La decisión de elevar aranceles en 1,463 fracciones de 19 industrias estratégicas no es un tecnicismo: es un parteaguas. Calzado, autos, autopartes, electrónicos, plásticos, textiles, acero, electrodomésticos… la lista es larga y el mensaje es claro: México ya no puede seguir siendo rehén de la dependencia asiática.

Durante años nos rendimos a la comodidad de importar barato de China, en lugar de fortalecer la industria, apostamos por la comercialización. Resultado: déficit comercial con China superior a 119,000 millones de dólares en 2024. En otras palabras: compramos demasiado, producimos poco; un país sin industria propia es un país pobre.

Un respiro… pero insuficiente; la medida puede darle oxígeno a las marcas nacionales, pero si se queda solo en aranceles, será un parche caro. La campaña “Hecho en México” no puede quedarse en un slogan de spots y hashtags; tiene que evolucionar a “Hecho por México, con insumos de PYMES mexicanas”.

Eso exige más que discursos:

  • Estímulos fiscales reales para la manufactura local.
  • Financiamiento accesible, no trámites interminables.
  • Abasto de insumos clave como acero, plásticos y componentes electrónicos.
  • Política industrial moderna que articule a PYMES con grandes tractoras.
  • Ley de pronto pago, para que las pequeñas empresas no mueran esperando.
  • Transferencia tecnológica que cierre la brecha con nuestros competidores.

Sin eso, los aranceles serán un respiro corto antes de volver a ahogarnos.

El dilema fronterizo, lo sabemos mejor que nadie: apenas logramos un 3% de proveeduría nacional para la maquila, el resto lo traen de fuera. Aquí es donde el golpe puede doler más: menos competitividad en cadenas globales, riesgo de ahuyentar inversión extranjera, empleo que no repunta.

Pero también aquí está la gran oportunidad, si el gobierno acompaña esta política con incentivos y modernización, las PYMES fronterizas podrían ocupar el espacio que hoy ocupan proveedores extranjeros. La frontera puede dejar de ser sólo ensambladora y convertirse en plataforma de innovación y proveeduría nacional.

¿Vale la pena el riesgo? Sí, porque la alternativa es peor: seguir siendo consumidores pasivos de la producción asiática, con una industria nacional raquítica y sin rumbo. Desde la pandemia de 2020, los cambios tecnológicos y económicos se aceleran cada cuatro años. México no puede esperar otra década para reaccionar.

La economía es la ciencia de las decisiones y esta es una decisión valiente: apostarle no sólo a la inversión extranjera, sino también al mercado interno y al fortalecimiento de la industria nacional.

Los aranceles son un primer paso, no la meta. Si se quedan solos, el resultado será encarecer el consumo. Si se acompañan de una política industrial seria, serán la palanca que necesitábamos.

Mexico tiene una oportunidad que no repetirá: convertir sus PYMES en socios estratégicos de la economía global. Esto tarda, no es que lo vas a desarrollar de un año a otro pero están las bases y hay que empezar con los mecanismos para que suceda. Eso de estar monitoreando cómo va la industria maquiladora en su desempeño en cuanto exporta, en cuanto genera o pierde en empleo, entre otras cosas debe de ir también más enfocado en la derrama económica, en la transferencia tecnológica, en cómo va y cuál es el comportamiento de las PYMES industriales.

En conclusión, esto de los aranceles a productos asiáticos es una oportunidad para la industria nacional, para sus PYMES, pero si siguen apostando a seguir haciendo lo mismo, encuentros y expos de proveeduría como si fuera una cena de negros a ver quién es el mejor postor seguiremos igual; estos ejercicios son una visión muy corta y sin entender que vivimos en una ciudad global.