Las encuestas no votan ni ganan elecciones, pero sí detectan el estado de ánimo de una sociedad. Cuando varias mediciones comienzan a moverse en la misma dirección, los partidos dejan de ver simples porcentajes y empiezan a ver tendencias. Eso ocurrió esta semana en Chihuahua.

Dos casas encuestadoras distintas presentaron resultados que, juntas, dibujan una fotografía política digna de atención. Mitofsky, que mide mensualmente la aprobación presidencial por entidad federativa, reportó que la titular del Ejecutivo federal alcanzó en Chihuahua 56.7 por ciento de aprobación, el nivel más bajo registrado en el estado durante este año. La serie es consistente: inició enero cercano al 67 por ciento y, tras varios descensos consecutivos, llegó a su punto más bajo en junio.

¿Significa eso que Sheinbaum está cayendo en todo el país? No. La propia encuesta muestra que mientras en entidades como Aguascalientes, Tlaxcala, San Luis Potosí y Nuevo León su aprobación aumentó, en Chihuahua, Sinaloa, Jalisco y Morelos disminuyó. No existe una caída nacional uniforme; sí existe una tendencia descendente clara en Chihuahua. Lo novedoso es que se trata del primer descenso sostenido desde el inicio de su administración.

Habrá quien explique el fenómeno diciendo que Chihuahua es un estado panista. La respuesta resulta cómoda, pero insuficiente. Si únicamente fuera consecuencia de la preferencia electoral histórica, la aprobación presidencial no habría iniciado el año cerca del 67 por ciento. Algo cambió durante los últimos meses. Pueden influir factores nacionales, conflictos locales, la relación entre Federación y Estado o la percepción sobre seguridad y economía. Reducir el fenómeno a una sola causa sería una simplificación.

Mientras una curva baja, otra sube. La encuesta de México Elige, mediante su estudio Gabinete, Gobernadores y alcaldes, colocó a Maru Campos con 65 por ciento de aprobación, suficiente para pasar del tercer al segundo lugar nacional, sólo detrás del gobernador de Querétaro.

El dato adquiere mayor relevancia porque ocurre apenas unos meses después del feroz embate político provocado por el llamado 'Ciagate'. En aquel momento muchos dieron por hecho un desgaste irreversible para la gobernadora. Hasta ahora, las mediciones muestran exactamente lo contrario. La crisis no produjo el costo político que se anticipaba.

Maru también ha decidido no guardar silencio frente a lo que considera desaires y menosprecios provenientes del gobierno federal. Esa postura, sumada a una estrategia centrada en fortalecer la seguridad pública, parece haber encontrado respaldo entre una parte importante del electorado.

Sin embargo, aquí conviene hacer una pausa. La historia reciente de Chihuahua demuestra que invertir grandes cantidades de dinero en seguridad no garantiza mejores resultados. Javier Corral también destinó miles de millones de pesos a tecnología, equipamiento y nuevos modelos policiales. La delincuencia no disminuyó en la proporción prometida. El presupuesto, por sí solo, no resuelve el problema. La seguridad depende de estrategia, coordinación, inteligencia y continuidad.

Ese será el verdadero examen para Maru Campos. Hoy las encuestas le sonríen, pero tarde o temprano la ciudadanía dejará de evaluar el esfuerzo y comenzará a medir los resultados. Si la percepción de inseguridad no mejora, ningún ranking podrá sostener indefinidamente esos niveles de aprobación.

En términos políticos, el contraste es evidente. A las puertas del proceso electoral de 2027, que la aprobación presidencial disminuya en uno de los principales bastiones de la oposición representa una señal de alerta para Morena. Al mismo tiempo, ver a la gobernadora escalar al segundo lugar nacional fortalece la posición del PAN y convierte a Maru Campos en una figura con proyección hacia el 2030.

Pero conviene recordar una vieja lección: las encuestas son fotografías, no escrituras públicas. Hoy favorecen a Maru Campos y muestran una baja inédita para la titular del Ejecutivo federal en Chihuahua.

La pregunta permanece abierta: ¿le alcanzará a la gobernadora con apostar nuevamente por la seguridad o terminará comprobando, como ocurrió con administraciones anteriores, que los ciudadanos no califican el tamaño de la inversión, sino la tranquilidad con la que pueden vivir? Y eso es, El Meollo del Asunto.