cuestionamientos sobre qué compromete este proyecto porque, dijo el alcalde, “cualquier cosa sería jugar con el futuro de nuestra comunidad”. Suena sensato.
El interés es tal que la negociación para que se autorice su construcción aumentó el pago al condado de 10 a 12 millones de pesos al año durante treinta años, eso a cambio de no pagar impuestos por la propiedad. Adicionalmente se ofrecieron 50 millones al condado de Doña Ana para mejoras en la infraestructura hidráulica y de tratamiento de aguas y otros casi siete millones para destinarlos a obras sociales, eso a cambio de no pagar impuestos a la propiedad sobre la cual se construirá. Si así de grande es el interés.
Dentro de los detalles del consumo de agua se explicó que como los edificios operarán con tuberías de circuito cerrado “solo’ se requerirán 10 millones de galones – 30 millones de litros-para llenarlos por una única vez, pero, una vez en operación, el consumo continuo del campus -así le llaman- será de 7.2 millones de galones anuales, unos 27 millones de litros.
Haciendo cálculos rápidos, si de acuerdo con información proporcionada cada juarense consume 303 litros de agua al día, unos 110 mil al año; tenemos entonces que por la población total de Juárez serían unos 176 millones de litros anuales. Ahora bien, si según declaraciones la planta usará 20 mil galones diariamente- pero puede llegar hasta 20,000- que significan 75,700 litros… saque usted la proporción: cada año, solo para operar absorberá el equivalente lo que consume una sexta parte de la población juarense, unas 250 mil personas. De este tamaño está la situación.
Eso no sería gran problema si no viviéramos en un desierto, tampoco nos afectaría si nos sobrara y tuviéramos todas nuestras necesidades de agua resueltas… pero resulta que ya actualmente tenemos una severa crisis en puerta y lo mas grave: compartimos la fuente de agua con nuestros vecinos que viven al norte de la frontera. Aún para ellos el problema no está fácil, pues de lo contrario ¿por qué se les están dando todos esos recursos para infraestructura hidráulica? Simplemente y como siempre, porque el proyecto lo requiere no para la población actual, y no sé si para la que pudiera llegar, sino para asegurar su propio funcionamiento.
En muy, muy importante volver a decir que compartimos -en cierto sentido, competimos por- la fuente de agua que en términos prácticos es un recurso finito y que, si del otro lado tienen recursos para hacer perforaciones más profundas… de este lado nunca será así, aunque hayan nombrado a Juárez polo de desarrollo nacional.
El proyecto a todas luces corre en contra nuestra: pone en riesgo a las personas del otro lado y nos niega el futuro a los de acá ¿Cuánto esperan obtener los dueños de ese capital privado? Usted ya lo puede imaginar. Pero también ya sabe lo que nos espera ¿quién volteará hacia acá para darnos tales cantidades para garantizar el suministro de agua. De hecho, a nadie, ni aquí ni allá, conviene el riesgo que cargarán las personas para generar ganancias que ni siquiera se quedarán en la región ¿de qué sirve que vengan inversiones que ponen en riesgo la sobrevivencia? Por 750 empleos, no vale la pena.
Si por el orgullo de decir que vivimos a un lado de un proyecto a escala global arriesgamos tanto… ¿qué clase de valores tenemos y mente corta tenemos como para que nos de orgullo ver el abismo y caminar hacia él? Es incomprensible que funcionarios del gobierno municipal en nuestra representación acudieran a la Junta de Comisionados del condado de Doña Ana, Nuevo México, a aplaudir el proyecto; seamos realistas, seguramente no son nuestras voces las que oyen, pero al menos, que escuchen la de su conciencia.