Cuando recién asumí la responsabilidad de encabezar la administración municipal en el periodo 2016-2018, escuché una frase que me llamó poderosamente la atención por la simpleza de sus palabras, pero también por la profundidad de su contenido: “La seguridad ciudadana es tarea de todos, no de una sola persona. Todos unidos podemos lograrlo”. Es una invitación a pensar en la importancia de colaborar desde el ámbito que nos corresponde para conseguir los niveles de seguridad que requerimos para vivir y desarrollarnos como sociedad.
Para esto, es necesario entender que la seguridad se construye a lo largo del tiempo y, en muy pocas ocasiones, ofrece resultados inmediatos. Las estadísticas que vemos hoy son resultado del trabajo, esfuerzo, estrategias, capacitación, adaptación tecnológica, equipamiento y, sobre todo, de la coordinación entre los diferentes órdenes de gobierno.
Durante muchos años hemos vivido la discusión sobre distintas maneras de enfrentar y combatir la violencia y, como gobierno, es necesario tomar decisiones y elegir un camino. Hoy existen datos nacionales que permiten reconocer una evolución favorable para que, sin triunfalismos, los analicemos detenidamente. Quienes hemos tenido la responsabilidad de gobernar una ciudad como Juárez sabemos que detrás de cada estadística de seguridad hay patrullas, inteligencia, capacitación e infraestructura, pero, ante todo, hay elementos de seguridad comprometidos con el pueblo de México.
A nivel nacional hay datos que son objetivamente positivos. El promedio diario nacional de homicidios dolosos pasó de 86.9 en septiembre de 2024 a 42.5 en julio de 2026. Esto significa una reducción de 51%. Adicionalmente, entre enero y julio de 2026 se registró un promedio de 48.6 homicidios dolosos diarios, el más bajo para ese periodo desde 2016. No se trata de comparar meses aislados, sino de observar el comportamiento a lo largo del tiempo.
Otro dato importante es que, al comparar los primeros siete meses de 2026 con el mismo periodo de 2025, 30 de las 32 entidades federativas presentaron una reducción del promedio diario de homicidios dolosos. Reconocer que hay resultados favorables no es una cuestión propagandística; sirve para confirmar que la estrategia de seguridad está funcionando. Los datos nos permiten sostenerlo.
La estrategia de seguridad de la presidenta Sheinbaum tiene su base en cuatro componentes: atención a las causas, consolidación de la Guardia Nacional, inteligencia e investigación, y coordinación entre instituciones y órdenes de gobierno. Una estrategia federal puede dirigir y coordinar, pero necesita de instituciones locales capaces de responder en el territorio.
Durante mi gobierno, la policía municipal fue una prioridad. Invertimos en su profesionalización y dignificación. Trabajamos en la retabulación de los salarios porque entendimos que un policía necesita percibir su profesión como una carrera con posibilidades de capacitación, promoción y mejores ingresos.
Combatir el crimen exige policías preparados. Por eso construimos una academia de policía con aulas, instalaciones deportivas, simuladores de tiro y conducción, y un stand de tiro de 14 carriles. Llevamos infraestructura de seguridad al Distrito Riberas para atender una zona de la ciudad que por décadas estuvo olvidada. Modernizamos el CERI 911, fortalecimos el sistema de videovigilancia e invertimos en patrullas, armamento y equipamiento para nuestros elementos.
Cuando tuve la responsabilidad de gobernar Ciudad Juárez, entendí que fortalecer a la policía debía pasar por invertir en sus ingresos, capacitación, instalaciones, tecnología, armamento y condiciones dignas de trabajo. Por eso celebro que hoy, a nivel nacional, los indicadores comiencen a mostrar resultados favorables. La experiencia demuestra que las estrategias funcionan mejor cuando existen instituciones y personal preparado.
Hoy, las cifras nos permiten reconocer los avances que se han logrado; la responsabilidad pública nos obliga a no conformarnos. La paz se construye con estrategia, coordinación e inteligencia; pero también es necesario atender las causas sociales que generan violencia, fortalecer a nuestras instituciones y dignificar a quienes todos los días arriesgan su vida por proteger a los demás. Porque la seguridad no puede medirse únicamente en estadísticas: debe sentirse en las calles, en las colonias, en las escuelas y, sobre todo, en la tranquilidad con la que cada familia puede vivir su vida cotidiana.