La Avenida Gómez Morín no es solo una avenida de bares y restaurantes, es la avenida de la inversión, del esfuerzo privado, del Juárez que sí queremos presumir. Ahí están los mejores restaurantes, los bares con concepto y lugares para el esparcimiento social. Son establecimientos comerciales que no abrieron de la noche a la mañana, sino que son producto de créditos, del pago de impuestos, licencias y derechos, nóminas, IMSS, entre otros muchos conceptos. Cada local establecido en esa zona, representa una apuesta de sus propietarios porque a Juárez le vaya bien, pues siguen de pie y generando empleos, pese a la crisis de inseguridad del 2010, el cobro de piso intermitente en la frontera, el COVID, y ahora, el acoso de los agentes de vialidad a los comensales de sus bares y restaurantes.
Somos muchos los juarenses que estamos optando por no acudir a estos lugares, pues quien circula por la Gómez Morín de jueves a domingo por la noche, conoce la escena: patrullas de vialidad estacionadas, con las luces apagadas, escondidas en calles aledañas, que no están ahí para prevenir, ya que su objetivo no es el conductor que va zigzagueando en evidente estado de ebriedad, y que sí representa un peligro real. Su objetivo, es el ciudadano que se tomó dos copas de vino en la cena, el que sale de festejar un cumpleaños y que solo trae aliento alcohólico.
Cuando el operativo se percibe como poco visible y enfocado en la sanción posterior, en lugar de una presencia preventiva y disuasoria a la vista de todos, el efecto se percibe como exclusivamente recaudatorio. El cliente que cenó y se tomó una copa, prefiere ya no salir. Y ese cliente que deja de salir es la mesa que deja de venderse, el mesero que deja de recibir propina y el empresario que empieza a dudar si vale la pena seguir invirtiendo en esa zona.
Entendemos y respaldamos la labor fundamental de Vialidad. Su trabajo de prevención salva vidas y todos coincidimos en que conducir en estado de ebriedad no debe permitirse bajo ninguna circunstancia. El punto que hoy queremos poner sobre la mesa, con todo respeto, es el enfoque y los criterios bajo lo que están abordando a los conductores que salen de los bares y restaurantes de esta zona.
No dudamos de la buena intención de la autoridad. Lo que proponemos es replantear junto con los dueños de bares y restaurantes, la estrategia para la Gómez Morín. Una presencia visible, uniformada y preventiva genera la misma seguridad, pero sin generar temor en el consumidor responsable.
Podemos avanzar mucho más si se trabaja de forma coordinada y trasparente de la mano de los involucrados en esta problemática: campañas conjuntas de conductor designado, difusión de transporte seguro en la zona, criterios claros y con mayor margen de prevención para el aliento alcohólico, y operativos que se sientan como protección y no como sanción económica.
Juárez necesita una Gómez Morín viva y necesita también una Dirección de Vialidad fuerte y respetada. No son objetivos opuestos. Al contrario, si logramos que la gente se sienta segura para ir a sus bares y restaurantes, pero también segura de que habrá un criterio justo y preventivo, ganamos todos: gana la ciudad, gana la recaudación por consumo y licencias, y gana el empleo.