El proceso electoral del siguiente año es quizás la oportunidad más valiosa que la Cuarta Transformación ha tenido desde el inicio de este movimiento para gobernar nuestro estado. La “alternancia” en Chihuahua ha ido del PRI al PAN, y eso no ha beneficiado en nada a las y los chihuahuenses pues en ambas opciones el conservadurismo ha sido la constante. Es por eso que Andrea le viene muy bien a Chihuahua pues representa no solo a las nuevas generaciones sino a un progresismo que hace falta en las políticas públicas.
Hasta los años ochenta del siglo pasado, el PRI gobernó Chihuahua por cerca de 60 años. Las políticas públicas claramente obedecían a sectores que no eran los populares, lo que dio paso a movimientos como el Comité de Defensa Popular, del que orgullosamente formé parte, que floreció principalmente en Chihuahua capital y Ciudad Juárez debido a la falta de vivienda para las clases trabajadoras.
La supuesta alternancia en el estado no cambió en mucho la realidad de las personas, las carencias continuaban y cada región sobrevivía con lo que tenía; en el caso de Juárez, al ser ciudad fronteriza, y por ello receptora de migración interna y externa, se desarrolló diferente al resto del estado pues la diversidad de su naturaleza la volvió más progresista, mientras que la capital continuó siendo más “cerrada”.
Las características de esos gobiernos PRIANISTAS fueron el crecimiento del narcotráfico, carencias en seguridad pública, enfrentamiento entre cárteles, militarización, incremento de homicidios, desapariciones, desplazamiento interno y la violencia en contra de las mujeres, desvío multimillonario de recursos públicos, presunto enriquecimiento ilícito, contratación irregular de deuda, uso político del presupuesto, y más, todo esto, indistintamente entre estos gobiernos.
Con el actual gobierno las cosas siguen igual, la violencia vinculada al crimen organizado, continúa siendo un problema que no se ha podido resolver con una torre Centinela que solo desperdició recursos sin que hubiera cambios reales; sequía y conflictos por el agua entrando en disputa con la Federación cuando no es ahí el problema, así como la migración en Ciudad Juárez, la cual se buscó “solucionar” desde un escritorio lejano sin entender este fenómeno respetando los derechos humanos.
Con este panorama se presenta en quien cree el Partido del Trabajo, una mujer preparada, progresista, joven, comprometida con su estado y quien cuenta con la confianza del ex presidente López Obrador. Andrea es todo lo contrario que representa la actual gobernadora, a quien aparentemente le genera cierto escozor o envidia de esas que no se explican mucho en la política, pero que sin duda existen.
La contienda no será fácil, nunca lo es en Chihuahua, pero la mesa está puesta. Inclusive, aunque ese conservadurismo que tanto ha detenido el avance de nuestro estado, se esconda en el propio movimiento.
La lucha de la izquierda y del progresismo en Chihuahua ha sido de larga data, en mi caso lo constatan dos generaciones, y ni el PT, ni este movimiento de la Cuarta Transformación se pueden permitir abrir espacios a representantes de panismo arribistas que no van a cambiar la realidad del estado.