Doña Leonor siempre llega temprano a la oficina que se encuentra en Calle Ignacio de la Peña, número 1960 esquina con Calle Argentina. Ella tiene su propio ritual para iniciar el día, primero abre la puerta, toma del piso la correspondencia y la deja en su escritorio, recorre las cortinas de las ventanas para que entre el sol, enciende las luces y después prende la copiadora Xerox S10 que recién había llegado unos días antes y que parecía una pieza de una nave espacial sacada de la película de Star Wars. Cuando todo está en orden, comienza la faena con la preparación del café y, para terminar, aprieta el botón para encender la radio. En la bocina se escuchan las últimas estrofas de "La maldita primavera", interpretada por Yuri y tarareada por Doña Leonor mientras apila un montón de expedientes en el escritorio, tras dejar la torre de jenga en equilibrio respira profundo y sigue con el arranque de la oficina.

Unos minutos después llega José Luis, un tipo de carácter afable, muy trabajador, pausado pero constante, es como una hormiga, su vida no ha sido fácil, pero ahora está en un buen lugar, le agrada ser parte de esta historia. Sin preámbulos comienza a darle a la talacha, conforme pasan los minutos van llegando más personas y cada uno tiene un saludo distinto, después, José Luis le pregunta a Doña Leonor si hay algún pendiente, ella niega con la cabeza y sigue en su rutina.

El locutor en la radio anuncia un día tranquilo, pero en Ciudad Juárez ese pronóstico no tiene ningún valor. La máxima es de 31 grados centígrados y la mínima de 16. Hoy, es viernes, quince de septiembre de 1982, en la noche se celebra el tradicional grito de independencia. En el despacho se prepara un pequeño festejo por el cumpleaños del Licenciado José Guillermo Dowell Sánchez.

Un joven de veintitantos entra por la puerta de servicio mientras hace un esfuerzo por no perder el equilibrio de un pastel de vainilla y, al mismo tiempo, con los nudillos se aferra a una bolsa de papel donde hay cuarenta velitas, desea los buenos días y descansa una esquina del plato, después lo desliza como si lanzara una piedra en el hielo en un torneo de curling.

El despacho es de dos pisos, el piso es duela de madera, el espacio tiene esos tonos neutrales, el estilo es sobrio; los espacios tienen luz suficiente, la decoración mantiene un tono de profundo respeto y amor por el trabajo, el horario es el mismo desde que se abrió por primera vez al final de la década de los sesenta en la Calle Ramón Corona 142 norte.

Aquel viernes comenzó a sonar el teléfono más temprano que de costumbre, una llamada tras otra fue el hilo que encadenó la mañana. En una ocasión, Doña Leonor hizo una pausa mientras una voz gentil le dio una serie de instrucciones, José Luis, listo para entrar en acción, intuyó que sus servicios serían requeridos y se acercó discretamente a Doña Leonor tratando de cruzar la mirada para recibir la señal, hasta que arqueo las cejas y le dio la luz verde para acercarse; luego de colgar el teléfono, vino la instrucción, "hay que llevarle este expediente urgente al Lic. Dowell", dijo como si de esa misión dependiera el futuro del país. José Luis salió a ritmo de huída a cumplir el encargo.

1982 fue un año complicado -bueno, sería mejor preguntarnos qué año no lo ha sido en Ciudad Juárez-; ese año, el alcalde José Reyes Estrada decidió interponer un amparo contra la federación para recuperar los predios del PRONAF y el Lic. Guillermo Dowell Sánchez, como director jurídico del ayuntamiento fue quien diseñó la estrategia jurídica para ganarle al Gobierno Federal; pero también era la antesala del cambio político, porque el PRI perdió las elecciones por primera vez en Ciudad Juárez en 1983, también ese año comenzó la construcción de la Unidad Administrativa Benito Juárez en la Calle Francisco Villa y Ribereño que finalmente se entregaría en agosto, a unos meses de entregar la administración municipal al panista Pancho Barrio.

En Chihuahua, el gobernador era Óscar Ornelas Kücle. El presidente de la república era José López Portillo, pero en 1982 fue electo Miguel de la Madrid Hurtado, ese año México se declaró insolvente para pagar la deuda externa y unos días antes de terminar su mandato López Portillo nacionalizó la banca. El país parecía estar en la peor crisis después de la Revolución Mexicana.

Pero Ciudad Juárez siempre tiene sus propias batallas, el modelo maquilador buscaba consolidarse, la industria fue el detonante de la economia y la migración nacional, pero generó problemáticas que comenzaron a notarse: no hubo suficiente infraestructura para recibir a miles de familias que venían a trabajar, eso contrasta con la presencia del crimen organizado como otra industria paralegal, mientras la guerra fría vive sus últimos años, la globalización se presenta como la única vía y la cultura del hipercosumo se vuelve dogma. El ciclo de nuevo comienza y termina cuando lo nuevo intenta suplir a lo tradicional. Pero la razón y el respeto nunca ha sido una moda.

En la cultura pop, en 1982 se estrena la película E.T., Michael Jackson lanza su histórico álbum Thriller e Italia gana el mundial de fútbol España.

Mientras, lo nuevo suple a lo tradicional, como lo dictan las reglas del ciclo, quienes nacieron antes del medio siglo, la generación del Lucky Few, tienen sus propias reglas, a ellos les tocó levantar las ruinas del mundo después de la Segunda Guerra Mundial, crecieron acostumbrados a los retos de sobrevivencia, en una realidad donde lo único que abundaba eran las carencias y así lograron levantarse y formar familias inquebrantables.

El olor al café recién hecho se impuso en la oficina y llamó la atención de Doña Rosalba, que se apostó enfrente de la jarra transparente que todavía marca con su tazómetro que quedan diez deliciosas raciones, luego de rellenar su taza favorita, entró por la puerta principal un joven veinteañero, usa una camisa blanca con delgadas líneas azules y un pantalón de color negro, los zapatos son marca Flexi y están perfectamente boleados, el joven preguntó por el Lic. Dowell Sánchez con cierto dejo de nerviosismo, entonces Doña Rosalba dijo "¿tiene usted cita?", a lo que el joven respondió que no, después explicó "vengo de parte de profesor Armando Borjón Parga, director de Radio Centro, me mandó a hacerse una entrevista sobre el Amparo que interpuso el municipio para recuperar el PRONAF", Doña Rosalba escribía todo lo que el joven decía, ahora parecía que la reportera era ella, entonces le dijo "el Lic. Dowell Sánchez a esta hora se encuentra en la presidencia municipal en la dirección jurídica, atrás de Catedral y aquí es su despacho particular", el joven también anotó en su libreta, en lo que parecía un duelo de apuntes, mientras daba pequeños pasos rumbo a la puerta, finalmente agradeció y se fue.

Casi en el mismo momento entró un hombre de edad madura, que se presentó como Profesor y amigo del Lic. Dowell Sánchez, de nueva cuenta Doña Leonor volvió a revisar la agenda buscando alguna nota, pero no había nada programado, aquel hombre explicó que había quedado en llevarle unos libros a su amigo para una investigación que estaba iniciando sobre los petrograbados de Samalayuca y finalmente dejó los libros sobre un escritorio, Doña Leonor con la ayuda de un abogado, pudo llevarlos al despacho que se encuentra al fondo en un pasillo que se ubica entrando a la izquierda del primer piso.

Ese día se cantaron las mañanitas al medio día, según la agenda de la oficina, la hora de la comida fue con dos amigos cercanos a compartir el pan y la sal y después de su jornada de trabajo, el Lic. José Guillermo Dowell Sánchez fue a su casa donde preparó un viaje a la Sierra Tarahumara con su esposa Mariana y sus hijos, José Guillermo y Arturo Eduardo para celebrar con ellos sus primeros cuarenta años. Así pasó un día y, a veces, en un día pasa la vida entera.