Hay personas que dejan huella por lo que construyeron; otras, por las personas que ayudaron a crecer. Carlos Salas Porras Soulé pertenece a ambas categorías. Su trayectoria forma parte de la historia empresarial y social de Ciudad Juárez, pero su legado va mucho más allá de los proyectos que impulsó o de las empresas con las que estuvo relacionado. Está también en las oportunidades que abrió, en las relaciones que construyó y, sobre todo, en la manera en que entendió su responsabilidad hacia quienes lo rodeaban.

El Lic. Salas Porras fue un hombre brillante, culto y preparado, pero especialmente honesto y trabajador. Durante décadas estuvo vinculado al desarrollo económico de esta frontera, participando en iniciativas que buscaban ampliar sus posibilidades y proyectarla hacia nuevos horizontes. Entre ellas destaca el World Trade Center Juárez-El Paso, concebido para fortalecer la colaboración internacional de la región y promover nuevas oportunidades de negocios.

Su liderazgo no se limitaba a generar proyectos, dirigir empresas o tomar decisiones. Para él, significaba asumir responsabilidades y poner las capacidades propias al servicio de los demás. Entendía que toda posición de influencia lleva consigo una responsabilidad y que el éxito adquiere un significado distinto cuando puede compartirse y convertirse en bienestar para alguien más.

Pero contar su historia únicamente desde la perspectiva empresarial sería quedarse en la superficie. Quienes tuvimos la fortuna de conocerlo sabemos que una de sus mayores cualidades estaba en su calidad humana. Detrás de una personalidad firme, incluso de esa coraza que lo caracterizaba, había un corazón generoso. El Licenciado no veía a sus trabajadores y colaboradores solamente como parte de una estructura empresarial: los conocía, sabía de sus circunstancias y se interesaba por sus familias, procurando que existiera un ambiente de cercanía, confianza y pertenencia.

Era protector y cuidadoso con su gente. Cubría gastos escolares de sus trabajadores y de sus hijos, y en algunos casos llegó a regalar vivienda y vehículo para mejorar sus condiciones de vida. A ello se sumaba el anónimo y permanente apoyo a diversas causas altruistas. Su generosidad no era una pose ni una estrategia; formaba parte de su manera de relacionarse con el mundo.

Sus oficinas fueron durante muchos años un punto de encuentro de la vida juarense. Por ahí pasaron empresarios, políticos, funcionarios, artistas, intelectuales y personas de muy distintos ámbitos. Algunos acudían en busca de consejo, otros para solicitar apoyo y muchos simplemente para conversar.

Entre sus múltiples cualidades destacaba la capacidad de cultivar grandes amistades. Podía hablar de negocios, de la ciudad, de política o de cultura, de filosofía e historia; y con la misma atención, escuchar las preocupaciones personales de quien se las externara. Esa facilidad para establecer vínculos hablaba de su inteligencia y de su conocimiento, pero también de algo que no se aprende en los libros: su gran don de gente.

Esa misma capacidad para tender puentes también estuvo presente en su relación con la cultura. Entendía que el desarrollo de una ciudad no podía medirse únicamente por sus empresas, sus inversiones o sus edificios, sino también por la educación, el conocimiento, las ideas, la literatura y, especialmente el arte. Por ello impulsó las actividades culturales en Ciudad Juárez.

Fue editorialista en algunos medios de comunicación y cultivó la poesía. En 2017 la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez publicó un fragmento de su poemario Pasión güera o porque las murallas son una quimera. Fue también catedrático y formador de líderes, compartiendo con ellos la convicción de que toda posición de influencia implica responsabilidades hacia la comunidad.

Empresario, promotor, lector, escritor y hombre de cultura. Cada una de estas facetas forma parte del Licenciado, pero ninguna, por sí sola, alcanza a definirlo. Su verdadera dimensión se encuentra en la suma de todas ellas y, sobre todo, en la manera en que puso sus capacidades al servicio de la comunidad, convirtiendo su visión en proyectos y su liderazgo en oportunidades.

Su legado estriba en haber demostrado que la grandeza de un hombre no se mide sólo por lo que construye, sino por aquello que hace posible en la vida de otros. La huella de Carlos Salas Porras Soulé está precisamente ahí: en los proyectos que impulsó, en la cultura que promovió, en el liderazgo que ejerció y, sobre todo, en las oportunidades que ayudó a hacer realidad para los demás.

Para el Lic. Carlos Salas Porras Soulé: con profundo respeto, afecto, admiración y agradecimiento.