Ya empieza a sentirse la efervescencia electoral de 2027, los partidos hacen cuentas, miden posibilidades, buscan perfiles como locos y construyen alianzas. Pero hoy no vamos hablar de los partidos políticos. De que si han hecho su trabajo o no, de que si han formado nuevos liderazgos, de cómo los seleccionan, etcétera.
Hoy vamos a hablar de usted, futuro candidato....sí, usted; el que ya recibió algunas llamadas, al que sus amigos le dicen que “trae todo”, el que sale de una reunión y alguien le susurra: “Deberías animarte”. Y empiezan a aparecer —qué casualidad— ciudadanos súbitamente preocupadísimos por los problemas de su comunidad.
Vaya, vaya, vaya… ya tenemos candidato, nada más hay un pequeño detalle: querer competir no significa estar preparado para competir. Empecemos por lo básico: ¿Para qué quiere ser candidato? “Porque quiero servir", "porque quiero ayudar a la gente".
Muy bien. ¿Y qué más? ¿Qué representa? ¿Qué quiere cambiar? ¿Por qué usted? ¿Por qué ahora?
Si no puede responder con claridad, no tiene un problema de discurso, hay un problema de definición política, y no, amar mucho a su municipio tampoco es un diagnóstico. ¿Sabe qué preocupa realmente a la gente? ¿Cómo percibe a sus gobiernos? ¿Qué conversaciones ocurren fuera de su círculo? ¿Qué sectores podrían escucharlo y cuáles difícilmente lo harán? ¿Dónde están sus fortalezas y sus debilidades? Conocer el territorio no es diagnosticarlo.
¿Sabe cómo lo ve la gente? No sus amigos, no los que lo quieren, no su equipo, no los barberos: la gente.
¿Qué atributos le reconoce? ¿Qué prejuicios existen sobre usted? ¿Qué tan conocido es y, más importante, por qué lo conocen? Porque no puede decidir cómo quiere posicionarse sin saber desde dónde empieza. No podemos construir en un terreno imaginario. Y aquí entra un personaje peligrosísimo en cualquier campaña: el ego. “Licenciado, la gente lo quiere”, “doctora, usted arrasa”, “presidente, no hay otro perfil”.
Cuidado, antes de creerse el más chingón de la elección, salga de la habitación donde todos dependen de que usted siga creyéndolo. Ahora pregúntese: ¿Qué me distingue?
¿Trabajo? ¿Honestidad? ¿Cercanía? ¿Compromiso? ¿Resultados?
Excelente, bienvenido al club, probablemente todos sus adversarios dirán exactamente lo mismo.
Si puede cambiar su fotografía por la de cualquier otro candidato y el discurso sigue funcionando, todavía no tiene posicionamiento, y antes de mandar hacer espectaculares, revise algo menos agradable: ¿Su vida resiste una campaña? Su historia, sus redes, sus negocios, sus relaciones, sus socios, sus conflictos, sus declaraciones anteriores, sus contradicciones, y especialmente aquello de lo que está convencido de que nadie sabe, probablemente alguien sí sabe.
También pregúntese si su familia está preparada, una candidatura no expone solamente al candidato, pareja, hijos, hermanos, socios y personas cercanas pueden terminar dentro de la conversación pública sin haberlo pedido. La familia no puede improvisarse en campaña.
Después viene el equipo, ¿Tiene equipo o tiene amigos?, puede tener ambos. Lo peligroso es confundirlos ¿Quién trae la estrategia? ¿Quién opera territorio? ¿Quién comunica? ¿Quién analiza? ¿Quién toma decisiones? y, sobre todo:
¿Hay alguien capaz de decirle “no”? Alguien que pueda decirle “eso es una mala idea” y conservar su lugar al día siguiente. Si no existe, usted no tiene un equipo estratégico, tiene una porra y cuidado con confundir actividad con construcción política.
Reels, fotografías, eventos, selfies y recorridos generan visibilidad, pero visibilidad no es posicionamiento. No es cuántas veces apareció esta semana, sino qué percepción dejó después de aparecer tantas veces. ¿Cómo la mides?
Lo mismo con el territorio, territorio no es recorrer veinte colonias para tomarse fotografías, es escuchar, construir relaciones, generar estructura, obtener información y mantener presencia.
El territorio no se visita, se construye. También tendrá que aprender dónde no estar, qué peleas no dar y qué provocaciones ignorar, porque llegará el día en que dejarán de aplaudirle.
Lo van a criticar, revisarán su pasado, cuestionarán sus decisiones, exagerarán errores, le inventarán algunas cosas y probablemente encontrarán otras que hubiera preferido mantener olvidadas.
¿Está preparado? Porque si cada crítica modifica su estrategia, ya valió. Su adversario habrá conseguido algo extraordinario: administrar su comportamiento sin siquiera formar parte de su equipo.
Y finalmente: disciplina para sostener la estrategia. Una campaña no puede tener una estrategia nueva cada vez que aparece una encuesta, un comentario en Facebook o un amigo con una “gran idea”. Adaptarse, sí. Improvisar todos los días, no. Así que antes de mandar hacer la primera lona, regrese a la pregunta inicial: ¿Quiere ser candidato? Perfecto. A darle.
2027 todavía no empieza electoralmente, pero políticamente ya está en construcción. No necesita adelantarse a hacer campaña.
Necesita llegar preparado a ella, la campaña puede empezar después, la construcción del candidato no.