A veces Ciudad Juárez es narrada desde sus problemas: la violencia, la migración, la desigualdad o las dificultades propias de una frontera compleja, pero, una ciudad no solamente se explica por sus desafíos, también se comprende a partir de las mujeres y los hombres que, desde la ciencia, el servicio público, las profesiones, la cultura o la protección del patrimonio, han contribuido a transformarla, esas trayectorias también merecen ocupar nuestro espacio público.
La oportunidad de desayunar ayer con un par de personas de extraordinaria categoría profesional me permitió confirmar esa idea, durante la conversación, uno de ellos comenzó a relatar la manera en que había iniciado su vida académica y laboral, mientras lo escuchaba pensé que las trayectorias humanas rara vez son lineales: existen acontecimientos que, cuando suceden, parecen independientes, pero con el tiempo se convierten en nodos que se entrelazan hasta adquirir significado.
En el caso del referente, hoy podemos hablar de un profesionista con más de cuarenta años ejerciendo la función notarial en Ciudad Juárez, aunque su formación comenzó lejos del derecho, su educación preparatoria estuvo marcada por las ciencias exactas: matemáticas, cálculo y física; posteriormente aparecieron la economía y los sistemas computacionales, disciplinas aparentemente distantes de aquello que terminaría convirtiéndose en su vocación profesional.
Junto con esa formación académica apareció una experiencia laboral igualmente diversa, conoció la organización y administración de sistemas, aprendió la lógica de los activos y pasivos bancarios y, posteriormente, pasó aproximadamente doce meses en un órgano jurisdiccional, donde pudo comprender la articulación de las decisiones judiciales y, particularmente, la construcción argumentativa de las sentencias, cada experiencia incorporó una pieza distinta a su formación.
A la distancia resulta posible comprender que ninguno de aquellos conocimientos fue inútil, matemáticas, economía, informática, administración, finanzas y derecho terminaron formando una arquitectura intelectual particular, quizá allí exista una enseñanza para quienes comienzan su trayectoria profesional: no todo conocimiento revela inmediatamente su utilidad, en ocasiones debemos esperar años para descubrir por qué determinados caminos formaron parte de nuestra vida.
No menos importante resulta su historia personal, hubo momentos de limitación económica, pero también una convicción que acompañaría su trayectoria: la disciplina, el trabajo y la confianza podían convertirse en elementos diferenciadores, no se trataba únicamente de salir adelante, se trataba de construir una vida profesional en la que el esfuerzo cotidiano pudiera transformarse en prestigio, responsabilidad y servicio.
Después vendrían décadas de ejercicio profesional hasta convertirse en uno de los referentes del notariado chihuahuense y, probablemente, en una de las personas que mayor influencia han tenido dentro de ese ámbito, sin embargo, el verdadero reconocimiento profesional no puede medirse únicamente por los años transcurridos ni por los cargos desempeñados, la trascendencia comienza cuando alguien consigue que su trabajo modifique la manera en que trabajan los demás.
Resulta especialmente ilustrativo un episodio que relató durante aquel desayuno, cuando la informática todavía estaba lejos de convertirse en una herramienta ordinaria para las profesiones jurídicas, comprendió las posibilidades que ofrecía la tecnología, con algunos conocidos vinculados con IBM incorporó un par de computadoras al ejercicio notarial, hoy podría parecernos una decisión elemental, en aquel momento significaba romper inercias y modificar prácticas profundamente arraigadas.
Aquel cambio no consistió simplemente en adquirir computadoras, innovar significa advertir posibilidades donde los demás todavía observan incertidumbre, introducir herramientas tecnológicas en una actividad históricamente vinculada con protocolos, documentos, archivos y procedimientos tradicionales implicaba imaginar una forma diferente de organizar el trabajo sin sacrificar aquello que jurídicamente resulta esencial: certeza, legalidad y seguridad jurídica.
También allí encontramos una reflexión necesaria para el derecho contemporáneo, las instituciones jurídicas no pueden permanecer inmóviles mientras la sociedad se transforma, la función notarial, precisamente por encontrarse vinculada con la fe pública y la seguridad jurídica, requiere preservar sus principios y, simultáneamente, adaptar sus instrumentos, la tradición jurídica tiene sentido cuando protege valores; deja de tenerlo cuando se convierte simplemente en resistencia frente al cambio.
Es desde esa perspectiva que adquieren especial significado tanto su función notarial como las encomiendas públicas de primer nivel que posteriormente desempeñó, en distintos espacios tuvo oportunidad de modificar su entorno y de impulsar prácticas que continuaron utilizándose después, allí aparece una diferencia sustancial entre ejercer correctamente una profesión y construir un legado: el buen profesionista resuelve los asuntos de su tiempo; quien trasciende transforma las condiciones en que otros resolverán los asuntos del futuro.
A nuestra ciudad le corresponde reconocer este tipo de trayectorias, Juárez posee científicos, médicos, investigadores, profesores, empresarios, servidores públicos, abogados, ingenieros, artistas, defensores sociales y protectores del patrimonio cuya aportación permanece muchas veces solamente en la memoria de quienes trabajaron con ellos, recuperar esas historias no constituye un ejercicio de nostalgia, sino una forma de construir memoria colectiva.
Merece señalarse que reconocer referentes no significa fabricar pedestales ni incurrir en una exaltación complaciente de las personas, desde una perspectiva cívica, reconocer significa identificar aquellas conductas que una comunidad considera valiosas y dignas de transmitirse, toda sociedad necesita ejemplos concretos de disciplina, innovación, probidad, responsabilidad profesional y compromiso con las instituciones.
Orgullosamente, por ello, quiero dedicar estas líneas al Mtro. Romero Ramos, notario cuya trayectoria profesional, capacidad de innovación y servicio han dejado una huella en nuestra comunidad, aquel desayuno terminó siendo mucho más que una conversación: fue la oportunidad de escuchar una vida cuyos distintos nodos terminaron entrelazándose para adquirir sentido. Ciudad Juárez necesita reconocer a quienes, desde el trabajo cotidiano, la inteligencia y el compromiso ético, han contribuido a hacer de ésta una mejor ciudad, porque reconocer a quienes construyeron nuestro presente también es una manera de señalar los valores con los que queremos construir nuestro futuro.