Después de la gubernatura, la fruta más pulposa y más jugosa del huerto político estatal electoral se llama Ciudad Juárez. La segunda gran pelea no es siquiera por la capital del estado, es por esta frontera.

Son muy intensas las disputas por las nominaciones a la gubernatura. Cierto. Observamos muy de cerca la radiografía morenista con Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez como actores principales.

También la gresca panista con un Marco Bonilla aparentemente inalcanzable, pero con Gilberto Loya a estas alturas convencido que lo puede desbancar. No sabemos aún a qué santo del idealismo le reza, pero le mantiene encendida una veladora tras otra aun quemándole lo dedos la cera líquida.

En fin, si en ese terreno sube cada vez más la temperatura innegablemente concentrada en los afiliados a la Cuarta Transformación, la pelea justo por la Presidencia Municipal de Juárez, por la principal alcaldía del estado, es del mayor interés para quienes han hecho de la localidad una plaza de ellos, un bastión con el sello guinda.

Los panistas ven pasar la oportunidad hasta con angustia e impotencia porque tienen el control del gobierno del estado y todo lo que implica en presupuesto, pero no han podido hacer siquiera cosquillas a sus opositores morenos a la hora que hablan las urnas. No hay liderazgos ni medianamente respetables que acaudillen esa empresa.

Los blanquiazules pelean, pero no por encabezar las nominaciones a la alcaldía porque consideran tiempo, dinero e imagen tirados a la basura; es la verdad monda y lironda. Daniela Álvarez no quiere, Raúl García menos, Ramón Galindo quizá sí pero más por hacerse de unos cuantos pesos que por viabilidad de triunfo...Sergio Nevárez...¡igual!

Entonces la pelea seria está entre los aspirantes de Morena y sus aliados. El que sea candidato, o candidata, ya tiene el 80 por ciento del triunfo en la bolsa. Casi ganan con la sola postulación. Solo circunstancias catastróficas, que pueden ocurrir, los descarrilarían.

Cruz Pérez Cuéllar, el alcalde con licencia que pretende la candidatura a gobernador, ha trabajado el territorio con tal vehemencia y esmero que ganó por mucho margen su primer periodo y repitió la dosis con bastante pilón gracias a la victimización obtenida por los colmillos al cuello de la Fiscalía Anticorrupción.

Esos méritos en auténtica batalla por tierra lo han llevado a considerar que tiene mano en la designación del candidato(a) a la alcaldía.

Si por Cruz fuera, el bueno sería su hermano, el diputado federal, Alejandro Pérez Cuéllar; o más práctico aún, el presidente municipal en funciones, su operador político estrella, Héctor Ortiz.

Es Ortiz quien ha desarrollado el trabajo de mayor cercanía social en colonias y con los distintos sectores comunitarios después del alcalde con licencia aspirante a gobernador.

Haría un buen papel como el candidato de Morena, pero los opositores internos no lo dejarían llegar no porque tenga más fuerza real que ellos sino porque Pérez Cuéllar deberá negociar con sus aliados si al final de cuentas es convertido en el nominado a jefe de Palacio de Gobierno.

Ortiz podría ser el candidato y virtual alcalde solo si Pérez Cuéllar no fuera abanderado a gobernador; y aun así ambos tendrían el rechazo ya cantado de Andrea Chávez y de Juan Carlos Loera, los dos bajo el patrocinio férreo del expresidente, Andrés Manuel López Obrador.

El senador morenista arrancó formalmente su precampaña el jueves con la misma tónica de señalamiento fuerte hacia sus compañeros de partido en la administración municipal.

Inició con los pies por delante; mejor dicho, siguió con los pies por delante en contra de ellos. Sus ataques no han tenido freno... “Tuve la oportunidad de palpar la situación tan crítica que vivimos en Ciudad Juárez... La ciudad vive un cambio a medias”.

Aún es algo temprano para conocer resultados de sondeos que hablen de aceptación o rechazo de los juarenses en general hacia las aspiraciones de quien fuera candidato a gobernador en la elección por la gubernatura en 2021, pero sabemos que ha modificado aquella estrategia sobrada de excluir a sectores sociales específicos como la iglesia y del sector privado para buscar sumarlos a su causa.

Ignoramos de cuánto beneficio sean las críticas hacia los administradores de la alcaldía, pero entendemos que las únicas opiniones válidas para él son precisamente las “del pueblo” que trata de obtenerlas con esta nueva tónica; más la gran opinión, la definitiva, la de Palacio Nacional.

Allá la confrontación no es ni con la representación del pueblo, ni con Cruz, ni con la Presidencia de la República, es con la opinión que llegará a Palacio de la dirigencia nacional de Morena, a cargo de Ariadna Montiel y de Citlali Hernández, las dos operadoras en el círculo más próximo de Claudia Sheinbaum.

Citlali se cargará para donde apunte la decisión de la presidenta, pero es muy público que Ariadna rechazará con todas sus fuerzas dar una segunda oportunidad a su exhijado Loera.

Lo continúa negando tanto porque mantiene diferencias irreconciliables a partir de la derrota del 2021 que fue madrina del senador como por el resultado exitoso obtenido en la preparación de la nueva y leal integrante de su equipo, Mayra Chávez, la eficiente delegada del Bienestar en el estado.

Si Pérez Cuéllar alcanza finalmente la nominación a la gubernatura es más fácil que Mayra sea convertida en abanderada a la alcaldía porque desde hace también buen tiempo lograron trabar alianza los equipos Ariadna-Cruz. Hace ya casi meses demuestran en público sus acuerdos.

La eventualidad de cualquier fórmula fuera de esa, la de Cruz-Mayra, deberá ser seriamente revisada en el ámbito del mayor interés institucional de la Cuarta Transformación porque ambos han logrado el mayor poderío electoral estatal que, sin duda, o sería marginado, o se automarginaría durante las campañas, porque son de plano incompatibles tanto con Andrea Chávez como con Loera.

Hacia esa complicación mayor se encamina el partido en el poder federal para el caso Chihuahua, uno de los 17 en que habrá unas elecciones que desde ahora están sometiendo a prueba a la Cuarta Transformación tanto por las gubernaturas en pelea como por el control de la Cámara de Diputados. Será la segunda mitad y cierre del gobierno de Claudia Sheinbaum.

Andrea y Juan Carlos mantienen su escaño en el Senado de la República y ahí seguirán si no logran, la primera, ser candidata a la gubernatura; y el segundo la alcaldía de Juárez, pero están gastándose hasta el último aliento político, y así continuarán, en lograr sus objetivos en Chihuahua. Subirán los inversionistas en campañas sus apuestas. No tengamos duda.

La guerra sigue en calidad de pronóstico reservado. Estamos a días de saber para dónde apunta la brújula.