Solo la cobertura periodística de El Diario nos mantiene actualizados y presente aquel suceso imborrable del 11 de agosto del 2022 que desbordó a la ciudad en violencia, muerte de inocentes y luto; con precisión veraz fue llamado jueves negro.

No fue un 2007, ni 2008, 2009, 2010 o aun 2011, cuando las calles y las vidas de los juarenses fueron tomadas sin piedad, a sangre y fuego, por sicarios diminutos, chicos y grandes de los cárteles de Sinaloa y Juárez.

Sus armas no discriminaron a nadie, culpables o inocentes, incluido personal diplomático del gobierno de los Estados Unidos que cayó en supuesta confusión criminal.

Fue la guerra que devastó a esta frontera, que acabó con la vida de decenas de miles y afectó gravemente a la economía sobre todo de microempresarios y empresarios sometidos al pago de extorsiones. Murieron decenas de vendedores de tacos, burritos, hamburguesas…restauranteros, loteros, antreros, yonqueros.

Cerca de 10 años más tarde, el 11 de agosto del 2022, regresó un flashazo de aquella guerra, un recordatorio sobre la omnipresencia del crimen organizado por todos los rincones de esta frontera en todo momento; a veces más visible, a veces menos, con otros actores, pero siempre con el poderío suficiente para poner a temblar a la ciudad cuando conviene a su interés. Igual de inclementes los herederos, igual de organizados.

Sobrecoge solo observar las imágenes de lo ocurrido aquel día. En una de las fotos publicadas por El Diario, dos mujeres de pie tratando de consolar a una tercera que permanece llorando, con el rostro cubierto por las palmas de sus manos; de rodillas sobre el pavimento. A unos metros, la escena violenta que alcanzó a familiares.

Fueron asesinadas 11 personas y lesionadas una gran cantidad.

Indiscriminadamente, los sicarios atacaron el interior de otras tiendas, quemaron camiones de transporte público y mataron personas sin distinciones.

No enfrentaron los sicarios a sus enemigos de banda o bandas delictivas, atacaron a personas completamente indefensas como un auténtico acto de terror orquestado desde el interior del Cereso estatal 3.

La refriega inició precisamente al interior del reclusorio bajo control del entonces temible jefe del grupo Los Mexicles, Ernesto Piñón de la Cruz, “El Neto”, un individuo apenas treintañero que en solo una década montó un imperio criminal en la ciudad sin más competencia entre muchísimas facciones delictivas que La Línea-Nuevo Cártel de Juárez.

Adentro y afuera del penal, “El Neto” era jefe y amo del tráfico de migrantes, de las extorsiones, el secuestro (fue su especialidad casi desde que inició su vida de adulto, entre 17 y 18 años de edad), y desde luego, el tráfico de armas y drogas.

Tenía información Piñón de la Cruz sobre su eventual traslado a un reclusorio federal de alta seguridad en el interior del país, así que implementó acciones de terror en la ciudad para evitarlo.

Lo logró y hasta pudo fugarse cinco meses más tarde junto a 29 integrantes de su grupo.

Hubo pues en el jueves negro ataques por distintos puntos de la ciudad desde la una de la tarde y hasta caer la noche. Fueron sorprendidas las corporaciones policiacas y militares por las bandas de sicarios, que, si bien al final del día contuvieron a los malvivientes, estos lograron su objetivo de múltiples asesinatos de civiles e implantar un día de terror.

Entre ese día y los subsecuentes hubo cerca de 20 detenidos, de los cuales solo uno, o quizá dos han llegado al juicio, a casi cuatro años de ocurridos los brutales acontecimientos.

Sorprendente como tantos asuntos de alto impacto relacionados con la delincuencia organizada sufridos por esta localidad a lo largo de décadas, impunes, pero así ha sido el caso jueves negro.

Un solo enjuiciado de los muchos detenidos que asesinaron, encendieron fuego (galones de combustible en mano), desquiciaron la ciudad. La vida económica y social quedó literalmente paralizada ese día. Un solo enjuiciado de los operadores en la calle, de los que ejecutaron directamente las acciones contra las víctimas, más otro enjuiciado como orquestador desde el interior del Cereso estatal 3.

Estamos ante solo dos personas sometidas a juicio, no por daños, tampoco por homicidio, ni siquiera por delincuencia, sino por el delito de terrorismo. Y sabemos por el caso…debido al micro juicio cubierto de manera sistemática por El Diario.

La representación social es encabezada por la Fiscalía General de la República (FGR). El juicio lo lleva, desde luego, un juzgado federal. Fueron ofrecidos más de 130 testigos, de los cuales han sido escuchados en las audiencias solo 84, básicamente policías municipales, estatales y peritos. No ha pasado de ahí.

Hasta ahí quedó el asunto. Podemos afirmar que no habrá más audiencias hacia la sentencia, el agente del ministerio público federal, Daniel Bohorquez Calvo, informó el viernes a la jueza del caso, Alejandra Espinoza Alanís, su renuncia a la comparecencia de los 48 testigos restantes por la simple razón que ya no fueron encontrados. ¿Qué podían hallar cuatro años después?

Estos dos ejemplos, el del jueves negro del 2022, y la fuga del Cereso, en enero del 2023, sirvan como botones de muestra sobre la supremacía del crimen organizado en la ciudad ante las instituciones de seguridad pública, municipales, estatales, y sobre todo federales.

Ha quedado claro que hubo sobrada delincuencia organizada para preparar el motín de 2022 en el Cereso estatal y después en la fuga del primero de enero del 2023, con “El Neto” Piñón de la Cruz como actor principal de la misma, con vínculos hacia todos los grupos delictivos.

Una investigación integral, de fondo, hubiera configurado no solo el delito de terrorismo, sino el de delincuencia organizada y una gran cantidad más de delitos federales, sin dejar de lado, por supuesto, los relacionados con el fuero común, las extorsiones, los secuestros, los asesinatos.

Queda sin discusión el amargo sabor a impunidad para el caso de las muertes de civiles inocentes tanto en jueves negro como las ejecuciones bárbaras de más de una docena de custodios del Cereso estatal 3 personalmente a cargo, sí, del finado “Neto”, (fue muerto a balazos por la policía ministerial días después de la evasión) pero también de sus 29 cómplices que fueron recapturados y ni uno solo procesado por aquellos asesinatos.

Esos dos casos hubieran llevado sin dificultades a las autoridades estatales y federales a armar el rompecabezas del crimen sin necesidad de escarbar más de allá de los hechos ocurridos, pero luego hemos sabido que “El Neto” repartía 20 millones de pesos mensuales entre elementos de todos los órdenes, así que los expedientes no murieron con él, fueron dejados morir junto con él.

Así la historia, con aniversario el próximo martes.

P. D. Una disculpa desde aquí al presidente del comité municipal del PAN, Ulises Pacheco. No es la persona que aparece en las imágenes publicadas ayer en este espacio.