¿Callará bocas la Torre Centinela?

-Informe de Bonilla en condición inmejorable

-Protesta con impulso en Ciencias Políticas

-Trump quiere tasas bajas, pero sus políticas no lo permiten

Será una cuenta regresiva de tormento para los creadores y responsables de la polémica Torre Centinela. Su inauguración será el miércoles de la semana entrante con las merecidas fanfarrias de sus responsables, pero con ánimos de que poco o mucho salga mal por parte de los infaltables críticos.

Es el edificio acabado más alto de la ciudad, con sus 21 pisos, altura de 114 metros, e inversión superior a los cuatro mil millones de pesos. Está ubicado en el corazón de la ciudad, a unas cuadras de la presidencia municipal.

Será el corazón, el cerebro, el centro de operaciones de la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno del estado, administrado por el PAN; la alcaldía está manejada por Morena.

Ha sido polémico el edificio desde el inicio de su construcción.

Hubo quienes pérfidamente, agoreros del mal, afirmaron que se iría a bajo antes de llegar al piso 21. No pasó nada. La obra ha demostrado solidez. Ya está terminada.

Luego vino la controversia grilla por aquello de que el piso 18 sería utilizado por corporaciones de seguridad norteamericanas en su “coordinación” con las mexicanas. Coincidió malamente ese anuncio con el mega narcolaboratorio desmantelado en la sierra chihuahuense y la intervención de la CIA en dicho operativo junto con la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI).

Esa polémica llevó más rápido que lento al enfrentamiento-rompimiento que hasta la fecha mantienen la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, y la gobernadora, Maru Campos. Traición a la patria, gritaron desde el centro; combate al narco, respondieron de Chihuahua.

Parte del tormento en la cuenta regresiva hacia la inauguración sería ese.

Vendrán copeteadas las críticas de los opositores, y por qué no advertirlo, hasta algún intento por restar mérito oficial desde la federación a las funciones que desarrollará la SSPE en la torre.

Esperará el estado entre sus invitados especiales a los mandos militares, que por fortuna no se han cargado para ningún lado con todo y dimes y diretes, sin duda a los norteamericanos, y a la sociedad civil.

No esperemos ahí al momento del “bautizo” más federación que esa; vaya, ni siquiera a la siempre dispuesta delegada del Bienestar, Mayra Chávez, porque su presencia afectaría la posibilidad de su candidatura guinda por la alcaldía.

Y si no la inauguran ahora, en semanas o meses siguiente lo complicaría justo el calor de las precampañas y campañas electorales.

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El alcalde de Chihuahua, el panista Marco Bonilla Mendoza, entregó ayer su quinto informe de actividades. Lo hizo más en papel de candidato del PAN a la gubernatura que como presidente municipal, no tanto porque así lo quisiera sino porque así es visto desde que el partido y la gobernadora, Maru Campos, le despejaron el camino.

El Centro de Convenciones de la capital fue abarrotado con personalidades políticas de relevancia nacional, como el gobernador priista de Coahuila, Manolo Jiménez y la gobernadora panista de Aguascalientes, María Teresa Jiménez, además del líder nacional del PAN, Jorge Romero Herrera y la secretaria general del PRI, Alma Carolina Viggiano Austria.

Al arropo nacional se sumó la cobija estatal y municipal: la gobernadora Campos Galván; la dirigente estatal del PAN, Daniela Álvarez; diputados locales, federales y senadores; todo el gabinete, alcaldes, funcionarios de gobierno del estado y de los municipios.

De acá de la frontera fueron convocados los refuerzos electorales que comanda Luis Olmedo, como representante permanente de Acción Nacional en Juárez, entre ellos el líder municipal, Ulises Pacheco; toda la estructura estatal al mando de Carlos Ortiz y organizadores de la maquinaria azul del primero al quinto nivel, para que se notara la evolución de la fortaleza panista de la plaza.

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Pero el gran mensaje político del informe de Bonilla Mendoza no estuvo tanto en el esperado discurso ni las presencias, algunas hasta incómodas como la del exfiscal César Jáuregui y la del exdirector de la Junta de Agua fronteriza, Sergio Nevárez, ambos en abierto choque con la corriente principal del PAN, pero también alineados con el alcalde capitalino.

Es más, ni siquiera estuvo en lo que pudiera considerarse el lanzamiento de su proyecto estatal, sino en el momento en que ocurre lo que es también su despedida de la alcaldía capitalina.

Para los panistas, Bonilla Mendoza llega en una condición política inmejorable en relación, por ejemplo, a anteriores candidatos a la gubernatura.

Por un lado, las siglas de su partido han remontado una desventaja ante Morena que todavía hace unos meses parecía imposible de revertir; por otro, llega con todos los grupos internos priistas y panistas a su favor, lo que ya hubiera querido cualquiera de sus antecesores, de entrada, la misma Maru Campos, que fue candidata a contracorriente y Javier Corral trató de descarrilar por todos los medios.

Esa, pues, parece haber sido la principal señal política de lo que fue no un informe cualquiera, sino el balazo de salida para la carrera de 2027.

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El Sindicato de Trabajadores Administrativos de la Universidad Autónoma de Chihuahua, al mando de Concepción Rodríguez Zendejas, cumplió la amenaza de salir a las calles en protesta, tanto con sus integrantes de la capital que marcharon a la Rectoría y Palacio de Gobierno, como con los de Juárez, que se concentraron en la extensión que se limita a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

En la capital, la protesta se realizó tras una serie de señalamientos de supuestos grupos de alumnos contra las direcciones de algunas escuelas (Derecho, Contaduría, Artes) y contra el rector Luis Rivera Campos, en lo que fue una especie de anticipo político a la manifestación sindical de ayer.

La marcha en la capital, obviamente más numerosa, llegó a la Rectoría en medio de empujones entre trabajadores y algún grupo provocador que se infiltró en su camino; luego desvió sus reclamos a Palacio de Gobierno, a sabiendas de que no nada más la UACH está castigada con los recursos federales de la Secretaría de Educación Pública, sino también todo el aparato estatal.

Así, mientras en Chihuahua fueron observadas fuerzas morenistas detrás de la movilización sindical y de algunos alumnos que calentaron el ambiente desde el regreso a clases semanas atrás, aquí en Juárez no pasó desapercibida la mano del director de Ciencias Políticas, Mario Duarte.

Para efectos de reflectores, aquí la protesta fue encabezada por la escasa delegación sindical, pero las sospechas de darle impulso se dirigieron a Duarte Bustillos, quien desde hace meses sostiene campañas de guerra sucia y ataques contra el rector y algunos de sus funcionarios, por razones meramente políticas.

El director de Ciencias Políticas, como es conocido, estaba apostado y convencido de que el destituido secretario de Desarrollo Humano y Bien Común, Rafael Loera, sería candidato a gobernador por el PAN o como mínimo candidato a alcalde de la capital, yerro que lo ha llevado a resbalarse más de las veces que sabe contar.

Con ese antecedente a cuestas, ni modo que no le cargaran también cierto peso de la protesta sindical que contiene reclamos imposibles de cumplir mientras siga la astringencia presupuestal federal, situación que conocen panistas, morenistas, priistas y demás universitarios que coexisten en la UACH y siempre, en tiempos electorales, buscan la forma de llevar agua a su molino.

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La evidencia de que la inflación no se ha enfriado lo suficiente en Estados Unidos está también en el mercado laboral: la economía creó 162 mil empleos en agosto, casi el triple de lo que esperaba el mercado. Parece una contradicción, pero no lo es.

Precisamente que la economía siga expandiéndose y que el empleo mantenga este ritmo significa que la demanda no se ha debilitado lo suficiente como para justificar una reducción de las tasas de interés.

Por el contrario, un mercado laboral resistente le da margen a la Reserva Federal para mantener una política monetaria restrictiva, e incluso considerar un aumento de tasas si la inflación no cede.

Y aquí aparece la contradicción de Donald Trump: quiere tasas más bajas para abaratar el crédito y estimular todavía más la economía, pero al mismo tiempo mantiene políticas que pueden alimentar las presiones inflacionarias, particularmente los aranceles y la guerra con Irán.

Por eso el dato de empleo de agosto le cae a Trump como balde de agua fría. Él quiere que la Fed afloje, pero la economía le está diciendo que todavía no es momento de hacerlo.