El pasado lunes la UACJ inició actividades académicas, a lo cual le seguirán el ITCJ, la UTCJ y el resto de las universidades, donde nuevamente miles de nuevos estudiantes se integran en las aulas con el sueño universitario, un sueño de progreso. Hay que mencionar que tener un asiento en instituciones de educación superior no es cosa menor: horas de estudio, la inscripción que suele ser cara y desde luego el material para comenzar, desde libros hasta uniformes y herramientas, dependiendo la carrera. Es el inicio de años de sacrificio –eso ya lo sabemos–, pero hay que preguntar, ¿el esfuerzo de estudiar una carrera sigue valiendo la pena?

La certeza de que una carrera universitaria es la clave del éxito en la vida es una verdad heredada por nuestros padres, a quienes en sus tiempos les tocó vivir de primera mano esta situación, donde las mejores prestaciones laborales y salarios siempre iban acompañados de un título universitario. Por ello hacemos hasta lo imposible para asegurar un lugar en las aulas, exigimos hacer crecer la matrícula, asegurar más oportunidades como si el éxito profesional fuera automático, y solo para darnos cuenta de que la realidad laboral es muy distinta donde vale más un contacto, un apellido, una cara bonita.

Parece que la frustración es la que habla, pero nadie puede negar que tenemos serios problemas de empleabilidad a nivel profesional en Juárez, es muy común que no se trabaje de lo que se estudió y lo más lamentable es que en la mayoría de los casos, quienes trabajan de su profesión tienen condiciones laborales injustas, en algunos casos más precario que un oficio. La solución últimamente se basa en el autoempleo, invertir en pyme y para sorpresa de nadie, el título universitario pasa a segundo término haciendo que un esfuerzo de años parezca haber sido una pérdida de tiempo.

Además, vivimos en tiempos extraños donde la tecnología a veces amiga y a veces enemiga cambia roles sociales y en ello juega mucho el papel de quien posee un título. En aras de la eficiencia laboral prescindimos cada vez de mano de obra calificada, explotando a un número reducido de profesionistas que no tienen de otra más que “apechugar” pues hay mucha oferta y escaza demanda de trabajadores titulados. Es extraño que gane más un influencer por bailar, contarnos su vida, grabarse comiendo, dejando a un lado a quien pasó años de estudio y que con ese conocimiento aporta a la sociedad más que un banal entretenimiento. Como dije, son tiempos extraños.

Y si el título universitario es una cuestión de debate ya ni hablar de los posgrados; maestrías, especialidades y doctorados. Si bien esos conocimientos solían ser el acceso a mejores salarios y puestos laborales ya es muy común -sobre todo a la hora de buscar empleo- el ocultarlos, por temor a la llamada sobrecalificación, y estos conocimientos que, se supone, son para un beneficio extra para la empresa, para la sociedad y para el propio profesionista, se convierten en un lastre. Pareciera que esos posgrados lo limitan solo a las universidades o al extranjero y ni eso, pues también vemos la falta de acceso laboral en dichos escenarios.

Si nuestros objetivos a la hora de estudiar una carrera son tener mejores condiciones laborales o mayor rentabilidad económica nos veremos sumidos en una decepcionante realidad.

No falta quien recurra al “echaleganismo” que sostiene que si no hay un buen empleo es porque nos faltan más títulos o esfuerzo. Hay que reconocer que hay otros factores y gran parte de eso está en cómo diseñamos nuestra economía y qué tipo de decisiones toman nuestros gobernantes y nuestras instituciones, el cómo constituimos nuestra fuerza laboral y qué valores son los que privilegiamos.

A la pregunta de si vale la pena seguir estudiando una carrera, a título personal, querido juarense, te diré que creo que sí lo vale, aunque sean tiempos difíciles y de momento no veamos una recompensa inmediata.

Al final el conocimiento es algo que nos transforma desde dentro, nos da una nueva perspectiva y nos ayuda a entender muchos aspectos de la vida y la sociedad a la cual podemos ayudar y mejorar, recordemos que las carreras existen para hacer nuestros entornos más funcionales y con ello tener mayor acceso a la autorrealización.

Aunque el dinero es necesario, no lo es todo, y el conocimiento es una recompensa muy loable.