La actividad legislativa es uno de los grandes privilegios que puede llegar a tener un ciudadano, sobre todo cuando se logra entender que las transformaciones políticas no se consolidan únicamente con programas o discursos; todos los cambios sociales profundos requieren de un marco normativo para convertirse en realidad y ser efectivos.
Desde el inicio de la Cuarta Transformación, pero sobre todo desde 2021, el Congreso ha sido uno de los espacios fundamentales para profundizar el proyecto que inició en 2018. La nueva visión y forma de gobierno han cambiado su enfoque, y ahora las iniciativas, los reglamentos, las leyes y las reformas se evalúan por el beneficio que llevan a la población y no solamente por el número de artículos modificados.
Durante el régimen encabezado por el PRI y el PAN, muchas leyes se originaron para privilegiar la concentración de la riqueza en unos cuantos, la precarización de los trabajadores y la reducción de las responsabilidades sociales del Estado con las personas más vulnerables. Ahora, más allá de los errores y puntos por mejorar, el gobierno tiene una visión distinta y la conciencia de que no puede ser un espectador más ante la desigualdad y la injusticia.
La nueva legislación busca recuperar la capacidad de regular, distribuir oportunidades y, ante todo, proteger los derechos de todas y todos los mexicanos. Legislar en favor del bienestar significa cambiar la relación entre el poder público, el mercado y la sociedad, cuidando que cada uno haga la parte correspondiente.
En materia de bienestar laboral, en 2021 reformamos la ley para regular la subcontratación como una forma de combatir los esquemas abusivos que algunos utilizaban para evadir responsabilidades laborales. También incorporamos la reforma de “Vacaciones Dignas”, que llevó de seis a doce días el periodo mínimo inicial. Asimismo, regulamos el trabajo en plataformas digitales, entendiendo que muchas mexicanas y mexicanos sufrían abusos por la falta de seguridad social. El trabajo no es solo una fuente de productividad, sino el fundamento para acceder a una vida digna.
Los programas sociales no deben depender de la voluntad de un gobierno temporal; por eso trabajamos en su incorporación a la Constitución para, con ello, garantizar su continuidad y evitar retrocesos. La reforma de vivienda amplió la posibilidad de construir y arrendar viviendas accesibles para los trabajadores. La narrativa que algunos han tratado de impulsar, diciendo que los programas sociales son dádivas, no ha permeado entre la población; todos saben que representan una redistribución de recursos que pertenecen al pueblo.
Desde el inicio de la Cuarta Transformación trabajamos para incorporar la igualdad sustantiva, la erradicación de la brecha salarial y el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. Durante mucho tiempo, a las comunidades indígenas y afromexicanas se les consideraba “sujetos de interés público”; es decir, se les veía como un sector vulnerable. Ahora, con la reforma que hicimos, se le reconoce el acceso a un presupuesto directo, la capacidad de defenderse ante los tribunales y el ejercicio de su propia gobernanza.
En el rubro de la soberanía energética, recuperamos el carácter estratégico de Pemex y la CFE como empresas públicas al servicio de la nación. Se incorporó el fortalecimiento del transporte ferroviario de pasajeros como uno de los ejes de desarrollo de áreas geográficas que históricamente fueron ignoradas. También legislamos para establecer la protección constitucional de los maíces nativos como parte de la soberanía alimentaria y la defensa de la biodiversidad.
Impedir que la reelección y el nepotismo conviertan los cargos públicos en patrimonio familiar y acercar el gobierno a la ciudadanía mediante la simplificación y la digitalización también es transformar. Pero ninguna transformación legislativa está terminada mientras las leyes no se conviertan en bienestar, justicia y resultados. No me malentiendan: estoy consciente de que persisten desafíos, pero también es cierto que hoy México tiene derechos más amplios y un Estado más responsable. La transformación avanza cuando el poder sirve al pueblo y la ley garantiza que nadie vuelva nunca más a quedarse atrás.